Marita, de Villa Mella a trabajar con grandes marcas en Google Europa

Como todos los inicios, el de Marita no fue fácil, especialmente al ser mujer y latina.

Marita Julissa Fullinck

Marita Julissa Fullinck

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Yadimir CrespoSanto Domingo, RD

Hace aproximadamente quince años, Marita Julissa Fullinck viajó a Londres a estudiar Publicidad, y hoy se ha convertido en la única mujer dominicana, hasta donde se conoce, que forma parte de las oficinas centrales de Google para Europa, Medio Oriente y Asia.

Suena como “cliché”, afirma con confianza, pero siempre lo tuvo bastante claro: “supe que llegaría lejos”.

Desde su oficina de Google Irlanda, a través de una de las plataformas del gigante tecnológico e innovador, Marita conversó con periodistas de Listín Diario sobre sus experiencias antes de llegar a desempeñarse como especialista de estrategias publicitarias en línea para grandes marcas.

Calvin Klein, Phillips, Tommy Hilfiger, Vodafone, son algunas de las empresas de renombre internacional con las que ha trabajado como “especialista en publicidad display y video 360 en medios digitales”, puesto que esta oriunda de Villa Mella ocupa desde 2021.

Con pasaporte holandés, buen dominio de ese idioma y del inglés, cabello oscuro y rizado, muchos se sorprenden cuando se enteran que es dominicana.

Como todos los inicios, el de Marita no fue fácil, especialmente al ser mujer y latina. No obstante, el sacrificio, la constancia y la preparación han sido sus claves para alcanzar todo lo que se ha propuesto.

Todo parecía indicar su destino: Google

En septiembre de 2007, se mudó a Londres, capital de Inglaterra, para estudiar Publicidad y Mercadeo en la universidad de Greenwich. Su pasantía entonces fue sobre Google, específicamente cómo se hace marketing con los buscadores de Internet.

“En el segundo año de la carrera de Publicidad, hice una pasantía en una compañía digital y vi todas las oportunidades que habían, me gustó bastante porque es una industria muy divertida y tienes que ser sociable y como dominicana al fin dije: ‘no, aquí es que voy a ir'”, cuenta la ahora especialista en publicidad para medios digitales.

En uno de los aniversarios del buscador, en la agencia publicitaria en que trabajó a sus inicios recibieron bizcochos enviados por la empresa y desde aquel momento guardaba una foto de ellos que le recordaba su expresión de ese día: “No te apures que yo voy a trabajar ahí”.

Tenía su objetivo bastante claro, pero no se hizo nada fácil. Luego de 10 años en los que adquirió experiencia y demostrar que era la persona correcta para el puesto, en el primer trimestre de 2020, durante plena pandemia y mientras estaba en República Dominicana, fue contactada para ello.

“Estaba en casa, la hicimos virtual por cuestión de la pandemia y tenía los nervios de punta porque pensaba Dios mío se me va a ir la luz o se me va a apagar la computadora”, narra con una mirada de quien aún no cree cómo sucedió todo.

La oferta tocó a su puerta mientras trabajaba en una empresa afiliada a Google. Jellyfish, nombre de la entidad, le dio la oportunidad durante dos años y siete meses de ofrecer entrenamientos de marketing y transformación digital, así como también de publicidad programática, a empresas de toda Europa.

La entrevista fue todo un éxito, pero Google no podía contratarla inmediatamente debido a la incertidumbre de la entonces recién esparcida pandemia por Covid-19 a nivel global.

“Llegué, pero no llegué”, fue el pensamiento que le asaltó. Sin embargo, el nerviosismo acabó cuando tiempo después recibió un correo electrónico en el que expresaban su interés de que sea parte de sus equipos de trabajo.

Inició en Google Londres en febrero del año pasado y siete meses más tarde pasó a Irlanda, donde está la oficina central de Google Europa y regiones cercanas.

Referente femenino

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“Cuando vas a una reunión externa, la gente no espera que tú seas la experta”, expresa.

Y lo ha vivido cuando le ha tocado hacer consultorías en países no tan avanzados en materia de equidad de género dentro de la industria de la tecnología.

Muchas veces le ha tocado ser la única mujer en la mesa, la única persona de color y con pelo rizado o la única latina entre los presentes; pero en vez de intimidarla, esto la hace sentir orgullosa y sirve de ejemplo de que ocupar posiciones de liderazgo en grandes empresas internacionales es posible independientemente de las raíces de quien aplique.

“Me siento muy orgullosa de representarnos en las mesas donde normalmente no tenemos espacio”, dice e invita a quienes, como ella, tienen grandes sueños a que los persigan.

