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Entrevista/ Artes Escénicas

Frank Disla: Un teatro mayor

El dramaturgo, actor, director y profesor dominicano, Frank Disla, cruzó los mares hace 30 años hacia los Estados Unidos en busca de nuevos horizontes donde ha dejado huellas apreciables en el mundo del teatro

  • Frank Disla: Un teatro mayor

    Figura. Frank Disla ha sido un triunfador en el mundo del teatro.

  • Frank Disla: Un teatro mayor
  • Frank Disla: Un teatro mayor
Daniela Pujols
daniela.pujols@listindiario.com
Santo Domingo

Empezó su carrera teatral siendo un jovenzuelo. Sus personajes trascendieron las páginas de su Olympia y siguió paseándolos por escenarios internacionales. 30 años atrás decidió trascender los mares ante la oportunidad de presentarse en Boston, Massachusetts con el libro “Desarraigados”.

Frank Disla se define como “un desadaptado que solo se encuentra consigo mismo cuando se ve reflejado en el espejo de sus personajes”.

Él y su hermano Reynaldo, quien también tiene una historia mayor dentro del teatro dominicano, no han dejado de caminar juntos en el mundo de las tablas. Han hecho de todo, desde montajes y producciones, pero, irónicamente, aun no han actuado juntos.

Sobre su relación familiar y artística, valora que siempre ha estado matizada por el respeto y la admiración mutua. Aunque no presume de su producción literaria porque dice que el día que se sienta satisfecho dejaría de crear: su niña bonita es “Ramón Arepa”.

Ha sido miembro del Consejo de las Artes de Chelsea, Massachusetts, así como Jurado de los premios Casa de las Américas. Los premios que ha recibido a lo largo de su carrera son un reflejo de su intensidad artística: Dos veces Premio Nacional de Teatro Cristóbal de Llerena por su libro “Desarraigados” y la pieza “Un búfalo de El paso, Texas”, y ganador del Premio Letras de Ultramar 2013 y 2015 por “Ascenso y caída de Andresito Reyna” y “Un romance andaluz”, respectivamente.

 

Daniela Pujols: Usted es un reconocido escritor y teatrista dominicano. Además, participó en la fundación de varios grupos teatrales, algunos junto a su hermano Reynaldo Disla. ¿De dónde viene esa pasión artística y literaria? ¿De niño vio notar sus cualidades para el arte? ¿Sus familiares le han influenciado?

FD: De mi madre María Eugenia Ortiz Fernández, desde mi más temprana infancia la recuerdo en  Zambrana, Cotui, bailando Twist.  También le gustaba declamar, pura poesía de amor, de cuyo mismo material forjó su vida, llenando con él a cuantos tuvieron el placer de conocerla. Las cartas que escribía, sin saber que estas constituyen un género literario, estaban impregnadas de un pulcro estilo, que ya quisieran muchos escritores profesionales tener. Puro dominio del idioma y el buen decir.

  Puedo afirmar que es muy difícil uno mismo notar sus cualidades ya sea para el arte o cualquier vocación, a veces el azar nos coloca en ciertas coyunturas y nos percatamos del talento y estas mismas nos llevan a desarrollarlo. Definitivamente, mi hermano Reynaldo, más que influenciarme fue un motivador de mis andanzas literarias.

Recuerdo que un día, muchos años atrás, en el candente sol de una tarde en Villa Juana, le pasé un escrito recién sacado de nuestra Olimpia, que no era mas que la casi transcripción exacta de una conversación que tomaba lugar entre unos clientes de nuestra pulpería, para que me diera su opinión. Al leerlo, me miró fijamente y me dijo, entre otros halagos, que lo que había leído tenía tanta calidad como un texto de Julio Cortázar.  Cuando se leyó a "Ramón Arepa" su opinión sincera fue que ya, a mis veintitrés años, podía morirme. Se refería a que con esa pieza de teatro ya había hecho mi aporte a la humanidad.

DP: ¿Cómo se describe Frank Disla?

FD: Un desadaptado que solo se encuentra consigo mismo cuando se ve reflejado en el espejo de sus personajes. Por esta condición me fui del país, abandonando su sol y su horizonte, lanzándome al aire como un boomerang perdido, aparentemente sin retorno, que algún día dará marcha atrás para no contravenir el destino.

