EL BULEVAR DE LA VIDA

El peor de los pecados

Pablo McKinney

“MEMORIAS PARA EL OLVIDO”. - Tal que, el pasado martes decíamos aquí que, así como el personaje del poema de Borges cometió el peor de los pecados al no ser feliz, así, nuestra partidocracia ha cometido la más abyecta de las faltas: permitir y promover la democratización de la corrupción, inoculada ya en la cotidianidad nacional, mediante la evasión, la elusión o el robo, (perdón por la redundancia). Nuestra partidocracia ha ido perfeccionando sus malas prácticas de gobierno a gobierno hasta tocar el fondo de la arrabalización institucional que siempre digo, entonces, “¿de dónde ha salido esta canción?”. Hagan memoria. Comencemos recordando que, en 1986, superados ya los doce años e iniciada la ola de democratización política que en el continente americano inauguró el gobierno del PRD gracias a la visión estratégica del Dr. Peña Gómez, no quedaba ya en el país a quien encarcelar, deportar o matar. Esto permitió a Balaguer presentar sus mejores credenciales en lo que tiene que ver con el respeto a los derechos humanos y especialmente a los izquierdos. Pero, reconozcamos que, si bien el Doctor continuó utilizando la corrupción administrativa con fines político/politiqueros, mantuvo también ciertos controles, aplicando algunos frenos, disimulos, buenas formas.  A su inesperado regreso al poder, -fruto de la crisis de 1984 y de un PRD, que cual PLD actual, se dividió en dos mitades-, el Doctor remozó con sangre nueva su sistema de corrupción, pero, personalmente se mantuvo inmaculado y frugal en su “parteatrá” de la Caonabo. 

DESDE ENTONCES, EL FUTURO ES AYER. - Así estaban las cosas, cuando un inolvidable día de noviembre cayó el Muro de Berlín. Finalizó la Guerra Fría y antes de que acabará el 1991 terminó el siglo XX. Desde entonces, el futuro es ayer, y llegó este nuevo tiempo, sin Dios ni Marx sin sueños ni ideología, y nos encontró a los dominicanos sin clase gobernante con sentido de patria que funcionara como contra poder, muro de contención o establishment, con cierto criterio de dignidad nacional y sentido del decoro patriótico, (con boschismo del mejor, quiero decir y estoy diciendo). Y pasaron los años, se impuso implacable y vencedora la Realpolitik, y así, sin frenos éticos ya, sueltos todos los demonios de la ambición humana con el argumento demoledor de que “hay que ganar elecciones” y en ellas hacer sólo lo que conviene, así, las nuevas generaciones de políticos, (todos los que fueron o son protagonistas de esta nuestra “historia presente”) cometieron, no el mayor de los pecados del verso de Borges ya citado, sino la más abyecta de las faltas: democratizar la corrupción, inoculando de ella a todo el ser nacional. No hay corrupto sin corruptor y es el voto -secreto- de la gente el que convierte a un ciudadano posible ladrón, en un honorable delincuente democráticamente electo. 

RASPUTÍN ACECHA. 
Hoy, la corrupción es todo un moderno sistema que rige la mayoría de las transacciones comerciales y empresariales que se realizan en el país, desde vender mangos por docenas de 10 con los podridos en el fondo de la lata, hasta no declarar lo ganado en bufetes y consultorios, o ese corporativismo corruptor de puta madre del que tendremos que hablar un día. Oiga Ud., joder, que aquí hay revistas sociales cuyas páginas parecen un informe de la Interpol, pero en papel satinado 20. ¡Qué buenas fotos! ¿Qué pasara ahora en un país sin fe, inoculado de corrupción e impunidad, en donde ya el mayor partido político es el partido de los sin partido, y el líder más importante de cada organización es Ninguno? Buen tema para otro bulevar. Mientras tanto, tomemos en cuenta a don Joaquín: “Ha vuelto Rasputín, se acabó la guerra fría. Y ahora, uno no sabe si reír o si llorar. Por lo menos que le pongan hash a la pipa de la paz”.