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Editorial viernes, 03 de noviembre de 2017
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¡No matarás!

El pasado miércoles los hombres marcharon en Santo Domingo reclamando respeto y amor por las mujeres, las que actualmente son víctimas selectivas de individuos agresivos que, sin entereza ni adaptación, responden con la bala homicida o el puñal perforante.

Nada justifi ca la muerte de una madre, tan venerable como la del homicida, y acto que cada vez con mayor frecuencia, arrastra el suicidio del agresor.

El resultado: muertes evitables, dos familias desgarradas y menores de edad que entran en el orfanato, sin padre ni madre, a probar suerte en una sociedad violenta, indolente y presta a acogerlos como futuros gatilleros del sicariato o “delivery” de puntos de droga.

Hombres decentes marcharon junto a mujeres para reclamar un ¡Alto a la violencia machista! y eso de por sí es un mensaje alentador destinado a sacudir conciencias para que en República Dominicana pare la sangría que acaba con la vida de las mujeres, mayoritariamente jóvenes, en una sociedad que requiere fuerza juvenil para aprovechar los adelantos tecnológicos y las oportunidades de progreso.

No agredir a la mujer e impedir por todos los medios que gente sin respeto por el ser humano lo haga, debe ser un ejercicio cotidiano de todo hombre íntegro y de toda la familia respetable.

La marcha de los hombres por el respeto a la dignidad e integridad física y espiritual de la mujer tiene que pasar de un símbolo de adhesión, a una militancia activa por la defensa de la vida y de la integridad de la familia.

El respeto que tienen los hombres por las mujeres da una idea más o menos exacta del grado de civismo y decencia de una nación que se dice democrática y que aspira a que se le respete su soberanía.

¿Con qué derecho un hombre asesina a una mujer que le dio su amor y sus encantos? Hombres, niños, mujeres, niñas, ancianos, pastores, abuelos, tíos y amigos tienen que tomar parte activa para afrontar con valor y decisión a quienes rompen la regla del respeto a la vida, que en el quinto mandamiento de la doctrina cristiana, ordena que… ¡No matarás! Solo falta que las autoridades respondan con acciones afi rmativas que paren esta danza de muerte y horror. ¡Eso esperamos con angustia!

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