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31 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 11:42 AM
Zona Este 17 Noviembre 2012
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AGUA FRESCAS
¡Qué buena noticia! Salmo 127: 3-7
Dios te bendiga. Te saludo con gozo porque estamos ya en noviembre y celebramos la familia.
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Francia Tejeda De Aponte
franciatejera@gmail.com

Amamos estar en familia, tal vez por venir al mundo en el seno de una. No importa cómo ésta sea, pero es la nuestra.

Disfruto muchísimo las historia de familias que luchan para conseguir las cosas, porque en ocasiones creemos que se dan por sí solas, pero no; hay que trabajarlas y hoy les comparto una historia que me emocionó muchísimo porque me dice que a pesar de la violencia, la escasez y otras dificultades, podemos tener fe. No todo se ha perdido, nuestro esfuerzo tiene recompensa.

Se trata de una familia numerosa que ha tenido que enfrentar algunas dificultades, precisamente por ser tantos. Casi nadie quiere tener más de dos hijos, pero esta señora que les cuento tenía seis.

Es una joven mujer que por los maltratos de la vida y los golpes recibidos, su rostro se ve surcado por las huellas indelebles de la escasez. Su esposo, un humilde señor que se gana la vida arreglando lavadoras, pero desde ahí hacía lo que podía para mantener a su mujer, a sus hijos y toda la casa…

Años atrás se enfrentó a la crítica dura de casi todos los que la conocen, porque próximo a cumplir sus 42 años quedó embarazada de nuevo... ¡Cuántos consejos, regaños y murmuraciones! Algunos hasta sugirieron que se deshiciera del embarazo, pero para ella y todo el resto de la familia era una bendición, al punto que con frecuencia decía: “Este es el último regalito que mandó Dios”.

Con la noticia llegaron las amenazas, los comentarios mal dirigidos, las burlas y hasta las ofensas de los que pensaban que fue un error muy severo embarazarse “anciana”, teniendo seis hijos y con una condición extrema de pobreza.

Ella callaba. Con tantos hijos por atender, tampoco le quedaba tiempo para investigar quién dijo qué cosa… Pasó el tiempo…Y nació varón.

Quizás tú dirás que después de seis hijos qué importa el sexo, pero para ellos representaba más que un gozo, porque tenían seis niñas y ese embarazo que tanto criticaron resultó ser el varón con el que tanto habían soñado.

Tener siete hijos en este tiempo es un gran reto, pues no se trata sólo de alimentación, de gastos de estudios, de ropa, de abrigo; también se trata de tiempo, dedicación, de atender las necesidades emocionales de cada uno. Aún así, ella lo está haciendo bien: los ayuda a crecer, a hacer las tareas y está pendiente a todo lo que necesiten. Fue refrescante ver a esos padres, en especial a la madre, enfrentar todo por sus hijos, ser severa en ocasiones, llorar cuando hubo que mandarlos a la escuela sin desayunar aún sabiendo que de regreso no encontrarían almuerzo; su esposo hacía malabares para extender el peso pero no siempre lo conseguía.

Es un compromiso serio tener familia, entre otras cosas, porque no tenemos entrenamiento previo y nos vemos precisados a aprender sobre la marcha.

Eso ocurrió en ese hogar, sin tener una “licenciatura en hijos” y, de todos modos, comenzaron a dar buena instrucción a sus siete vástagos; les enseñaron el temor a Dios, les enseñaron a orar, les enseñaron a tener fe.

Los sábados en la mañana hacía sacrificios para que el príncipe de la casa fuera a la liga deportiva a practicar. El chico siempre decía que sería pelotero, muchos se burlaban de él pero sus padres le animaban y le daban palabra de fe mientras le decían que no dejara de soñar… que no dejara de creer.

Esta es la realidad de muchos padres que sólo tienen el corazón cargado de buenos deseos. Pero si crees en Dios, trabajas y persistes, tienes mayor probabilidad que el que se rinde.

Hoy quiero contarles esta buena noticia, que no tiene que ver con violencia, ni orfandad, sino con la alegría que produce ver a tus hijos en casa, asumiendo las cosas con entereza, afianzándose en los principios, y soñando, porque quien no aspira a algo, probablemente se que quede con nada.

La situación hoy no es buena, nos asusta como padres el rumbo que está tomando la sociedad, tenemos dudas de cómo les irá a nuestros hijos en esta batalla de la vida; pero le enseñamos con nuestro ejemplo que no se puede dejar de soñar, que cada día hay que levantarse creyendo que este es el mejor de todos los que hemos vivido y que lo más bueno está aún por venir…

La formación, la fe y la persistencia siguen funcionando. A esta familia hace algunos meses la vida le cambió, no porque heredaron una fortuna, ni tuvieron un golpe de suerte, sino porque ese niño que cuando era sólo un feto levantó los comentarios de los que no entienden que la vida es cuestión de propósito, ahora tiene 15 años y recibió un bono cuantioso al ser firmado como pelotero por un equipo de baseball de nombre sonoro de los Estados Unidos…

Hasta sus padres están incrédulos pero inmensamente felices, y mucho más al entrar, hace algunas semanas, a disfrutar de la mayor oferta que el chico desde que era niño le hacía: “Mami, dejarás de lavar. Cuando me firmen, te compraré una casa y tendrás una lavadora con su secadora para que no sigas lavando así…” Dios lo escuchó, y ya le han dado gracias. Están tan agradecidos que no saben qué más decirle a Dios en oración por esa bendición que le ha traído y constantemente dicen “Dios mío gracias…”

Misión cumplida… Ya están en la casa, es bien grande, la amueblaron como él la soñó, es tan grande que caben los padres y todos los hijos; algunos se han casado ya, se han marchado con sus vidas llevando y reproduciendo el ejemplo de lucha, instrucción y valor que sus padres le han pasado. Es tan grande que caben los sueños de todos, porque aún faltan cosas por realizar. Y siguen soñando.

Se puede. Claro que puede. No dejes de creer, no dejes de soñar, pues quizás  la próxima noticia que cuente sea la tuya. No dejes de instruir a tus hijos, ora por ellos, bendícelos, corrígelos y ayúdalos a creer y a soñar… Los sueños se logran con fe, con oración, con trabajo y con alguien que te ama y te muestra cada día que estás en esta tierra porque Dios te envío como herencia a tus padres.

Definitivamente herencia de Jehová son los hijos… Cuida tu heredad.

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