El juez que merece la rep├║blica

Edgar Hernández Mejía

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A propósito de “El Juez que merece la República”, estimamos que es de interés colectivo preguntarse: ¿Qué sucedería o podría suceder si el juez no se comporta habitualmente con sobriedad ni con actitud formal? Pues, sencillamente ocurriría que la gente no sentiría respeto por él, ni éste sería confiable ni de amplia aceptación en la sociedad, ya que sería visto por todos como un individuo con conducta de payaso o comportamiento propio de un baboso. 

¿Qué sucedería o podría suceder si el juez no es justo e imparcial? Cuando se presenta esta nociva situación, surge en la comunidad un descreimiento y  actitud de rebeldía colectiva en contra de las autoridades, ya que las decisiones arbitrarias, antojadizas, “traídas por los cabellos” y carentes de justicia, lejos de poner fin a los litigios (otorgando a cada quien lo que en Derecho le corresponde) crean fricciones muy agrias y hasta actos de violencia entre las personas; así como actitud de venganza, bajo el manto de procurar justicia por sus propias manos.

¿Qué sucedería o podría suceder si el juez no es estudioso y trabajador? Dentro de los daños mayores que un magistrado podría ocasionar a las partes, se encuentra el decidir los litigios sin una adecuada fundamentación, con carencia de sustentación legal, en razón de que la ley mal aplicada jamás pone fin a un conflicto. Por otro lado, la mora judicial siempre es perjudicial para el público en general; más aún cuando es exagerado el tiempo de atraso. 

Sobre este punto, el artículo 74 del Código Iberoamericano de Ética Judicial expresa: “El juez debe procurar que los procesos a su cargo se resuelvan en un plazo razonable”. 

Ahora bien, justo es reconocer que se presentan situaciones en los procesos judiciales en que está a cargo de los abogados de las partes depositar documentos o realizar actos que completen los expedientes, a fines de que los mismos estén en condiciones de darles curso o recibir fallo. 

¿Qué sucedería o podría suceder si el juez no es respetuoso y humilde? En estos casos, el magistrado generalmente recibe el rechazo y la ausencia de estima de la comunidad, en razón de que la respetabilidad y la actitud de consideración a las autoridades, en sentido general, nace del sentimiento de reconocimiento que surge cuando el funcionario habitualmente observa una conducta modesta y gentil, y no se comporta con prepotencia ni arrogancia en los lugares a donde llega. Aquella vieja expresión: “Respeta para que te respeten”, también aplica a los jueces.

No puede pretender recibir  un sincero trato respetuoso, el juez que denomine a los abogados “leguleyos” o “abogaduchos”. No puede esperar respeto, el juez que no llame “recluso”, “interno”, “reo” o “preso”,  sino “ladrón”  al imputado de robo; o llame “asesino” a quien esté siendo procesado por  homicidio agravado.

¿Qué sucedería o podría suceder si el juez no es responsable y valiente? En el caso de un juez notoriamente irresponsable, la ciudadanía observa que repetidas veces este tipo de magistrado “se enferma”; “toma unos días de sus vacaciones” o se “inhibe” del conocimiento de aquellos procesos que él entiende son comprometedores. Dando paso así a los “famosos jueces interinos”, quienes generalmente no se sienten identificados con esas funciones transitorias, ni se esmeran en desempeñar una suplencia ejemplar. Todo lo cual trae una muy negativa secuela que generalmente todos los sectores del pueblo lamentan.

¿Qué sucedería o podría suceder si el juez no es verdaderamente honrado? Hemos estimado como la expresión que mejor ilustra la situación del juez deshonesto, el siguiente razonamiento hecho por un viejo agricultor, en nuestra presencia, en El Llano, de Elías Piña, en el año 1984: “El que reciba a un hijo mío enfermo, diciendo que sabe de medicina  y que lo va a curar, y después yo me entero que no es verdad y mi muchacho muere, yo lo trato como un asesino”.

Del mismo modo, el juez que es apoderado de un proceso judicial, bajo la lógica presunción de que es imparcial, justo y honrado, y por no serlo, dicta una decisión maleada, amañada, contraria a la ley y permeada por el soborno, debe ser tratado como un corrupto.

¿Qué sucedería o podría suceder si el juez no es sereno? Cuando personas impulsivas, irreflexivas e inmaduras llegan a ser jueces, tarde o temprano se comportan en el ejercicio de sus funciones jurisdiccionales con ausencia de serenidad y sosiego, lo cual genera incidentes muy deplorables y desagradables para las partes y la sociedad en su conjunto. Es lo que se conoce popularmente como “galloloquismo”, que no es más que la reacción  ruidosa y frívola de un pobre diablo con poder de decisión.