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La Vida viernes, 10 de agosto de 2018
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COSAS DE DIOS

Mentira

  • Mentira
Alicia Estévez
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Matar a sus hijos con apoyo legal y gratis es un sueño que no podrán realizar millones de mujeres en Argentina. Eso es lo que expresaba un titular publicado ayer, por el periódico español El Mundo, luego de que el senado argentino rechazara la ley que pretendía otorgar a la madre la propiedad sobre la vida de su hijo  hasta los tres meses y medio de embarazo.

El titular de El Mundo dice: “El Senado argentino entierra el sueño del aborto libre y gratuito”.  Al leerlo, me puse a pensar si he conocido alguna mujer que sueñe con matar a sus hijos, la verdad es que no, las que conozco, sueñan con tenerlos. Algunas, incluso, han luchado como guerreras para concebir y preservar sus vidas.

Las mujeres no caminamos hacia una clínica, donde nos sacaremos un hijo, felices e ilusionadas. Abortamos, la gran mayoría de las veces, empujadas por terceras personas o por las circunstancias que nos rodean: Un hombre irresponsable, que nos da la espalda; una situación de pobreza y marginalidad que nos acorrala; una familia que nos rechaza; una sociedad que nos desamparaÖ o todas juntas.

El aborto no es un sueño, es una pesadilla. Escuchaba, precisamente, la noche del miércoles, a un grupo de médicos explicar cómo las mujeres que matan a sus hijos, luego, sufren serios problemas emocionales debido a la culpa que llevan sobre sus hombros el resto de sus vidas. Ellas les han contado, en los consultorios, cómo cada año recuerdan la fecha del aborto, y llevan la cuenta de la edad que tendrían sus hijos y qué estarían haciendo de haber vivido: ahora habría terminado la escuela, o entrado a la universidad o se habría casado, piensan estas pacientes.

También, padecen pesadillas nocturnas, depresión, irritabilidad y ansiedad. Enfrentan dificultades en la relación con los hijos que tienen antes o después del aborto. Se van a los extremos, o los rechazan porque los dejaron vivir a ellos y al otro no, o los sobreprotegen y asfixian para tratar de compensar el daño que hicieron al ser humano que mataron. A esa  persona única que llevaban en el vientre con un código genético que ningún otro individuo repetirá en el mundo. Y en cuyos genes venía grabada la sonrisa o las manías de esa madre, que según El Mundo, y muchos otros periódicos internacionales, sueña con matarlo.

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