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Crónica

Cheng Yen: La maestra de todos

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Luis Beiro
Taipéi

El viajero que pretenda conocer Taiwán y no entre en contacto con la Fundación Tzu Chi es como no hubiera llegado nunca a ese laborioso país. Porque taiwán es también la historia de un personaje universal que ha hecho más por la humanidad que todos los políticos juntos: la maestra Cheng Yen.

Cincuenta y dos años atrás ella era una humilde mujer. Junto a seis amas de casa comenzó a recaudar diariamente cincuenta centavos entre todas las familias de su comunidad para ayudar a los más necesitados. Y en poco tiempo esta iniciativa se extendió por todo el país.

Ella es hoy conocida como “la madre Teresa de Asia”. Pero no cree en títulos honorarios. Es la maestra Dharma Cheng Yen, y el mundo entero se reverencia al escuchar su nombre. No hace milagros, pero proclama la sabiduría del Dharma. Y gracias a este conocimiento ha salvado muchas vidas.

Ella dedicado su vida a servir a los afectados por los desastres naturales, a aliviar el dolor y a enseñar que la filosofía del Dharma nos puede ayudar a ser mejores. Por eso ha escrito cientos de libros que circulan a lo largo y ancho del mundo con sus mensajes y enseñanzas.

Ante todo, la maestra Che ng Yen es una taiwanesa de pie a cabeza. Quienes han tenido la suerte de verla y escucharla a hablar pueden dar fe de su sabiduría innata. Su agilidad al andar, su mirada sincera y su fortaleza de voluntad para que siga siendo la gran esperanza de un mundo que sin ella no fuera lo mismo.

Tiene 81 años pero no lo parece. Todas las noches se acuesta a dormir a las nueve en punto y ya a las dos de la madrugada está en pie. Inicia el día con su ritual y plegarias a Buda. Su agenda diaria es intensa, y apenas dedica unos minutos para comer. Solo alguien de su fortaleza espiritual puede cumplir con una vida tan intensa. Vive en Hualien, una provincia ubicada a dos horas de Taipéi, donde radica su cuartel general. Y donde, a manera de tributo, se levanta una réplica de la humilde vivienda de madera con piso de tierra donde comenzó la iniciativa de Tzu Chi. Pero la maestra Cheng Yen se mueve constantemente de un lugar a otro. Para ella el contacto con los miembros de su Fundación y voluntarios es fundamental, diariamente se entrevista con cientos de trabajadores del reciclaje, médicos, enfermeras y maestros: todo aquel que la procura no será dado de espaldas. Siempre su sabiduría y bendición iluminarán a quien la visita.

Nunca ha viajado al extranjero ni se ha movido en tren o en avión por el país. Sus recorridos de Hualien a Taipéi y a otras provincias siempre los realiza por carretera en un pequeño minibús, acompañada por sus más cercanos colaboradores.

Ha creado una fundación desde su pequeña Taiwán y ha nucleado casi dos millones de voluntarios a lo largo y ancho del mundo, los cuales se movilizan cada vez que ocurre un desastre natural y parten a llevar un mensaje de esperanza a quienes lo han perdido sus esperanzas.

Mensajes
La Fundación Tzu Chi lleva 28 años en el trabajo de reciclaje por iniciativa personal de su fundadora. La maestra ha dicho: “Las manos que aplauden también deben trabajar para hacer productiva la basura”.

El canal de televisión Da-Ai-Tv de la Fundación no admite anuncios comerciales, sino que es sostenido íntegramente por Tzu Chi. A partir del 2019 no se usarán más sorbetes para ingerir jugos o refrescos.

Se insta a no comer con palitos chinos ni cubiertos desechables debido a la contaminación.

Se hizo realidad el lema de que cada persona cada dia debe tener una comida vegetariana (1-1-1).

Una persona de 50 años pone 25 de su vida en una cuenta bancaria y entonces su edad se reduce a 25, los suficientes para trabajar en beneficio de los demás.

En 1966 cuando Taiwán, estaba sumido en la más absoluta miseria, la maestra Cheng Yen y seis ayudantes comenzaron a recaudar casa por casa, en alcancías de bambú, 50 centavos para asistir a los más necesitados.

El primer hospital que construyó la Fundación Tzu Chi costaba $800 millones de pesos taiwaneses pero la Fundación solo tenía $20 millones, no obstante se hizo el hospital y cientos de médicos y enfermeras se sumaron voluntariamente a trabajar allí durante su tiempo libre.

En 2011 la revista Times incluyó a la maestra Cheng Yen entre las cien personas más influyentes del mundo.

La Fundación Tzu Chi era cosa de mujeres, sin embargo, desde hace treinta años se nuclearon brigadas de hombres para hacer el trabajo duro que las mujeres no podían.

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