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Bajo la piel de la aguja

  • Bajo la piel de la aguja
Víctor Bidó

Poesía y sueño emergen de una caudalosa subjetividad. Derivan símbolos extraños al mundo de la lógica. Ya decía Holderlin: “El hombre es dios cuando sueña y esclavo cuando piensa”.

El sueño se organiza de manera muy peculiar donde lo profético, lo espectral y lo fantástico convergen en una misma agua. La lectura del sueño está. manifestada en símbolos. La poesía es el vehículo idóneo. De ahí la fascinación que sintieron los surrealistas. Obviamente, posible, como afirmé ante, desde las aguas profundas de la subjetividad.

En esta ocasión me toca comentar la poeta Natacha Batlle oriunda de Hato Mayor, nacida en el 1984. Su poesía me impresiona bastante. En toda impresión queda un halo de inquietud, de motivación, de sugestivas ramas. Me atendré a esta impresión. La poeta transita por un terreno onírico, pero su visión no parte del recuerdo de haber soñado. Es desde el sueño que recoge sus visiones. Una mirada donde se trastoca al sujeto junto con el objeto del sueño. Desde allí se articulan los poemas. Estos reflejan la destrucción de todos los elementos, sobre todo, del sujeto que habla o escribe.

Su estrategia parte del primer poema que da título al poemario: Bajo la Piel de la Aguja. Es la presentación del sufriente soñador. Cada verso de este poema serán las diferentes secciones del libro.

Como dije, sujeto y objeto se entrecogen para arribar a imágenes que, a veces, se suceden sin conexiones, pero sostienen la atmósfera incisiva de destrucción. En vez de enunciarlas, las describe en el cuerpo lacerado, en los labios que se desbordan o se desploman como murallas. Tiene una razón: forzar la plenitud de la manifestación. De hecho, la adjetivación es inusual que, en cierto modo, no fluye como debería. Debajo se preludia dolor y angustia. Las miradas, los ojos y las manos son fuentes para lograr tales efectos. Dureza, rigidez y ácido decir aciertan en el sentir del lector.

No es poesía que seduzca, sino por las corrientes subterráneas del decir. Muchas imágenes se construyen con complementos preposicionales. Esto no es aquello. La analogía no funciona así. Aquí no. Esto penetra en aquello. Desde mi punto de vista, se pudo refinar la visión con cierta poda en varios poemas.

En la primera parte del libro, las imágenes se van enroscando una en otra, al final, hay una aprehensión estrepitosa del mirar (fuego transformado en frío o la lluvia que arde en los labios, nubes cercenadas…)

 

 

“Bajo esa piel de acero, leve pasa un esbozo

los huesos se quiebran,

respiras por la grieta donde resbalan los hilos de bruma

debajo duele algo más al ojo escapa

¿Quién coserá la piel que a la aguja desgarra?

Bajo tela, la piel, bajo la piel… Siempre hay un verso

una sutil belleza zurcida con el hilo invisible de la nada

me traspasas y dejas un trozo de ti, oxidándome la carne

tejes las alas de una sombra y planeas en el miedo de nuestros ojos.”

(Pág. 15)

 

Aquí dejo el poema que es el eje fundamental del libro.

Natacha Batlle augura una sensibilidad de profundas connotaciones en las alas de una sombra que deslumbrará los ojos del lector.  

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