EN PLURAL

Bobbio y Bosch, lecturas pertinentes

Yvelisse Prats-Ramírez de Pérez

Por amor, como dice la inolvidable canción de Rafael Solano, elegí como profesión el magisterio. Llevo 66 años ejerciéndola, y aún sigo enamorada.

Esa pasión llamea con más fuerza cuando entro al aula: mientras introduzco el tema del encuentro, siento la corriente empática entre los estudiantes y yo, que nos une en ese proceso estupendo que es la verdadera educación: enseñar y aprender, a la vez.

El pasado sábado, 3 de noviembre, tuve una de esas experiencias cognitivas-afectivas, propias de mi ejercicio de maestra.

Era el último día en el calendario de clases del Diplomado Gerencia Política y Gestión de Gobierno del Instituto José Francisco Peña Gómez, en el que laboro como Directora Académica, y los estudiantes presentaban en un conversatorio sus comentarios sobre dos obras cuya lectura les había indicado: “Izquierda y Derecha”, de Nolberto Bobbio, texto que considero zapata básica en el estudio de las ideologías, y  “Composición Social Dominicana” de Juan Bosch, ensayo crítico que todos los dominicanos debemos conocer, para conocernos mejor.

Consciente de la  “anomia lectora” que afecta a gran parte de los jóvenes en la actualidad, sobre todo cuando de textos profundos se trata, confieso que no esperaba el ambiente regocijado y entusiasta que reinaba en el salón, cuando entré para dar inicio al conversatorio. Predominaba en los estudiantes un ánimo festivo, mezclado con cierta ansiedad, como artistas que aguardan su debut.

Después de mi introducción, que subrayó el papel protagónico de cada uno de ellos, yo sería solo una interlocutora atenta, mi asistente, Ricar Rodríguez, exalumno del Instituto, empezó a dar turnos, no en forma mecánica, sino atendiendo al aleteo de manos levantadas, induciendo como buen conductor de actividades que dinamizan el encuentro. Desde el primer juicio que escuché, dicho con voz firme, y con argumentos sólidos, quedé impactada. Pocas veces mi gozo de ser maestra alcanzó los niveles de ese sábado.

Comprobé que quienes concluyen su Diplomado, sí saben comprender lo que leen, son la excepción de esas dolorosas estadísticas internacionales que nos colocan como los peores lectores de América Latina.

Los estudiantes prefieren extender sus comentarios sobre el libro de Bosch, alguien planteó la razón, certeramente: “Es como un espejo, refleja nuestros males, sus causas, nos hizo comprender nuestra historia, y nos ofrece herramientas para domar la indolencia y asumir la necesidad y la posibilidad de que las cosas malas que de tan lejos vienen, cambian, para recuperar lo que los indígenas tuvieron: La igualdad.”

Las opiniones se fueron volviendo cada vez más críticas, se acercaron, llevadas por la escritura magistral de don Juan, al análisis comparativo del relato con la realidad actual dominicana.

Comprobé que la educación mueve la razón como decía el maestro Hostos. Este Diplomado tiene estudiantes de diversos pelajes partidarios, otros son indiferentes; algunos son ciudadanos que quieren ser actores comprometidos; muchos son profesionales, incluso hay alumnos con maestrías.

Sin embargo, la reacción a la lectura que comentan los nivela, los aproxima en una comprensión y una visión humana y ciudadana compartida.

Su encuentro con el relato histórico, verídico y agudo de nuestras tragedias ancestrales, los sacudió, propició en ellos, en todos, nuevas y positivas actitudes, y la conciencia de un nosotros sustituyendo el  “yo” egoísta.

Nolberto Bobbio, en “Izquierda y Derecha”, le dio a la reflexión local, nacional, su sentido universal, filosófico, ideológico.

Coherenció las inquietudes que como dominicanos sentimos por nuestra historia, con la macrovisión que ofrece el sabio italiano, sobre todo, con la impecable veracidad, expurgada de favoritismos o prejuicios con que define la Izquierda y la Derecha.

Cada uno de los “conversadores”, participantes el sábado, advirtió y destacó esa relación didáctica entre los dos libros leídos, que dijeron muchos, son “una pieza clave que culminó la construcción de sus nuevas perspectivas.”

La selección de estas obras recomendadas fue un acierto: fueron, porque lo son, pertinentes.

El acierto mayor, fue el de ellos, los estudiantes quienes supieron leerlas, interpretarlas, y sobre todo, contextualizarlas en el aquí y ahora dominicano.

Estas cosas buenas me pasan, porque todavía entro en el aula. Por eso, sigo prendada del magisterio y creo en el futuro que se asomó en el conversatorio del sábado.