Tuve la suerte de un día ver a Mario Heredia, María Castillo y Josefina Gallart en  “Trevor” de John Bowen, dirigida por Luis José Germán, la temporada completa de Manuel de Sabatini y su compañía teatral, “La Guarda Cuidadosa”, de Miguel Cervantes y Farsa Justicia del Señor Corregidor”, de Alejandro Casona, bajo la dirección de Ignacio Nova, “Tres historias para ser contadas”, bajo la dirección de Rómulo Rivas, la brillante dirección de “Las manos de Dios de Rafael Gil Castro y leerme a Eugene O’Neill y  Plauto.

Todo esto marcó mi trayectoria artística y literaria como también mi experiencia con el teatro Ambulatorio Experimental (TAE.) bajo la dirección de Giovanni Cruz, mi ‘descubridor’ artístico, así por haber sido dirigido en la férrea disciplina de Odalis Pérez, en “Mas allá de la búsqueda”, de Iván García.

DP: ¿Cómo y cuándo se inicia en la dramaturgia y en la dirección de teatro?

FD: Mi primera pieza, de la que solo queda el título, "Los Negros también comen helados de fresa" escrita en tres actos, una comedia que constituyó el preludio de mi creación dramática.  Con “Juris Tamtum… y Haréis Justicia”, musical de Jimmy Sierra se inicia mi accidentada actividad de Director. 

Julio Zabala me hizo la música y antes del estreno se fue con el Circo “Los Muchachos”, dejándome un casete con las canciones que finalmente Manuel Jiménez, a puro oído porque la música no tenía partitura, logró llevar a feliz término. Esta pieza de Jimmy Sierra se presentó en el Festival de Teatro del Colegio Cristóbal Colon, así como en diversos escenarios.

DP: ¿Cómo describe su relación familiar y artística con Reynaldo Disla?

FD: Ahora que me haces esa pregunta me has puesto a pensar en un detalle: si bien mi hermano y yo nos hemos dirigido el uno al otro y hemos montado varias piezas del uno y del otro, que yo recuerde no hemos actuado juntos en ninguna obra, es curioso.

De Reynaldo monté “Las Despoblaciones”,  una súper producción con más de treinta actores y dos escenarios, uno se quemaba y había que seguir el espectáculo. También “Callejón tres, casa cinco”, “Capitulo 72”.  Son las que me vienen a la memoria, ah, también “Para morirse de la risa”.

Reynaldo, en este trajinar, también ha montado varias de mis creaciones, pero como te digo está pendiente que actuemos juntos. Lo íbamos a hacer en “Abelardo y Eloísa” dirigidos por Iván García, pero por inconvenientes mayores no se pudo. Quizás entre los dos podríamos escribir algo con ese fin, me temo que debe ser Teatro del Absurdo. La relación familiar y artística siempre ha estado matizada por el respeto y admiración mutua. En cuanto a los logros, estos son difíciles de cuantificar habidas cuentas que aún estamos tratando de conquistarlos.

DP: ¿Se siente satisfecho con toda su producción literaria?  ¿Cuales gozan de su mayor admiración y por qué?

FD: No. El día que me sienta satisfecho dejaría de crear. Recientemente en la presentación de “Un romance andaluz”, Manuel Chapuceaux me define como un inconforme, siempre en busca de superarse a sí mismo. Es lo que soy, además de lo que dije, un desadaptado.  Mi niña bonita es “Ramón Arepa”, por la sencilla razón de que es el personaje que representa el arquetipo del dominicano.

DP: ¿Sobre cuáles contextos se inspiran sus piezas?

FD: El social y lo humano.

 

DP: ¿Qué significado quiere llevar con los personajes que ahondan en los emigrantes? ¿Qué significado tiene para usted la palabra extranjero?

FD: Como emigrante que soy, marcado como todos por la distancia y la lejanía, no soy mas que un personaje más, sin significado alguno, una simple estadística para recibir las amenazas de Donald Trump, así que cualquier moraleja posible queda envuelta en esa realidad del ser que se va, que desiste a morir de cara al sol como una vez se refiriera el Presidente Joaquín Balaguer.

Es lógico que cuando escribo de esta realidad no se puede obviar, todo lo contrario, es parte intrínseca de la trama; algo que la nutre al reflejar el contexto más amplio de lo social. Un extranjero es un espécimen extrañado de su lar nativo.

DP: ¿Le ha sido fácil destacarse en tierras extranjeras? 

