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PANORAMA POLÍTICO

Gobierno de Moïse muestra su desgaste

  • Gobierno de Moïse muestra su desgaste
Guarionex Rosa | ANALISTA POLÍTICO

La cólera con que los haitianos salieron a las calles el fin de semana pasado, en una poblada que simplemente mostró las garras de los sectores populares, remarca el enorme desgaste del régimen del presidente Jovenel MoÔse, tras dieciocho meses de su mandato.

Detrás de los disturbios del viernes y sábado pasados estaban ese desgaste pero también las críticas de amplios sectores de la población haitiana por las denuncias de corrupción y el bandidaje callejero que no ha podido ser controlado por la endeble Policía Nacional de Haití.

Ahora se están viendo los resultados de la elección, en una forzada segunda vuelta, de un inexperto político, más bien un empresario -monsieur banana-, como se le llama coloquialmente, ya que su quehacer ha sido la siembra exitosa de esa musácea para la exportación, y no la política.

La inexperiencia en la política, como las presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), hicieron que no se plantara ante las pretensiones del primer ministro Jacques Guy Lafontant, quien ha permanecido al frente de su despacho, aunque se sabe que sus días están contados.

Actualmente sectores empresariales, parlamentarios, de la sociedad civil y de las iglesias están en discusión sobre cómo resolver la situación y lo que depara el futuro al régimen de MoÔse, zarandeado también por un parlamento muy dividido entre políticos ambiciosos.

La derrota de Brasil
La chispa que encendió el fuego del fin de semana trágico para Haití, la alimentó la pérdida de Brasil en su pase a los cuartos de finales en el Rusia 2018,  lo que atizó el descontento con el gobierno por el aumento desproporcionado de los combustibles. La inesperada derrota brasileña sorprendió las apuestas.

Horas antes del desenlace futbolístico, a muchas millas de distancia de Puerto Príncipe y las otras ciudades haitianas, mientras se veía el juego en las pantallas de televisión, el régimen de MoÔse-Lafontant decretó un aumento de los combustibles imposible de cubrir para los bolsillos más humildes.

Así, a partir del sábado 7, los precios vigentes en el territorio de Haití se fijaron en $309 gourdes la gasolina, $264 gourdes el diesel y $262 el kerosene, lo que significó en algunos casos hasta duplicar el precio vigente, con el principal pretexto de que había un consumo subsidiado que cruzaba la frontera.

La mención de la República Dominicana como destino del combustible subsidiado de Haití, no convenció a las multitudes que salieron a las calles a destruir negocios y todo lo que encontraron a su paso, como tampoco la vuelta atrás de los precios tras el Presidente decir: “Tan pronto ustedes hablaron, yo corregí”.

Aunque no parezca creíble fuera de Haití, muchos de los que vieron el partido en el que Bélgica ganó a Brasil, no tenían la mínima noción de que los haitianos habían adoptado al país sudamericano como suyo y apostado de su salario y préstamos hasta 10 a 1, sin saber el desenlace final.

MoÔse se encontraba en Jamaica entregando a ese país la dirección del CARICOM que  había ostentado durante el último año. Estaba en franco apuro cuando pidió a su regreso: “Ustedes que me observan esta tarde, les pido a todos que regresen a sus hogares; la Policía y la justicia van a tomar el control para limpiar las calles”.

Empresarios USA asustados
La virulencia de los incidentes espantó al sector empresarial, que vio cómo las turbas se ensañaron contra todo lo que significaba lujo y dinero como los relucientes hoteles de Petionville; las agencias de venta y alquiler de automóviles, los supermercados y los puestos de bancas de apuesta.

Los desórdenes del fin de semana sorprendieron a la embajada de EEUU, cuyos funcionarios estaban también pegados a los televisores mirando el mundial de fútbol o en resorts. Un comunicado les avisó que debían concentrarse en sus casas hasta que la situación se calmara.

En el exterior de Haití hubo todo tipo de rumores e informes falsos de que el Presidente había sido derrocado y de que soldados del Comando Sur de Estados Unidos habían entrado al país. Lo cierto es que el Departamento de Estado pidió autorización para reforzar la Embajada con marines.

Algunos especularon que posiblemente, dado el frenesí callejero que recordó la época Lavalás, detrás de las protestas estarían los seguidores del expresidente Jean Bertrand Aristide, quien reside en el sector Tabarre, uno de los focos de la poblada y al que se le asigna todavía principalía en el liderazgo político del país.

Choque Gobierno-Iglesia
Las cosas no han estado bien con el Presidente y su primer ministro Lafontant. Dos semanas antes de los disturbios, en la festividad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona de Haití, el Episcopado de 15 obispos emitió una declaración de condena al gobierno y a la corrupción.

Durante la celebración, el obispo de Jacmel, monseñor Saturné, presidente de la Conferencia, recordó que en 1883 una terrible epidemia de viruela azotó y los devotos acudieron  a la Virgen del Perpetuo Socorro y le hicieron una novena. La epidemia cesó milagrosamente y se decidió nombrarla patrona del país.

En una irónica comparación con la situación actual, el obispo dijo que si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la enfermedad de la viruela ha sido erradicada en todo el mundo, en Haití está presente en la justicia y la inseguridad porque con una simple llamada personas tras las rejas son liberadas.

MoÔse, menos cauteloso que su contraparte de la República Dominicana, Danilo Medina, quien ha soportado los chaparrones provenientes del Episcopado protegido por la taumaturgia impermeable del Presupuesto, se negó a recibir a los obispos al término de la celebración de la Virgen.

El gobernante haitiano, en un discurso al parecer redactado por una mano maestra anticlerical dijo a los obispos que “no se puede construir un país con mentiras, con información falsa, rumores, odio, violencia e hipocresía, según dice el Evangelio”. La confrontación está echada.

El gobierno de MoÔse ha sometido al país a una austeridad espartana. Desoyó llamados para aumentos de salarios a médicos, maestros y otros servidores públicos y cortó de un tajo al servicio exterior, dejando a las embajadas con el mínimo de funcionarios para lograr una economía de dólares, pero la corrupción es rampante.

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