historias de la vida

Ana Andrea Villa Camacho: la magistrada que lucha contra la violencia de género, hoy cuenta su historia

Ana Villa, abogada y comunicadora no ha sido víctima de este tipo de abusos, pero estar tan cerca de estos casos, la hacen sufrirlos en carne propia

Estudió Derecho en la Universidad Católica de Santo Domingo. Tiene maestría en Ciencias Penales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Ana Andrea Villa Camacho, estudió Derecho en la Universidad Católica de Santo Domingo. Tiene maestría en Ciencias Penales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Siempre bien puesta. Dueña de una sonrisa que no hay quién diga que su vida transcurre entre casos de violencia de género y una lucha constante, no sólo para reducir el fenómeno, sino para erradicarlo. Ella es la magistrada Ana Andrea Villa Camacho, la mujer que llegó a la Redacción de LISTÍN DIARIO, un minuto antes de su cita dando muestra de que la puntualidad también es una de sus virtudes.

Vestida de punta en blanco, con un conjunto de chaqueta rosa viejo y una blusa verde olivo que sin lugar a duda, dejó claro la formalidad del trabajo que realiza en el Ministerio Público. Es la directora contra la Violencia de Género de la Procuraduría General de la República, una responsabilidad de mucho bagaje en un país donde con frecuencia suceden estos casos.

Fuera de todo esto, ella tiene una vida plena. La disfruta al lado de su único hijo, Julio Valentín, conocido en los medios con ‘Té de Jagua’. Es comediante. Pero ¿ cómo es Ana Andrea, la madre? “Me desvivo por él, es uno de mis maestros por excelencia porque son muchas las cosas que me ha enseñado y me enseña cada día”. Lo dice con un revelador orgullo que sus ojos no pueden ocultar.

Claro, también como madre ha atravesado por momentos difíciles, por situaciones que la han puesto contra la pared. “No puedo negar que la vida me ha ‘remeneado’, que he cruzado charcos y he peleado muchas batallas. Eso sí, me reinvento, salgo a flote más fuerte y decidida a seguir el camino”. La mantiene de pie el hecho de que el Señor le ha dado un hijo bueno, respetuoso y de mucha valía.

Tal vez por todo lo que le ha tocado vivir, y que no detalla, es que se declara amante de los puentes, los caminos, las ventanas y los faros. “Cada uno de ellos me conduce a la libertad que tanto amo y respeto. Me lleva a salir airosa de cualquier situación por la que atraviese. Por eso amo la vida y la plenitud”. No hay duda de que detrás de esa mujer fuerte que, con uñas y dientes lucha contra violencia de género, hay una persona sensible que apuesta a que en todas las familias reine la paz, el amor, la comprensión y el respeto.

Una niñez feliz

Ana Andrea, quien nació en Villa Consuelo y a los dos meses fue llevada por su familia a residir en La Romana, tuvo una niñez feliz. “Vengo de un matriarcado. Me crié con tres mujeres que se convirtieron en mi razón de ser hasta hoy, pese a que algunas han partido, siguen intactas en mi corazón. Te puedo decir que pocas personas han tenido tres madres como yo”. Iris, Ana y Ramona son los nombres que hay detrás de todo lo que ha logrado esta profesional en su vida personal y profesional.

Le brillan sus ojos cuando dice que se creció rodeada de amor. “Mis abuelos Ana y Andrés, de ahí mi nombre, se empeñaron en que yo fuera una niña feliz, extrovertida, repentista. Una niña a la que le gustaba contar historias y presentar las veladas del colegio. Claro, no era una vida perfecta, pero disfruté mi niñez”. Por la mente de esa pequeña, quizás nunca pasó la idea de que de adulta se dedicaría a luchar contra todo para ver a mujeres y familias felices.

La adolescencia no fue distinta. En esa etapa, con mucha satisfacción ayudaba a su madre en su trabajo. Ya más consciente de lo que significaba la fe en Dios, se acerca a la iglesia. Es entonces cuando se convierte en coordinadora de la Pastoral Juvenil, junto al padre Luis Rosario. Esa misión la seguía conduciendo a realizar otras tareas religiosas que la ayudarán a acercar a otros a la iglesia. “Ahora más que nunca he entendido el regalo que nos da el Señor desde que abrimos los ojos al despertar”. Esta confianza en el Todopoderoso es lo que le da la fuerza para no desmayar en lo que hace.

“Los no de la vida nunca me han impedido lograr lo propuesto”

Muchas personas conocen a la magistrada Ana Andrea Villa Camacho. Su defensa en favor de los derechos de la mujer y de que reine la armonía en la familia la ha puesto donde el capitán la vea. Todo esto pese a que a ella no le interesa el protagonismo. Le importa que no hayan víctimas y victimarios, que no hayan niñas y niños huérfanos por la violencia, que no haya una sociedad atemorizada, pero sobre todo, que exista un presupuesto adecuado para continuar trabajando, no para reducir este fenómeno, sino para acabar con este tipo de agresiones.

Esta mujer, abogada y comunicadora está confiada en que se continuará haciendo el trabajo y en que se lograrán grandes cosas para dar mejores respuestas a la violencia de género. “Lo cierto es que más que todo, falta educación en la sociedad. Falta una ley integral a la que se le llame por su nombre, falta la figura del feminicidio en el marco legal, y falta un buen presupuesto para enfrentar la violencia”. Cita estas carencias con desánimo, pero no con pesimismo. Ella sabe que cada día se da un paso más de avance.

