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31 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 4:31 PM
Ventana 3 Noviembre 2012
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VENTANA AL EXTERIOR

El mundo de Pilarín

UNA HISTORIA DESDE BARCELONA, NOS ENSEÑA A SOÑAR MEDIANTE EL PODER DEL DIBUJO
  • Méritos. Ha ilustrado más de 700 libros que han sido traducidos a idiomas como el japonés y el ruso.

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Sorayda Peguero Isaac
Especial desde Barcelona

“...Pues que la vida es un sueño, soñemos alma, soñemos”. Estas palabras de Calderón de la Barca nos introducen en las páginas de ‘Sueña Pilarín’ que, antes de convertirse en la frase con la que los dominicanos auguramos pocas esperanzas a los que sueñan en voz alta, fue una novela.

La Pilarín de Abigaíl Mejía era de origen dominicano, pero vivía en un pequeño valle de Cataluña rodeado de pinares, a dos horas y media de la capital catalana. El personaje fue creado por la escritora dominicana durante su estancia de 16 años en Barcelona, ciudad a la que emigró después de concluir sus estudios en el Liceo Dominicano. En 1925 la novela se editó por primera vez en Barcelona y, 87 años después,  una de sus tocayas más distinguidas nos recibe en su casa de Vic, un municipio de Cataluña rodeado de verdes robles, a una hora de la ciudad Condal. 

Para Pilarín Bayés, “en la historia sólo cambian los carruajes; las pasiones interiores y los sentimientos importantes no cambian nunca.” Cuando le hablo de su tocaya de la novela ríe divertida y dice que ya sabe que es un poco vieja para que le llamen Pilarín, pero que Pilar le resulta un poco pesado.

La reconocida ilustradora catalana comenta que “al Greco le gustaba tener a su lado a alguien que tocara música mientras él pintaba, pero esos fueron otros tiempos. A mí, cuando dibujo, lo que me gusta es que me den conversación”.

Usted ha dicho que a sus 70 años lo que más le divierte es dibujar.
Sí, yo creo que no valía para nada más, y creo que esta fue la coartada perfecta para librarme de las tareas de la casa. Nunca me gustaron demasiado, pero dibujarÖ dibujar me hace feliz. Anda, cómete otro. (Me ofrece la caja de bombones que acabamos de inaugurar y reconozco en la suma total de los gestos que componen la expresión de su cara una sonrisa pizpireta y contagiosa, como de niña eterna). 

Sus personajes han acompañado a generaciones de niños catalanes; son tantos que no cabrían en este estudio. Usted no los conoce a todos, claro, pero todos ellos saben que Pilarín Bayés ha dibujado las historias que han leído. Ha ilustrado más de 700 libros que han sido traducidos a varios idiomas, entre los que se incluyen el japonés y el ruso. Fue condecorada con la medalla de oro de Vic y, por la Generalitat de Cataluña, con la Cruz de Sant Jordi, una de las máximas distinciones que otorga la comunidad catalana. Hay una  escuela y una biblioteca que llevan su nombre... ¿Qué siente cuando se detiene a pensar en su trayectoria y en los logros que ha obtenido?
No pienso demasiado en ello pero, cuando lo pienso, siento mucho agradecimiento y un gran sentido de la responsabilidad.  Lo que más ilusión me hace es cuando un padre se acerca y me dice: ‘este libro me gustó tanto que se lo he regalado a mi hijo’.

¿Cómo y cuándo empieza su relación con el dibujo?
De pequeña padecí una enfermedad que en aquella época afectaba a muchos niños y que me mantuvo una larga temporada en cama. Era pleno invierno y me aburría mucho, así que empecé a dibujar para entretenerme. Recuerdo que mi abuela venía a ver lo que hacía. Sentía el crujir de las escaleras y entonces sabía que se acercaba a monitorearme los dibujos. Ella entendía de pintura, era hija de Joaquín Vayreda, un destacado pintor del siglo XIX. En la escuela gané algunos concursos literarios pero finalmente el dibujo fue mi elección definitiva. Después de todo, cuando dibujas vives dentro de la literatura y desde mi primer día en la escuela de bellas artes de Barcelona supe que el dibujo era lo mío.

Nació en Vic y continúa viviendo aquí, pero tiene una relación muy especial con Barcelona. Muestra de ello es la exposición ‘Pilarín y Barcelona’, que actualmente se presenta en el ayuntamiento de la capital catalana.
Sí, nací debajo del campanario de la catedral de Vic, pero Barcelona ha sido mi capital cultural.  Me encanta su modernismo, su aire medieval... los murales del salón Sant Jordi de la Generalitat, el Monasterio de Pedralbes, la catedral Santa María del Mar... Recuerdo que cuando estudiaba en la escuela de bellas artes el profesor nos mandaba a practicar perspectiva. Nos sentábamos a dibujar en las escaleras de la Plaza del Rey, es un lugar precioso. Un día vimos llegar a Salvador Dalí, nos acercamos a él como si fuera un colega más y nos preguntó por lo que estábamos dibujando. 

Espere, ¿usted conoció a Salvador Dalí?
Sí. Y no te creas, cuando hablabas con él era mucho más normal de lo que parecía.

Barcelona ha sido su capital cultural pero, para los artistas de su generación, París tenía un poder muy atrayente.
Es cierto. De hecho, mis cantantes favoritos son franceses. En aquella época casi todos mirábamos hacia París.

Algunos de los libros que ha ilustrado introducen a los niños en el mundo del arte y en las historias de artistas tan relevantes como Joan Miró, Toulouse-Lautrec y Goya. ¿Cuáles son las expresiones artísticas que más han inspirado su obra? ¿Qué artistas admira?
Me ha influenciado bastante la pintura gótica y la romana. La pintura flamenca y la histórica me gustan mucho y creo que Pablo Picasso es el mejor pintor del siglo XX.

Y en literatura ¿qué le gusta?
Soy de las que lee dos o tres libros a la vez. Suelo leer novela histórica y me gusta seguir la trayectoria de los nuevos escritores catalanes.  

Aprecia el placer de disfrutar de la palabra escrita pero cree en el valor de la palabra dada.
Sí, como los payeses de antes (campesinos en el lenguaje catalán). Daban su palabra y no necesitaban firmar ningún papel su palabra era implacable.

Durante la presentación de su exposición ‘Bienvenidos al Circo’, la ilustradora dijo que cumplir 70 años le provocaba impresión porque se daba cuenta de que era el trayecto final de la vida, pero después de 50 años dibujando sigue irradiando una ilusión incombustible y autentica pasión y entusiasmo por lo que hace. La mancha de tinta china en sus dedos índice y pulgar es la más clara evidencia de las largas horas que  continua dedicando a dibujar sus emblemáticos personajes de mejillas sonrosadas y los escenarios mágicos que perfila con su pluma antigua. Su obra está impregnada de un carácter didáctico, de arte, de detalles que invitan a la contemplación pausada y  de valores universales. Pilarín Bayés reproduce mundos reales y crea espacios imaginarios con los que resulta fácil dejarse llevar por las palabras de Calderón que, con vehemencia, nos animan a soñar. 

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