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Danilo, hacia una salud fortalecida

Ignacio Nova
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El Presidente de la República designó nuevas autoridades en el Ministerio de Salud Pública y otras dependencias. Del tema Salud nos hemos ocupado en los últimos años, obteniendo algunas enseñanzas.

La Dra. Guzmán Marcelino sale del ministerio por renuncia. Dejó tras sí —además de otros logros— una estela de visiones de arraigo social, bajo cuya luz pueden arder las deficiencias que el sector ha arrastrado por décadas. Su gestión focalizó la necesidad del fortalecimiento institucional como garantía de una función orientada al bienestar de las mayorías.

Ella sale dejando al nuevo ministro verdaderas conquistas, como el significativo incremento económico del Programa de Medicamentos de Alto Costo, la acreditación y funcionalidad a toda prueba de la Dirección General de Epidemiología, la transparencia de la gestión, el gobierno electrónico de la salud y un reordenamiento funcional y jurídico que permite al ministro concentrar sus esfuerzos en la salud colectiva, la regulación y la planeación estratégica del desarrollo sectorial.

También, hereda a ese nivel jerárquico la libertad ante la anterior obligación de mantener en la vista el conflicto permanente con los gremios de la salud. Esto incrementa el tiempo de la gestión permitiéndole concentrarse en los planes propios en una nación donde galenos y enfermeras tienen razones, derechos y necesidad para velar por el avance del sistema, las condiciones en las que ejercen su labor y a un pago digno que les permita vivir en las condiciones que se reconocen a favor de estos profesionales.

Para viabilizar la realización de sus reclamos en los centros de salud de la red pública, los profesiones y trabajadores del área quedan con las puertas del Servicio Nacional de Salud (SNS) abiertas de par en par. Allí, un experimentado gerente está ante la oportunidad de hacer avanzar el tema de la gestión de calidad y la gerencia científica de la prestación de servicios de salud, sin obviar la fuerte resistencia a esta tendencia existente en sectores del gremio médico.

El doctor Rafael Sánchez Cárdenas, nuevo ministro de salud, queda entonces —y cómo él expresó—, ante un gran desafío. En especial el derivado de la necesaria superación de los niveles de esos índices en salud que se resisten tozudamente a caer, como resultado incomprensible de un modo de hacer en el que compiten por la igualdad de método y con igual tendencia y fuerza los centros de salud de las redes pública y privada, sugiriendo que muchos problemas de salud están más allá de las diferencias tecnológicas, infraestructurales, de suministro y otra naturaleza que se afirman existen entre las clínicas y los hospitales.

El tiempo político del nuevo ministro no es el que fue para la Dra. Guzmán Marcelino. El espacio para las opciones y tipología de respuestas que caracterizaron la gestión saliente se ha reducido o cambiado y seguirá haciéndolo con el paso de los días, trayendo nuevos retos y oportunidades.

El riesgo es que el acomodo a esta realidad pueda estimular la pérdida de institucionalidad porque —no quepan dudas—, los actores que por décadas han participado del sector bajo una conducta de fines exclusivos y propios se creerán en la oportunidad de incrementar su juego de ganancia cero para la mejora sectorial y el logro de los objetivos nacionales en salud, especialmente el de satisfacer del anhelo ciudadano: servicios y atención idóneos, funcionales, disponibles, asequibles y solidarios.

Coherente a la necesidad de continuar desarrollando el sector bajo la visión económica y social del Presidente Medina, los esfuerzos hacia el fortalecimiento sectorial en las áreas del saber, las tecnologías y las industrias deben fortalecerse con iniciativas creativas, generadoras de oportunidades, mayor participación y esperanzado crecimiento. Más cuando se sabe que las soluciones de calidad se caracterizan, frente a las “carabelitas” y a la negación de servicios, por sus diferencias en el ratio costo-efectividad, lo que en salud no renta si impide el logro de los resultados positivos esperados en curaciones y superación de falencias.

El nuevo ministro está ante una directiva gremial del CMD que se ha caracterizado por la veracidad y la prudencia, conducta deseada para que el gremio ejerza su rol estatutario-legal de asesor en salud del Ministerio o del gobierno, lo que al parecer ha estado ocurriendo. Las visiones del CMD respecto al estado de la salud nacional pueden constituir verdaderos diagnósticos y, más que eso, utilísimas alertas tempranas cuyo efecto sobre la gestión hospitalaria, la calidad de los servicios y el ejercicio del rol regulador ministerial podrían aportar a la gobernabilidad y fortalecer la gobernanza porque el saldo del ratio designación de nuevas autoridades - retos pendientes es bien previsible.

El período de la gestión de la Dra. Guzmán Marcelino ha dejado enseñanzas. Reveló el modus operandi de varios actores sectoriales, una experiencia sobre la que el nuevo ministro puede fortalecer los cimientos institucionales y guiar las acciones que considere idóneas para ampliar las soluciones a favor del bienestar colectivo y, especialmente, de los usuarios de las estructuras, servicios y tecnologías de los centros de la red pública de salud: los más necesitados.

Son algunas consideraciones sobre la renuncia de la Dra. Guzmán Marcelino y el desafío asumido por el nuevo ministro de Salud Rafael Sánchez Cárdenas: lograr mejoras en los servicios de salud que el gobierno ofrece a la población y seguir encauzando el sector bajo la visión social que impulsa el Presidente Medina y espera la ciudadanía.

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