No niega que falta mucho por hacer respecto al tema que le compete, pero tampoco deja de admitir que es mucho lo que se ha alcanzado de un tiempo para acá. Esos logros se los atribuye a un gran número de mujeres que han trabajo contra la violencia de género desde hace muchos años atrás. No menciona nombre por temor a dejar fuera a algunas de las tantas que han contribuido a que hoy en el país se hayan dado pasos firmes al respecto.

Precisamente el hecho de que se creara una Dirección Contra la Violencia habla muy bien del trabajo y los esfuerzos realizados, y de los que se siguen haciendo a partir de 2017 que fue cuando se creó la referida entidad.

“Los no de la vida nunca me han impedido lograr lo propuesto”

“No fue de la noche a la mañana. Primero tuve que pasar por varios puestos. Fue 2005, por una gestión de mi madre Iris que consigo una cita con José Manuel Hernández Peguero que, para ese entonces, era fiscal del Distrito Nacional. Él tenía dudas sobre mi capacidad para hacer el trabajo que en ese momento debía desempeñar, que era como fiscalizadora del área de tránsito de la Fiscalía. Le dije: ‘Pruébeme por tres meses’. Así lo hizo. A los dos meses pasé a ser subdirectora del departamento”. Esto la satisface porque: “Los no de la vida nunca me han impedido lograr lo propuesto”.

Los ascensos ya eran parte de su diario vivir. En cada puesto asignado demostraba su deseo y disposición para hacer las cosas bien, y ese ha sido siempre su “pasaporte” para viajar por diversas instituciones, siempre en pro de lograr que reine la armonía en la familia y de defender los derechos de la mujer.

“Bueno, lo cierto es que llego a ser fiscal adjunta en la Fiscalía de la Rómulo, como todo el mundo la conoce. De ahí paso a ser investigadora en Villas Agrícolas, en Los Guandules, en María Auxiliadora y otros lugares. Luego trabajo con la Niñez, Adolescencia y Familia. Después vuelvo para La Rómulo, esta vez enviada por la magistrada Yeni Berenice Reynoso, procuradora adjunta, directora de Persecución del Ministerio Público, quien confió en mí y puso sobre mis hombros la coordinación de esa fiscalía. Ella es una maestra para mía”. Esto no se queda ahí.

Poco tiempo pasó Ana Andrea como coordinadora. La misma Yeni Berenice la nombró como directora de la Fiscalía de la Rómulo. “Me dio mucho miedo, pero como siempre, lo enfrenté y decidí trabajar para lograr altos niveles de excelencia. Logramos convertirnos en la unidad modelo”. Esto le abrió nuevas puertas.

Cuando se funda la Dirección Contra la Violencia de Género, en diciembre de 2017, su nombre fue el escogido para estar al frente. No se equivocaron. Ahí, como en los demás puestos de trabajo, ha demostrado que su formación y su deseo de defender los derechos de la mujer e ir tras la armonía de la familia, siempre serán su fuerte hasta lograr que sea historia hablar en el país sobre violencia de género.

Formación

Estudió Derecho en la Universidad Católica de Santo Domingo. Tiene maestría en Ciencias Penales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Acaba de hacer una maestría en Victimología y Criminología Aplicada con la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) en España. Estudió Periodismo en el Instituto Dominicano de Periodismo (IDP). Es fiscal de Carrera, egresada de la Escuela Nacional del Ministerio Público, Instituto de Educación Superior. Y tiene muchos otros estudios. Además conduce el programa de radio ‘Trátame bien’, porque es así como quiere que a la mujer se le trate.

¿Qué hace llorar a Ana Andrea?

“Mi hijo, pensar en mi madre… Me conmueve la injusticia hacia las mujeres y los niños y las niñas. Me duele ver cómo las diferentes formas de violencia le roban la vida, la libertad y las decisiones a las mujeres, y por qué no, a los hombres, porque ellos también sufren las consecuencias de sus actos”. Es evidente que estas cosas la afectan. Su rostro no mintió cuando enumeró los hechos que la hacen llorar.

Pero algo que la hace sufrir más que todo “es cuando un niño o una niña se convierte en víctima de abuso, mucho más si la agresión es sexual. Eso provoca daños irreversibles, y me duele en el alma”. Las lágrimas estaban listas para ser testigo de lo que dice, pero rápidamente comenta sobre lo que hace para seguir aportando contra estos casos. “Me he ido formando en áreas que me permitan seguir luchando contra todo esto que no solo a mí le duele, sino a muchos en la sociedad”. No es mentira.

No dejó pasar por alto una frase de Pilar Pardo que a ella le encanta: “La violencia no une, separa”. Abunda en el tema: “No podemos asumir como normal, canciones que denigran y maltratan a la mujer. Es una forma encubierta de violencia, y se da más de lo que pensamos. Algo que me llama mucho la atención es ver cómo en las redes reclaman justicia ante casos de violencia y cómo hay quienes tienen un dedo acusador, pero pocos son capaces de hacer algo, evitarlo y aportar al cambio de la sociedad”. 

Lo dice esta mujer que se define imperfecta, pero dispuesta a seguir más allá de estos 18 años de trabajo, a continuar la lucha con la violencia de género.