Necesitamos la “motosierra” de Milei

¿Cuántos procuradores fiscales y jueces pueden ser tipificados como honestos y fieles a su misión dentro del sistema de justicia de nuestro país?

Nos gustaría saber.

Porque de tal evaluación podría medirse el nivel y fortaleza de la base en la cual descansa la credibilidad, autoridad y garantía de justicia de este sistema al día de hoy.

Pero tememos que, a la hora en que se decida hacer este ejercicio de selección, sobren dedos de las manos.

A juzgar por las innumerables denuncias y quejas de venalidad o de contubernio que se les imputan a fiscales y jueces, tal parece que han llegado a formar una casta que rivaliza con las de delincuentes de toda laya.

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Por las investigaciones que formalmente están en curso, y por anteriores registros de actos de corrupción en que aparecen envueltos, no caben dudas de que es hora de depurar el sistema, de arriba a abajo.

Estructuras de narcotraficantes o estafadores han logrado instalar buenos aproches con procuradores fiscales, asistentes y magistrados, para operar con impunidad o para facilitar maniobras engañosas.

Con tal esquema de complicidades, lo único que les queda a los ciudadanos indefensos es evitar caer en las redes de estos corruptos con patente judicial de corso.

Sería bueno pensar en incorporar más mujeres a la carrera del ministerio público, porque hasta ahora han demostrado ser más honestas, más eficientes y comprometidas con el verdadero sentido de la justicia y la equidad.

Mediante una exhaustiva depuración que permita establecer las calificaciones académicas, evaluaciones psicológica y psiquiátrica, así como su desempeño en la justicia y en los entornos familiares, es posible renovar y adecentar el ministerio público.

Al Estado mismo, y desde luego a la democracia, les convendría esta depuración, en vista de las pérdidas que los actos de corrupción o deshonestidad profesional causan al bien común.

Para desmantelar una maquinaria como esta, lo ideal sería pedirle a Milei su motosierra si acaso en las instancias del poder del Estado no disponen de otras opciones más valientes y responsables que ayuden a este propósito.