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Ensayo

Alix: décimas y comidas

  • Alix: décimas y comidas

    Figura Fue Jimmy Sierra en su película "Lilís" quien le dio vida a Juan Antonio Alix con Franklin Domínguez.

Luis Beiro
Santo Domingo

Ni Emilio Rodríguez v Demorizi ni Joaquín Balaguer se dedicaron a estudiar, desde el punto de vista de la ciencia literaria, la obra de Juan Antonio Alix. Tanto el reputado intelectual como el estadista-escritor, consagraron sus esfuerzos culturales a difundir y a historiar las composiciones estróficas del gran poeta mocano. Gracias a esa labor, unas 200 espinelas de las miles que nacieron del ingenio repentista del “Cantor del Yaque” se encuentran hoy al alcance de la sociedad dominicana y, lo que es mejor, como textos de referencia en los libros de todos los niveles educativos.

La labor de rescate de esta valiosa producción literaria no fue tarea fácil para ambos literatos. Sin embargo, todavía no han llegado a nuestras manos los correspondientes estudios de rigor, la infinidad de aristas y peculiaridades, tanto formales como de contenido de la obra de Alix. Como tampoco tenemos delante de nosotros una valoración a favor o en contra de las excelencias de su técnica de versificación. Solo el escritor cubano Carlos Fernández Rocha dedicó su tesis doctoral en los Estados Unidos para establecer de manera parcial sus valores lexicológicos y linguísticos.

Mucho habrá que escribir alrededor de estas llamativas espinelas, labor que corresponderá a los investigadores literarios del porvenir. Quienes se adentren en sus páginas con la rigurosidad y el detenimiento que las mismas merecen, van a hallar incontables temas que aportarán muchas primicias al estudio de la décima en Hispanoamérica.

El follón de Yamasá
Uno de los rasgos para futuras reflexiones está relacionado con la forma novedosa con que el poeta incluyó el tema de “las comidas” a lo largo de su obra, inclusión que no sólo se limita a exaltar valores nutricionales y exaltaciones a la identidad nacional a través de sus platos típicos, sino también elementos “discordantes” de la tradición culinaria, relacionados siempre con el contexto histórico y las peculiaridades de la sociedad que le tocó vivir.

En “El follón de Yamasá” que puede ser considerado como un modelo de cinismo literario por su forma tan desenfadada en trasmitir de manera docta un acontecimiento vulgar, el maestro Alix acude a los alimentos procesados en la cocina doméstica criolla no para exaltar sus valores nutricionales, ni para referir el apetito que producen sus peculiares sabores. El maestro Alix acude a las comidas que, ya bien debido a sus condimentos excesivos, ya a las características de sus componentes animales, vegetales o minerales, pueden contribuir a la indigestión.

Un detenido estudio de estas características temáticas en la historia de la literatura de habla hispana (cuando se realice) podría dar como resultado el hallazgo de muy pocos autores incluyendo en sus textos temas semejantes.

Escrito en 1882 y publicado por primera vez en “Décimas de Juan Antonio Alix”, selección y prólogo de Joaquín Balaguer en 1953, “El follón de Yamasá” relata la historia de un supuesto acontecimiento que alteró la opinión pública y que, según su autor, sucedió en el convento del poblado de Yamasá, situado al Noreste de Santo Domingo.

Según el relato del poeta (para algunos, otro auténtico producto de su extraordinaria capacidad inventiva) y en ocasión de oficiarse una misa por el ‘Día de la Asunción’ presidida por el cura del vecino pueblo de Boyá, un “viejo setentón” se “largó” un follón que conmovió a la sociedad reunida dentro del sagrado templo.

Alix dedica las 10 estrofas de su canto tanto a buscar al responsable de tal herejía como a determinar (por su olor) el tipo de comida que provocó el malestar estomacal al susodicho.

En tono burlesco y con un extraordinario manejo del “doble sentido”, la décima transcurre relatando las impresiones del reverendo, del campanero, del sacristán, del Alcalde y de otros testigos presenciales que, como “a la vieja de la Jagua, le tumbaron el pañuelo”.

Las posibles comidas que provocaron el llamativo incidente son presentadas por Alix en una doble óptica: tanto por la manera de resaltar la sensación que dejó en los presentes el ambiente enrarecido, como por las causas que provocaron el referido acontecimiento. En ambos casos, es destacable la utilización del lenguaje poético para provocar reacciones en el lector, siempre apegado a una simbología contentiva de elementos de la identidad nacional y de las costumbres tradicionales.

Una imagen poética lograda por Alix en la referida estrofa y que citamos a continuación, se refiere al estado que deja en una persona la sensación sensorial a partir del olor. Dicha imagen es de una belleza literaria inigualable y un modelo poco frecuente en la poesía popular latinoamericana del siglo XIX:

“Me picó en la nariz como un ají montesino”.

Aquí, el autor explora también las peculiaridades del olor que este tipo de condimento provoca por su naturaleza, y que por ser ingerido en dosis inadecuadas, podría haber sido una de las causas del desajuste estomacal del “viejo setentón”.

