PENSANDO

Combustibles y preocupaciĆ³n

Ricky Noboa

El dragón de la economía china dejó atrás la ideología comunista y decidió entrar de lleno en la economía capitalista, sin dejar el sistema político de partido único “PCCH”, llamado en el presente de manera jocosa por los ejecutivos chinos como el Partido Capitalista de China, por su gran reforma económica desde 1976. A la muerte del amado líder Mao Tse Tung, los nuevos líderes asimilaron que la única forma de evitar el colapso del país era iniciando el doloroso camino hacia la economía de mercado. Con la teoría de las tres representaciones, el Partido Comunista Chino abrió sus puertas, además del proletariado a empresarios capitalistas y profesionales liberales. Para tener una idea, 1,300 millones de personas entraron al sistema capitalista mundial, duplicando su producto interno bruto (PIB) cada siete años. Hoy, China es el segundo consumidor de petróleo del mundo; el número de automóviles se multiplicó por diez en los siguientes 15 años, lo que aumentó sin precedentes la importación de petróleo. Por su gran momento de industrialización, todo indica que va camino a ser ya el primer importador de crudo, lo que inquieta a los países occidentales porque no habrá petróleo suficiente en el futuro para las necesidades del coloso asiático; de ahí la lucha estratégica de controlar el oro negro de las potencias occidentales, con EU a la cabeza, en el control de reservas energéticas, y asegurar la supremacía mundial en el Siglo XXI frente al crecimiento chino. Inversiones de centrales eléctricas por carbón aumentan en la China, lo que disparó el consumo de carbón en más de 1,400 millones de toneladas cada año. También son los primeros en importación de acero, níquel y aluminio y ha superado a EU en el consumo de granos, carne, fertilizantes y aluminio.

El transporte de materia prima se hace difícil hacia el coloso asiático, lo que indica que se juega en este “play” a la supremacía mundial. Entonces, pensemos que no debemos jugar con candela con los combustibles porque podríamos quemarnos si seguimos aumentando su precio y con él la canasta familiar que depende de los mismos, ya que con solo un fósforo perderíamos lo más por lo menos. Produzcamos en otros renglones de la economía los recursos para subsistir como nación, de cara a esta dependencia. ¡Vendamos arroz frito!