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El principal partido opositor se enfrenta a graves riesgos

La principal fuerza política de oposición en República Dominicana ha decidido jugarse la vida o la muerte. A dos años de las complejas elecciones presidenciales, congresionales y municipales, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) convocó este domingo a más de medio millón de miembros para elegir la dirigencia a todos los niveles. Es una prueba de fuego que ninguna otra organización política del país había enfrentado en tan breve tiempo de ejercicio.

Los desafíos a vencer son múltiples para el PRM. Va a evidenciar sus fortalezas o debilidades. Los dos principales líderes, el expresidente Hipólito Mejía, y el excandidato presidencial Luis Abinader, han apostado a la unidad. Saben por experiencia, que sería la principal carta de triunfo para intentar desplazar al Partido de la Liberación Dominicana (PLD), una poderosa maquinaria electoral que en 2020 mostrará dos décadas en la administración del Estado.

El PRM acaba de cumplir tres años de fundación. Sus forjadores fueron succionados del envejeciente y disminuido Partido Revolucionario Dominicano (PRD), tras concluir un traumático proceso divisionario en 2014. Por eso llama la atención que un grupo de jóvenes que no formaron parte esencial de esas luchas fratricidas se inscribieran a los principales cargos, desafiando a los viejos robles de la experimentada estructura.

Cuando fue reconocido por la Junta Central Electoral (JCE) a principios de 2015 el PRM sentó un precedente. Ninguna organización ni líder político disidente había logrado surgir fuerte y vigoroso, para participar en unas elecciones nacionales un año después y ocupar una posición cimera con un 37 % de los votos, desplazando a su progenitor.

Pero esas mismas circunstancias que dieron origen al PRM y su papel estelar en las elecciones de 2016 hacen temer de su madurez, para embarcarse en una empresa de tal magnitud. Y cuando muchos se interrogan aun: ¿Heredó el gen de la división perredeísta?

Porque perciben la existencia de aspirantes obtusos que podrían anteponer sus intereses personales a los del partido. Contrariar los resultados convencionales, sin advertir consecuencias y que su actitud propiciaría un alud de lava y piedras que sepultaría al partido, para arrebatarle el favor ciudadano que se ha dispuesto labrar como una alternativa posible.

Tony Raful es presidente de la comisión organizadora de la Convención Nacional Ordinaria, y además presidente del Parlamento Centroamericano (Parlacen). Ha insistido en las garantías de organización y control de la logística en los 1,900 centros de votación, para lo cual mereció el respaldo de la JCE.

Sin embargo, los retos saltan a la vista. El PRM ha estructurado un padrón cerrado, cuando en el país hay un amplio debate en torno a la constitucionalidad o no de las primarias abiertas, para elegir los candidatos de los partidos.

Los intereses son tan comprometedores, principalmente en el PLD, que han impedido aprobar en el Congreso un nuevo régimen electoral y la reglamentación de los partidos.

También en la convención perremeísta se inscribieron alrededor de 40,000 aspirantes, incluyendo cuatro a la codiciada presidencia del partido: el joven senador José Ignacio Paliza, Geanilda Vásquez, Jesús Feris Iglesias, y el actual presidente Andrés Bautista, que acaba de retirarse de la contienda, y sobre quien pesa una acusación en curso sobre el caso Odebrecht durante su gestión en el Senado.

Igual ocurre con la secretaría general, donde compiten Carolina Mejía, hija del expresidente Hipólito Mejía; Jesús Vásquez, actual incumbente; Leonardo Faña, Aneudy de León y Andrés Lugo. Tanto en el caso de los jóvenes Paliza como de Carolina, medió un acuerdo entre Hipólito y Abinader, dando como un hecho su triunfo, según las encuestas.

Pero la maraña se torna más complicada para la votación y escrutinio de los votos, cuando se sabe que hay 117 aspirantes a las 25 vicepresidencias y 126 subsecretarios generales, así como miles de dirigentes inscritos para los 1,400 organismos distritales, provinciales, municipales y de seccionales del exterior.

Por esa realidad actual, se considera que el PRM se está jugando desde ya su futuro político a corto, mediano y largo plazo. Si como asegura Raful, todo marcha viento en popa, al final ganarían una importante batalla. Por lo demás, no cabe dudas de que su dirigencia estaría con mejor estrategia, cuando lleguen los días tormentosos y como Julio César tenga lanzarse a cruzar el Rubicón, acudiendo a su célebre fase: “La suerte está echada”.

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