Las referencias causales de la indigestión están elaboradas a partir de la enumeración de una serie de platos tradicionales y alimentos, por más señas, muy dominicanos que, por su propia naturaleza, cuando se ingieren en cantidades excesivas, o con una deficiente cocción, o en estado de descomposición (los de origen animal), conllevan a una digestión pesada, lenta e irregular que, en muchos casos, desemboca en males estomacales que necesitan de tratamiento facultativo para su sanación.

La indigestión
El lerén, el mondongo y la asadura no son las únicas comidas que provocan indigestión cuando no son procesadas como es debido. La lista de alimentos condimentados que, ingeridos en exceso, pueden provocar descomposición estomacal es muy amplia y variada.

Sin embargo, Alix sintetiza esa gran gama de platos célebres en solo tres que, además, tienen la peculiaridad de ser eminentemente oriundos de la región cibaeña.

El lerén, lo mismo que el maní y la semilla de cajuil, es altamente indigesto, sobre todo porque necesita ser triturado con suma meticulosidad e ingerido lentamente, en forma de bolo alimenticio. Muy pocos comensales siguen estas condiciones al pie de la letra.

El mondongo, considerado ya en el libro ‘El matadero’ de Esteban Echeverría como “un plato típico de la población (Ö) debido a que se basaba en una de las partes más baratas de una res” tiende a descomponerse fácilmente si no se mantiene congelado, al igual que las carnes destinadas a los asados, sobre todo las de origen porcino.

A lo largo y ancho de la décima de Alix, el mal olor que provocó el referido “follón” se convierte en un “leit motiv” que contiene como elemento más sobresaliente un alto sentido del humor  que lleva al lector de una situación de hilaridad a otra de relajo, gracias a un logrado ritmo interior. Como otro valor literario se encuentra el sentido de la musicalidad, propio de este tipo de estrofa de la poesía popular, donde la sonoridad del verso octosílabo sobresale no solo por la información que conlleva su contenido, sino por esa precisa combinación de rimas consonantes que se logran a partir de palabras no repetidas, y en donde brilla el empleo de vocales débiles y fuertes muy bien intercaladas.

Al igual que en ‘El follón de Yamasá’, la comida es usada por Juan Antonio Alix en otras de sus décimas como elemento indirecto para resaltar una peculiaridad del pueblo dominicano o un acontecimiento relevante desde la perspectiva de su siempre atenta imaginación.

Los curanderos
Un ejemplo lo encontramos en su décima “Los curanderos”, fechada el 12 de julio de 1883 y publicada en ‘Décimas’ (1927) que lleva como prólogo un artículo de José Ramón López, publicado en Listín Diario a raíz de la muerte del poeta. En esta estrofa, se involucra una tradición popular con un episodio de la vida del autor que le costó ir a juicio.

Esta es una obra donde lo culinario aparece en forma de remedios caseros para sanar los males de los enfermos. Es posible que la causa que haya motivado el sometimiento de Alix a la justicia no haya sido solamente por difundir como “científicas”, las indicadores del vulgo, sino por la creación de invenciones muy personales dadas como ciertas, o “aportaciones” de determinados curanderos que, en vez de sanar, hayan agravado la salud de los dolientes.

Sea como fuere, lo cierto es que esta décima retrata, en sus primeras 15 estrofas, una crítica a “los curanderos” y una exhortación a los enfermos para evitar las consultas improvisadas y, por ende, acudir a los médicos verdaderos para la cura de sus males.

Es en la estrofa 16 donde el poeta se aventura a ofrecer su “recetario”, el cual consideramos como una pieza magistral de la cocina dominicana, en su caso, vinculada a la ciencia de la salud: (Receta para indigestión).

“Dos botellas de aguardiente,
dos idem miao de becerro
tres onzas sica de perro
y tres de fete de gente.
Se tomará diariamente
de una copa la mitad,
y a la santa Trinidad
y al Nonnato San Ramón
rezarán una oración
“en bien de la humanidad”.

Otra espinela
Como ejemplo de un acontecimiento relevante que inspira Alix para recrear platos de la cocina dominicana, nada mejor que citar la décima: ‘Un campesino dominicano’, fechada en Santiago el 17 de octubre de 1905 y recogida también en la antología de 1927.

En este caso, el poeta relata la experiencia de un cibaeño “que estuvo en Haití vendiendo andullos y tuvo una entrevista muy curiosa con el que suscribe”.

La décima no contiene una exaltación a la calidad de la cocina de los dos pueblos, ni un enfrentamiento cultural de recetas con el fin de establecer diferencias y semejanzas en cuanto a la ingesta de alimentos. La décima, escrita en pleno lenguaje cibaeño, está concebida solamente a partir del viajero dominicano al advertir, en el país vecino, el cambio de nombre de nuestros platos tradicionales, de nuestras costumbres y de nuestros utensilios. Y el humor que se desprende de ella es antológico.

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