FD: Me considero afortunado. Recién llegado a los Estados Unidos tuve la oportunidad de realizar cuatro montajes, escribí “Desarraigados”, fue llegar al lugar exacto, Boston, en el momento preciso. Se buscaba un director de teatro hispano para gastar unos fondos dirigidos a esa ‘minoría’ que de no usarse se perderían, ahí llegué y aproveché el momento.

Un periodista lo definió en la portada de un periódico: “Dramaturgo dominicano trae a Boston su amor por el teatro”. Y también se lo llevó cuando los fondos se terminaron. Las veces que he presentado algún espectáculo ha sido a casa llena con buena acogida. Eso creo.

DP: Usted ha vivido una parte de su vida en Estados Unidos. ¿Qué lo motivó a irse y desarrollar su carrera artística y literaria fuera de República Dominicana?

FD: Un día, en una intersección cualquiera, una persona le lanzó un paño mojado al parabrisas de mi Zastava, por la ventanilla del chofer me ofrecían en venta unos cachorros, por la puerta del pasajero un vendedor de cachivaches me ofrecía su mercancía, por el espejo retrovisor vi un Ángel, creo que el de mi guarda, tratando de salvarme  de un ataque de pánico, haciéndome señas de que aquella escena era un surrealismo superable, que debía partir o convertirme en anarquista, opté por lo primero, no tengo complejo de mártir.

Partí, pues, y el primo que me recibió lo primero que me preguntó fue que cuando me iba; le contesté que podría irme al día siguiente o hasta durar cinco años, ya tengo casi treinta. Donde estuviera creo que mi carrera se hubiera desarrollado indefectiblemente.

DP: ¿Cómo ve el teatro dominicano hoy día? ¿Qué se necesita?

FD: El Teatro dominicano de hoy en día  es el mismo de ayer y el de mañana, dotado de creatividad y adaptándose a sus circunstancias que siempre podrían ser mejores, desde el Areyto a “Bolo Francisco”, de Reynaldo Disla o “Espigas Maduras”, de Franklin Domínguez o las exquisiteces de Gayumba  servidas por Manuel y Nives, y la creatividad sin límites de Claudio Rivera o las ejemplares creaciones de Iván García.

Se necesita que las autoridades culturales presten más atención a las propuestas y entregas de los verdaderos representantes del arte, esos que siempre están aportando su capacidad  sin esperar recompensa que no sea su aporte al desarrollo cultural de nuestra nación. Creo que el actual Ministro de Cultura, Pedro Vergés, trabaja en ese tenor.  El talento no se forja en campañas políticas.

DP: ¿Cree usted que las artes en RD viven periodos de dificultad o no han dejado de tenerlos?

FD: Si está en dificultad el Merengue, qué le vamos a dejar a las Bellas Artes, que en cualquier parte del mundo no son entretenimiento de las mayorías, como debería ser, sino de las élites que tienen la oportunidad de al menos vanagloriarse de ellas, como estandarte de su propiedad, privada por los demás.

Recientemente me monté en una ‘voladora’ de frente a los pasajeros, y al ver tantas caras preocupadas, proyectadas a un firmamento sin destino, me pregunté sobre la perspectiva de esos ciudadanos para los que este observador les importaba un comino, qué arte, aunque sea de magia, nos podría salvar.

DP: Así como en el séptimo arte se presentan buenas historias y se hace buen cine, también hay malas historias y mal cine. ¿Esto se puede extrapolar a algunas propuestas teatrales que se han realizado en los últimos años en nuestro país y a nivel internacional?

FD: Donde quiera, hasta donde alcanza la memoria, se cuecen habas. El ‘clavo’ para el cine también podría aplicarse para el teatro, esa representación viva de hechos humanos, tramados o inventados, con el fin de divertir, como la definiera Brecht. Esta diversión o recreación que también puede llamarse Catarsis responde a leyes elementales que tienen que ver con la capacidad de conmovernos, de hacer que el público aprecie la representación como un hecho memorable y no como un medio de matar el tiempo. 

Ahí es que se manifiesta la capacidad y el talento del verdadero artista, relevando una tradición de siglos, interpretando el arte desde sus orígenes, actualizándolo en su forma pura. Si no es así, recomiendo, pues, tomates, los huevos ensucian mucho y dejan manchas indelebles como las del cuento de Juan Bosch.

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