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Religión/Senderos sábado, 09 de septiembre de 2017
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DOS MINUTOS

Fe genuina

Esta se da cuando el hombre entrega libre y completamente su ser a Dios, sometiendo su voluntad al Dios que se le revela.

  • Fe genuina
Luis García Dubus
Santo Domingo

Estaba un niñito tratando de levantar una piedra muy pesada, pero no podía moverla. Su padre, habiéndolo observado durante un tiempo, finalmente le preguntó: “¿Estás empleando toda tu fuerza?”.

“¡Sí!”, exclamó el niño desesperado.

“No”, dijo calmadamente el padre. “No estás empleando toda tu fuerza. Todavía no me has pedido ayuda a mí”.

El evangelio de este domingo (Mateo 18,15-20) tiene una promesa y una revelación impresionante.

La promesa es esta: “Si aquí en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir por algo, estén seguros de que cualquier cosa por la que pidan, mi Padre del cielo se la dará”. Mateo 18,19

Y la revelación es esta: “...Pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí, en medio de ellos, estoy yo”. Mateo 18,20

Cada domingo tratamos de descubrir cuál es la buena noticia que trae el evangelio de ese día.

Pues bien, el de hoy trae una noticia tan buena, que pocos se han atrevido a creerla.

Nos dice hoy el Señor que si tenemos algún problema con el que no podamos por más que nos esforcemos, no estaremos empleando todas nuestras fuerzas hasta que no le pidamos ayuda a Él

Y nos da la fórmula infalible para hacerlo: ponernos de acuerdo con una o más personas, y reunirnos para, juntos, pedirle lo mismo.

Pero lo más sorprendente es la razón que da el Señor por la que esa oración será escuchada: dice que Él estará allí en medio de nosotros.

Conozco a personas que han creído en esta promesa y en esta revelación. Tanto así que estuvieron reuniéndose semanalmente, con el Señor presente, por más de 40 años, hasta que la muerte los separó.

Comprobaron con absoluta certeza la presencia del Señor en sus reuniones.

La promesa y la revelación de hoy son también para usted y para mí. Podemos ponernos de acuerdo con alguien con fe genuina y pedirle juntos por nuestras necesidades. El Señor estará allí. Y no harán falta muchas palabras, porque: “En la oración, es mejor tener un corazón sin palabras, que palabras sin corazón” (Mahatma Gandhi).

La pregunta de hoy
¿Qué significa fe genuina?

Fe genuina significa cuando el hombre entrega libre y completamente su ser a Dios, sometiendo enteramente su inteligencia y su voluntad al Dios que se le revela.

Así que no se trata de un planteamiento teórico ni de una cuestión abstracta, sino de una relación personal con un ser vivo, que para la mente humana es un misterio.

Es por eso que la fe genuina es un don, un inconmensurable regalo y una virtud teologal, junto con la Esperanza y la capacidad de amar sin esperar nada a cambio.

De modo que la persona, cuando toma decisiones en su vida, no piensa: “¿Qué será lo mejor para mí?” “¿Qué es lo que más me conviene?”, sino: “¿Qué es lo que Jesucristo desea que yo haga en este momento?”.

Porque esa persona ha entregado libremente su inteligencia y voluntad a Jesucristo, ese Dios hecho hombre que nos ama hasta dar su vida por nosotros, para luego resucitar y estar con nosotros en todo momento.

Según San Juan Pablo II, esta es una actitud ante la vida que involucra nuestra entera existencia.

Se requiere la asistencia contínua del Espíritu Santo para tener esta fe genuina.

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