En salud, arte y sociedad

Ante el desarrollo, ¿el tiempo habitado es el de hoy?

Después del sueño se reingresa a la vida. La certeza: habitar el universo, tener presencia en él. Sin embargo, ¿realmente se está ahí?

Como moléculas estructuradas en órgano y cuerpos, tal vez sí. Igual que las plantas, insectos y animales. Como presencia en las multi dimensiones de lo infinito, ¿también?

La evidencia dice No. Existir implica habitar esas plenitudes.

Entre ellas, el tiempo, suyo: al de hoy, ¿se arriba como pasajeras fulguraciones?

—¿Cómo afirmar “aberración” tal? Tanto idealismo, ¿puede ser?

—Simple: los temas, preocupaciones, objetivos y sueños colectivos pernoctan a distancias astrales del tiempo universal actual y su realidad posible.

¡Posible realidad!

—Es el nombre de las opciones, aunque no su apellido, con perdón de Guillo Dorfles, señor.

—Ausentes del tiempo, se sueña con Nueva York.

—Los científicos, en cambio, acuden a Liverpool.

El calendarium gregoriano —ciertamente Liliano-Calvino— marcó el día 27.

¿El objeto de la reunión? Determinar el “momento magnético anómalo” del muon; fijarlo como factor de 2.

Los doctos están fascinados. Los excita que esa partícula sub atómica pueda abrir portales hacia una nueva Física. A los de estómagos e instintos no.

Desde el 2008, los científicos se propusieron precisar su valor. Lográndolo, adquieren otra duda: ¿otros tipos de materia y energía componen el universo?

Había que estar allí —muchos no estuvieron, asistían a bacanales, fanfarrias y bullanguerías— para conocer los límites que la teoría estándar impone a la comprensión de la gravedad y las oscuras materia y energía: respectivamente, unen y separan el universo. Ese sistema describe el funcionamiento fundamental del universo.

Claude Levy Strauss no imaginó posible metaforizar las relaciones de parentesco a que estos científicos recurren: el muon es primo del electrón: más pesado; 200 veces más masivo; posee un diminuto imán interno; inestable y efímero, sobrevive dos millonésimas de segundo antes de mutar a partículas más livianas. Por ese imán en su núcleo, en un campo magnetizado tambaleará como los trompos. ¿La responsable? Esa propiedad suya —el momento magnético—. Los físicos lo llaman “g” y “en teoría” debe igualar 2, cuya diferencia < o > 2 atribuyen a sus interacciones “con las partículas en la espuma cuántica que lo rodea”; que —¡parpadeando dentro y fuera de la existencia!— toman la mano del muon y como “compañero de baile” subatómico haciendo que cambie su forma de interactuar con el campo magnético. Las partículas conocidas ingresan al modelo estándar como “Parejas de baile” para predecir cómo “g” cambia la espuma cuántica.

Este experimento, denominado “Muón g-2”, lo realiza el Laboratorio Nacional del Acelerador Fermi del Departamento de Energía de los Estados Unidos y su resultado experimental establece el valor de g-2 en 0.00233184110 +/- 0.00000000043 (stat.) +/- 0.00000000019 (syst.).

En términos llanos: la medida confirmada de “g-2” corresponde a una precisión 0.20 partes de un millón, lo que reduce las incertidumbres sistémicas causadas por imperfecciones experimentales, supera la sensibilidad de Bookhaven y permite recopilar conjuntos de datos 21 veces más grandes que este.

Habitan este tiempo —no es este lugar— aquellos con posibilidades de aplicar lo conocido en beneficios de sus sociedades, industrias, desarrollo y bienestar.

¿Habitamos ahí?