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UNA METRÓPOLIS ENFERMA

Una urbe difícil para los discapacitados

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Santiago Benjamín de la CruzSanto Domingo

Desplazarse por Santo Domingo resulta caótico para cualquier persona, pero para alguien que viva con una discapacidad representa un drama que le prohíbe acceder a las diferentes zonas de la capital, limita el desarrollo de sus habilidades y le impide llevar una vida normal.

La odisea a la que cada día se enfrentan las personas con alguna condición especial es descrita por Colney Grace Reyes Pérez, de 20 años. Esta estudiante de Ingeniería Comercial se desplaza en una silla de ruedas como resultado de una malformación congénita, y su experiencia al enfrentar las limitantes de vivir en Santo Domingo “ha sido muy difícil”.

Todo empeoró cuando ingresó a la universidad, pues tiene clases hasta en el cuarto piso y al no haber un ascensor, debe subir gateando, mientras uno de sus compañeros le lleva su silla de ruedas.

La realidad de Colney En la escuela Reyes Pérez no tuvo muchos problemas. Todas sus clases eran en una primera planta y estudió todos esos años en el mismo colegio; pero en la universidad se ve enfrentada a muchos retos, porque la infraestructura es poco adecuada para personas que viven con alguna discapacidad.

“En la universidad me facilitan el cambio de mis secciones a la primera planta, pero esas aulas son escasas y en lo que hacen los cambios tengo que subir hasta cuatro pisos. Así que constantemente me enfrento a muchos retos”, dice.

Expresa que “la mayoría de las calles e infraestructuras no están adaptadas para las personas con discapacidad, y para los que no tienen vehículo la situación es mucho más difícil”.

“En mi caso la silla no puede ir en carros públicos a menos de que pague todos los asientos traseros, y en pocas guaguas cabe mi silla porque los choferes aprovechan cada mínimo espacio para poner nuevo asiento”, relata.

Precisa que en los vehículos de transporte público debe pagar un pasaje extra para la silla, y los únicos casos “relativamente cómodos” son las guaguas de la OMSA y el Metro de Santo Domingo, porque les reservan un espacio.

“A pesar de eso, he tenido que soportar que choferes me nieguen el acceso porque no montan sillas de ruedas, además de que si no eres hábil para subirte, no puedes usar el transporte”, asegura.

Al referirse al Metro, lamenta que la mayoría de los ascensores y escaleras eléctricas están dañadas.

Para Reyes Pérez en todos los casos “es muy difícil transportarse en Santo Domingo por mi condición especial, pues cualquier lugar representa un reto que hay que enfrentar”.

Situaciones difíciles Una situación difícil que tuvo que enfrentar fue cuando iba en una guagua y todos la miraban mal y hacían comentarios desagradables respecto a su silla de ruedas, mostrándose descontentos por el espacio que ocupaba.

“No me quedó otra opción que ignorarlos. Pero son situaciones que hacen que cualquier persona se sienta mal y discriminada”, dice.

Reyes Pérez nació con una malformación congénita llamada espina bífida, con una variante de la misma llamada mielomeningocele, que es una masa quística que contiene la médula espinal.

A causa de esa situación, tiene la columna dislocada, los pies equinovaros y algunas otras complicaciones

Límites a los discapacitados Para el arquitecto Marcos Blonda, la ciudad de Santo Domingo no está preparada en lo absoluto para que las personas con discapacidad se puedan desplazar sin percances.

“Nuestras aceras y calles no poseen las condiciones necesarias para que una persona discapacitada pueda desplazarse correctamente sin tener inconvenientes durante ese proceso”, expresa.

Asegura que la ciudad no está preparada, y que a pesar de que en algunas zonas de Santo Domingo hay rampas para personas con discapacidad motora, no fueron pensadas desde el principio, sino que se hicieron después, y muchas de manera improvisada.

“Esas rampas no tienen la inclinación necesaria ni las características que deben poseer, porque cuando se hace algo sobre la marcha no queda como realmente va”, considera el arquitecto.

Hay zonas en Santo Domingo, según Blonda, donde no hay forma de caminar para una persona sin ninguna discapacidad, “entonces imagínate cuando una persona con alguna situación así tiene que pasar por ese lugar, se le hace imposible”.

Uno los mayores obstáculos para las personas con alguna discapacidad son las aceras y los medios de transporte. Cuando no hay algún negocio informal que dificulte el paso en las calles y aceras, no están en condiciones para transitar.

“¿Cómo tú montas a una persona en silla de ruedas en un carro público?, ¿cómo lo subes a una guagua de la OMSA?, son problemas grandes, que nos hace asegurar que las personas que andan en sillas de ruedas no pueden acceder a un transporte público efectivo”, considera.

Blonda considera que el Metro de Santo Domingo es el único medio de transporte que está pensado para trasladar a una persona con discapacidad, pero lamentablemente, cuando alguien con alguna condición especial sale de ese medio de transporte, ya se tiene que enfrentar a la dura realidad que le presenta la capital dominicana.

El experto admite que se han presentado avances, porque no todo es una “tragedia”, pero si no se multiplican, ¿qué podemos hacer?

“Aquí se hacen seminarios, consultorías y hay leyes para todo, pero no se cumplen. Si todo está ahí y no se cumple, no sé qué podemos hacer”, lamenta.

Otros problemas a los que se enfrentan las personas con discapacidades son los espacios públicos, ya que las infraestructuras no están en condiciones para garantizar que puedan tener acceso.

“El Gobierno debe pensar en todos y comenzar a trabajar”, añadió Blonda.

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