El interés por la industria digital surgió luego de que no pudiera asistir a una conferencia a la que había sido invitada. La curiosidad por los temas tratados y los auspiciadores del evento la llevaron a indagar más sobre las empresas involucradas, descubriendo todo un universo.

“Entonces ahí empecé a descubrir que esto era un negocio, una industria, y me pregunté: ¿Y cómo se trabaja ahí?´”, cuenta.

Su siguiente paso fue investigar, por cuenta propia, cómo eran los perfiles que buscaban esas empresas para ella empezar a prepararse de acuerdo a los requisitos de las vacantes que le llamaban la atención y le ilusionaba ocupar algún día.

“Cuando tengas una visión, sigue tus sueños, estudia mucho y no te lleves de lo que está haciendo el vecino, enfócate en tu preparación. Las oportunidades a veces se ven muy lejos, pero llegan con la consistencia y la preparación, escuchando los consejos de aquellos que ya han pasado por ciertas experiencias, aprendiendo”, señala como enseñanza de todo su proceso.

Y en ese tenor de la preparación, recientemente Google dispuso la donación de un millonario presupuesto para que la población latinoamericana tenga acceso al programa Grow with Google, a través del cual ofrecen entrenamiento gratuito.

“El conocimiento está disponible en línea y gratis, es decir, que si una persona se empeña en aprender, no te digo que va a aprender todo, pero sí se va a encaminar bastante”, acota.

La experiencia no se improvisa

Un refrán popular reza que la experiencia no se improvisa. Antes de llegar a Google, Marita se había desarrollado en diversas industrias entre ellas la bancaria. En Lloyds Banking Group, por ejemplo, fungió como directora programática de marketing y publicidad; pero también ha trabajado para firmas como Tiffany & Co. y marcas de productos alimenticios.

Camino retador

Ese camino que se podría considerar de éxito, ha sido uno muy retador. El primer sacrificio que menciona es la lejanía que tenía de su familia. A unos 7,010 kilómetros de distancia, emigró para realizar su licenciatura.

De una oficina en Santo Domingo, pasó a trabajar en una joyería que describe más parecido a una compraventa en Elephant Castle, un barrio de latinos en Londres, mientras estudiaba.

“Me tocó ser humilde y trabajar en puestos que no estaban relacionados al telemarketing o nada de lo que yo hacía en Santo Domingo (…) incluso, tenía una compañera que me preguntó que por qué yo hacía las cosas tan contenta y le dije: ´Porque esto es temporal, yo tengo la convicción de que yo no voy a estar aquí cuando termine mis estudios”, expresa antes de que entre risas recordara haber dicho: “Después de que yo tenga ese título, conmigo no puede nadie”.

Julissa, como le dicen de cariño, señala otros sacrificios como salir poco con amigos o no comprarse cosas que quería por llevar una vida austera: “Yo no soy hija de papi y mami, esto fue a base de mucho sacrificio personal y también mucho trabajo”.

En el segundo año, cuando tuvo un día libre a la semana, inició una pasantía sin remuneración como traductora, pero no una cualquiera, pues estaba dando sus primeros pasos en el mundo digital.

Efficient Frontier de Adobe Advertising Cloud fue donde estuvo como pasante gestionando la actividad de búsqueda, redes sociales y visualización para algunos de los anunciantes en línea más grandes de Europa, en los cuatro idiomas que maneja.

De República Dominicana para el mundo

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“Un poco global”, así se describe Marita quien nació en la llamada “ciudad del chicharrón”, Villa Mella (República Dominicana), pero pasó su infancia entre diversas islas del Caribe. Curazao y San Martin son algunas de las que menciona.

No obstante, los veranos los disfrutaba en La Hispaniola practicando el español y conociendo más de la cultura que la vio nacer.

“En la casa siempre se hablaba el español, se comía arroz, habichuela y carne; la dominicanidad era bastante tangible, nunca sentí que estaba fuera del país”, rememora la joven.

La adolescencia la vivió en Estados Unidos y allí cursó la secundaria. Desde los siete años dominaba tres idiomas, pues el segundo idioma en sus escuelas primarias era el holandés. Sin embargo, en Norteamérica fue que perfeccionó el inglés que hablaba de forma tímida por su acento.

Al terminar la secundaria, donde además estudió francés, regresó a su patria y llegó a ser gerente de un centro de llamadas o call center a la edad de 22 años.

Hoy en día, aunque disfruta su trabajo, dice extrañar la playa, el clima y el calor característico de la media isla donde nació, pero sobre todo le hace falta la gente.