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LIBRO

“Contigo he aprendido a conocer la noche”

  •  “Contigo he aprendido a conocer la noche”

    Contigo he aprendido a conocer la noche

Víctor Bidó
Conocer la noche por una mujer dice con respecto a nuestra fragilidad ante el objeto amado. Tuve la intuición de conocer el misterio que encierra la mujer. Por lo pronto, la mujer es inescrutable propia de su género que surte de complemento en ambos; sin embargo, ella hurga en el detalle y, por qué no, la pasión. El deseo se impone más allá de la razón. La aventura en el hombre se basta con la luz. El Ying y el Yang se contienen uno al otro en menor proporción. Pero la mujer fluye como el agua a pesar de los obstáculos. El hombre es llama que, en algún momento, desciende su poder porque tiende a pagarse.   
En estas contradicciones crece el deseo, combustible de lo que podamos ser o experimental. El deseo sobre y con los cuerpos.
Alberto Martínez Márquez. Poeta nacido Puerto Rico (Bayamón), nos trae al escenario de los cuerpos que trajinan en la penumbra. Pero alguien queda prendado que sin otro (ella) está perdido. Así mismo el poema crece en él con desgarradura, también la pasión a la que arrastra el sexo. Ante su ausencia, la frustración que siente por la ausencia del cuerpo. Texto de poemas breves, pero con la obsesión de lo imprescindible. El yo poético siente el entusiasmo del abandono y, a su vez, la tristeza (noche) ante lo irremediable: podemos prescindir. Generalmente, los amantes prescinden.
 
AMO
 
Amo ese
cuerpo uno
que somos
cuando
 el mundo
deja de
 existir”
(Pág. 49)
El mundo nunca ha dejado de existir, por el contrario, nosotros dejamos de existir para el mundo. Mundo peculiar el nuestro que, parece, no existimos ante el real. Este es un poemario apasionado, de sexo y de auge, también de tristeza cuando vivimos sin la carga eufórica.
El objeto amado se transforma en luna sobre la cual gira su cuerpo y la conciencia: paraíso, plenitud, armonía, aunque no es permanente. Probablemente, la danza no puede fluir eternamente. Cada plenitud atrae el reflujo inevitable de la noche.
 
 
Este poemario es una memorable aventura donde todos, alguna vez, fuimos ensoñados.
Terminaremos con este significativo poema:
 
AUSENCIA 4
 
Siempre que te pienso
en la noche
me lleno de una extraña congoja
y el silencio
me fustiga tanto
como lo hace
tu propia ausencia”
(Pág. 39)
 
 
 
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