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La Vida martes, 29 de abril de 2014
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Carmen Quidiello, más allá del sistema decimal

La viuda del profesor Juan Bosch alcanza los 99 años como prueba que augura un nuevo destino germinante en el corazón de una humanidad alborozada a fuerza de amor, ciencia y olvido.

  • Carmen Quidiello, más allá del sistema decimal

    Doña Carmen es arquitecta de una bondad soberana que ha venido a integrar de buen modo nuestra geografía del amor.

Daniel Beltré López
Especial para LD
Santo Domingo

El ensanchamiento de los horizontes científicos nos habla de un nuevo destino para el hombre donde la esperanza de vida en civilidad se potencia a niveles impensados. Los días de Celeste Ocumares pidiendo resignación ante el desconsuelo por la partida de Lucinda Modesto, bajo el predicamento de que Dios le había premiado con familia y vida larga, al punto de que... poco le faltó para cumplir los 40...”, afortunadamente han terminado.

La ciencia se encamina hacia episodios aún más luminosos en los que la existencia será un nuevo acto de fe coronado por el entusiasmo vital como fuerza motorizadora de las grandes expresiones humanas. La longevidad, como inevitable corolario de los sucesos que ahora se proclaman, habrá de plantearnos la necesidad de una nueva inteligencia ante los azares de una densidad demográfica en estreno, pero será también prueba indesmentible de un estadio que desde ya se avizora halagador, en el que la ciencia habrá de revelar una vez más su  afán de cesar ritos y misterios.

Lucha incesante
La ciencia no se bastará a sí misma en el desempeño de esa obra deslumbrante. La humanidad no quedará colocada en condiciones de recibir la magia superavitaria del saber como si se tratara de una obra mecanicista, ptolomeica. No. El valor y alcance de los hechos científicos que ahora se avecinan en auxilio de este agotado modelo de humanidad estarán determinados por el amor como palanca de toda dialéctica trascendente óno importa si indescifrable.

Estos presupuestos no sirven para la construcción de un delirio de eternidad. Solo el amor es eterno. Como dijera Apollinaire, si muere una noche renace con el alba. El amor no es, sin embargo, simple causal de la obra que desde ya celebramos, más bien, es la obra misma, pródiga en ejemplos, hecha materia en medio de la más elemental cotidianidad. Solo así, podemos admitir, ajenos a todo asombro, la vida generosa y fecunda de Carmen Quidiello Bosch, que hoy alcanza los 99 años como prueba que augura un nuevo destino germinante en el corazón de una humanidad alborozada a fuerza de amor, ciencia y olvido.

La ocasión no nos habla del prestigio de las aritméticas ni de sus invulnerables exactitudes, sino de la vida misma montada en su irremediable plenitud. No asistimos a un encuentro protagonizado por guarismos interminables, sino por una espiritualidad informada por el amor al hombre. Doña Carmen es en sí misma un acto de amor manumitido del sistema decimal: sus 99 años de vida están signados por una hermosa vitalidad. Ella es lucha militante por la redención del hombre, arquitecta de una bondad soberana que ha venido a integrar de buen modo nuestra geografía del amor.

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PASOS POSITIVOS POR LOS VALORES

Doña Carmen llegó a estas tierras como regalo con la tarea de abonar los más preciados sueños de la patria. Desde el fin de la tiranía larga, su presencia en las barricadas contra el oprobio se hizo permanente, decidida, estimulante, resueltamente esperanzadora. Ella vino a atizar la fragua solidaria en que se forjara el escudo de nuestras mejores luchas cuando el golpe cobarde y artero ofendió a nuestra incipiente democracia... Y hasta hoy, ella tutela los valores del bien, los valores de la libertad.

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