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RELATOS

Cuando el resto se queme

El laureado escritor dominicano Rey Andújar ofrece sus impresiones sobre el texto “En 9 Iris y otros malditos cuentos”, de la autora Kianny Antigua

  • Cuando el resto se queme
    Viaje. En 9 Iris y otros malditos cuentos los personajes navegan por el “insomnio americano” deseosos de contar su versión.
  • Cuando el resto se queme
Rey Andújar
Chicago

Recién cuestionado sobre reformas migratorias y el flujo de luto frontera MEX-USA he reflexionado alrededor de las formas en que estos traslados afectan a la familia: las divisiones y las esperas. Del otro lado del frío está el chasco: en tierra lograda, quien emigra se ve con la maldita responsabilidad de progresar. Miles de expatriados al día constatan que el sueño, como se advierte desde antes de Vietnam, no es tal. Viene negación, viene piña agria y vaca flaca. Entonces llega la muerte, la resignación en forma de sacrificio y un Toyota Camry del 94 para nadie en alguna marquesina de Cansino o San José de las Matas. En 9 Iris y otros malditos cuentos los personajes navegan por el “insomnio americano” deseosos de contar su versión. Se cansa uno de que lo vivan agrupando en las casillas latino/hispanic, de que en la tierra propia seas un Dominicanyork más. No señor. Detrás de cada número de seguro social, sea joseao o de a verdá verdá, hierve la trama del desasosiego, de sonrisas a medias y adioses y decepción. No por nada se hizo tan famosa la versión Volveré de Ruby Pérez.

Los personajes cuentan desde el tránsito. Me interesan la forma y el cómo. En la primera parte el relato largo “9 Iris” se fundamenta en el trasunto familiar. El hilo conductor de la historia es el declive en ciertos valores de cohesión social hacia la transgresión [la educación sexual, la liberación]; para equilibrar el peligro, la inocencia se resguarda mediante nanas infantiles que atraviesan el relato.

Odas

 En principio estas canciones remiten a la sagrada tierra de la infancia [la seguridad, la dependencia, la esperanza] y a  las tradiciones orales. Para el asqueroso mundo de los adultos estas canciones son bálsamo y plegaria en la hora tremenda. En apariencia el mundo de Nieves o Nueve Iris es manso, campestre y asquerosamente cotidiano: se enamora y sufre, anhela y la desilusionan, muerde y pare, se canta y se lloraÖ Las cuitas de su primer amor, Kiary, permiten que se abunde en las cuestiones de una situación bastante común para las familias dominicanas.   

Hablo de lo que sé, del anhelante lapso 1980-2000, el traslado a los Estados Juntos y la garantía de avance. Iris y Kiary se hacen las promesas de lugar y el muchacho arranca con el corazón en la mano. Recién llegado a los Nuevayores nuestro Kiary experimenta de inmediato la crudeza de la ciudad. La muerte y la miseria [humana y metálica] salen a camino. Es una tristeza que puso huevos en las esquinas del Bronx al Alto Manhattan desde muchísimo antes. Y la magia de las nanas no alcanza. El cuento en su avance va haciendo más tierna cada vez la banda sonora de los juegos y las danzas infantiles y más terrible la tristeza en la que se hunde el cuerpo migrante. La historia es buena. Me encontré riendo en voz alta un par de veces, cosa que cuando pasa es chulería. Concluyo que los niveles están bien manejados, ya que los contrastes a los que me he referido hacen la pieza mucho más audaz y digerible. Sin estropear el final debo apuntar que la consecuente partida de Nueve o Nieves permite la cara, común por lo atroz, de los viajes ilegales. En este libro crecer es zarpar y viajar es doler.

La segunda parte del libro está compuesta por relatos cortos y “malditos”; de ellos sobresale sin duda “El pez de Ramón”, en donde se conjugan lo fantástico y una mirada a la soledad del inmigrante. Ramón es un chico que se aleja del mundo y se obsesiona en criar un pez inaudito por el tamaño; debe además criar los peces que se atraganta su arapaima. Al final esta pasión demuestra estar condenada, como todo lo que al parecer tocan los inmigrantes.

A pesar de su perversidad en los relatos se nota siempre un dejo de esperanza, ya sea en la utilización de finales abiertos o en la metáfora onírica. Algo muy particular es cómo los cuentos conectan con la poesía de la autora, quien ha publicado en el cuaderno Cuando el resto se apaga. Liberada del compromiso anecdótico, la escritora se maneja con más libertad en la poesía y esto se manifiesta en la serenidad que da el fracaso cuando se le acepta. Es la libertad reconocer de donde se viene pero no aferrarse a nada: escribir siempre de orilla en orilla, ser fábula de otro universo.

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