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La Vida lunes, 17 de julio de 2017
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VIDA SANA

Comer por ansiedad

Los ataques de ansiedad afectan nuestra salud y las metas alimenticias que nos hemos propuesto para mejorar nuestro estilo de vida

  • Comer por ansiedad
  • Comer por ansiedad
Juan Carlos Simó
Especial para LD
Santo Domingo

En algún momento todos hemos sucumbido a incontrolables deseos de comer que no se originan de la necesidad de alimentarnos, sino más bien de la sensación de ansiedad que sentimos.

Estos ataques de ansiedad afectan nuestra salud y muchas veces las metas alimenticias que nos hemos propuesto para mejorar nuestro estilo de vida; sin embargo, al comprender esta condición es posible enfrentarla mejor.

¿Por qué sentimos ansiedad?

La ansiedad, desde un punto de vista psicológico, se interpreta como exceso de futuro. Se ve en personas que viven distanciadas del presente, con excesiva preocupación por lo que pasará. Usualmente eso va relacionado con el bombardeo de información que recibimos a través de los sentidos, las redes sociales, los medios de comunicación, etcétera, lo cual satura las emociones. También está vinculado con la alta demanda laboral y el agitado tren de vida que se lleva en la actualidad, ya que el tiempo apenas alcanza y priorizamos las responsabilidades por encima de nuestro bienestar.

¿Podemos generar ansiedad con los alimentos?

No es que generamos ansiedad con los alimentos, sino que la ansiedad suele dictar un perfil de neurotransmisores específicos que provocan la apetencia por ciertos alimentos, los cuales tienden a paliar estos estados o trastornos del estado anímico. 

Regularmente estos alimentos son los más agradables al paladar, aunque no necesariamente los más sanos. La tendencia es inclinarse por comida chatarra y dulces.

¿Puede la ansiedad llevarnos a alimentarnos mal?

Existe una relación en ambas direcciones. Las personas que mantienen desde muy temprana edad una alimentación rica en nutrientes tienden con mucha más facilidad a sobrellevar procesos extenuantes o estresantes en el tiempo. La carencia de algunos nutrientes nos deja más vulnerables a sucumbir ante episodios traumáticos. 

Los trastornos que tienen que ver con la conducta no solo van relacionados con la alimentación, sino también con la falta de sueño, y la falta de sueño incrementa esa sensación de ansiedad porque se generan perfiles de hormonas como cortisol y catecolaminas, las cuales producen estados de agitación. 

Usualmente encontramos aliciente en los alimentos azucarados. Las personas, mientras más perfeccionistas son o mientras más estrés reciben, sucumben con mayor facilidad a los dulces por ejemplo. 

¿Sirven los ejercicios para contrarrestar la ansiedad?

Claro que sí. Siempre y cuando sea de manera moderada. El gran problema se produce cuando comenzamos a hacer ejercicios en exceso, y utilizamos el gimnasio como una forma de exorcizar los demonios del estrés que nos atormentan.

El estrés de por sí provoca poco sueño, nos hace desear consumir más café de lo recomendable, probablemente debamos también responder a una demanda laboral alta y sumarle a todo esto una carga excesiva de ejercicios. Eso provoca que el cuerpo se resienta.

Hay que tener un poco de cada uno de los elementos para decidir cómo administrar los entrenamientos que realicemos. 

Es importante llevar una vida equilibrada en la cual la persona coma lo necesario, despacio y sobre todo descanse y tenga tiempo de ocio.

¿Hay alimentos que sirven para disminuir la ansiedad?

Claro, todo lo que tenga azúcar. Es muy importante la intervención nutricional con una persona especializada que tome en cuenta incluso perfiles de personalidad. Una personalidad muy extrovertida tiende a tener mucha dopamina y poca cantidad de serotonina. A ese tipo de personas, por ejemplo, no le va muy bien con dietas bajas en carbohidratos. Por el contrario, una persona con poca dopamina y mucha serotonina es la típica persona que está todo el tiempo calmada, que no es extrovertida, que coge las cosas con más calma; entonces las dietas sin carbohidratos son las que más se le facilitan, porque los carbohidratos tendrían entonces que subir más la serotonina. 

¿Cómo sabemos que estamos comiendo por ansiedad?

Cuando comemos más de lo que debemos y comemos muy rápido. O cuando sentimos que aún estando saciados seguimos recibiendo mensajes del cerebro para seguir comiendo ya mucho más allá de este límite.

JUAN CARLOS SIMÓ, COACH

Especialista en rehabilitación funcional, nutrición para transformación estética y prevención de enfermedades; entrenador de la fuerza y transformaciones de estilos de vida.

En la web: jcsimo.com

Instagram: @jc_simo 

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