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Dos perros en busca de caracoles en las Galápagos

Cuando Darwin, un perro labrador, salió de un programa de perro de servicio para personas, los ecologistas le encontraron un empleo muy distinto: rastrear caracoles gigantes africanos que amenazan las cosechas en la más visitada de las islas Galápagos, en Ecuador. El can, de pelaje dorado, ya tenía incluso el nombre perfecto. El naturalista inglés Charles Darwin estudió la fauna endémica del archipiélago durante una visita en 1835 que ayudó a definir su teoría de la evolución. Darwin viajó en diciembre con su colega Neville, un labrador negro rescatado de un refugio de animales, desde Texas a Santa Cruz, la isla turística del archipiélago. Los dos perros fueron seleccionados para cazar a los moluscos invasivos, la especie de caracol terrestre más grande del mundo y que puede alcanzar los 20 centímetros (7,8 pulgadas) de largo. Los perros fueron donados por una organización estadounidense llamada Dogs for Conservation, que entrena animales para que ayuden a los profesionales de la conservación de vida salvaje. Darwin y Neville aún están en formación, pero ya comenzaron su trabajo buscando a los caracoles y sus huevos, que después retiran los trabajadores medioambientales. El sitio web Dogs for Conservation, que explica cómo fracasó el intento de convertir a Darwin en un perro de servicio para personas, señaló que el labrador ha encontrado un nuevo objetivo en la conservación. “Está más que cualificado para ser un perro de servicio para la naturaleza”, indicó el sitio web. Darwin no tuvo éxito como perro de terapia porque era demasiado hiperactivo, pero su trabajo como sabueso le ayudó a calmarse y concentrarse. Es la primera vez que se recurre a perros para ayudar a proteger el medio ambiente en las Galápagos. Las 19 islas y la reserva marina que las rodea están consideradas como Patrimonio de la Humanidad amenazado por la UNESCO debido a la actividad humana. Los caracoles están entre las especies más invasivas del mundo, explicó Martín Espinosa, director interino de la Agencia de Bioseguridad de Galápagos. Estos animales pueden dañar a otras especies y el ecosistema, además de transmitir enfermedades a los humanos.

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