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Religión/Senderos 30 Septiembre 2012
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DOS MINUTOS
El Señor no condena
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Luis García Dubus
Santo Domingo

¿Ha sido usted alguna vez acusado injustamente? Recordará usted el malestar que esto produce. Mira uno alrededor buscando alguien que entienda, y termina muchas veces bajando la cabeza, derrotado por la obtusa actitud de alguna gente.

Sin embargo hay personas excepcionales que toman otro tipo de actitud frente a un acusado. Fue la que tomó el Señor cuando vinieron donde él acusando a una persona.

Aparece en el evangelio de este domingo (Marcos 9, 37-47).

“Maestro”, le dijo uno de sus apóstoles, “vimos a uno que echaba demonios en tu nombre, pero se lo hemos prohibido porque no anda con nosotros”.

El Señor respondió: “No se lo impidan, porque nadie que haga un milagro en mi nombre hablará luego mal de mí”.

Y entonces añadió la frase clave de la buena noticia de hoy. Es como un refrán. Dice así: “El que no está contra nosotros, está con nosotros”.

Amigo, yo no sé si en alguna ocasión ha estado usted contra el Señor, pero lo dudo mucho. Una cosa es tener defectos, y otra declararse enemigo de Dios y de la gente.

Es decir, que si alguna vez usted ha sido criticado, juzgado y condenado por un evangélico, sólo por ser católico; o por un católico sólo por ser evangélico, ya sabe cuál es la respuesta del Señor.

“No lo condenen que él está conmigo”, diría el Señor a sus acusadores.

“¿Acaso alguien ha obtenido derechos exclusivos para hacer el bien?”, declara muy acertadamente el P. Miguel Marte (pág. 235 de su libro “A las Puertas del Evangelio”).

De modo que hoy tenemos, usted y yo, dos grandes buenas noticias.

La primera es que por más defectos y dudas que tengamos, nunca nos hemos declarado expresamente en contra del Señor y, en consecuencia, estamos Él y formamos parte de su familia.

Y la segunda es que el Señor ha estado pendiente del más mínimo acto de generosidad que hayamos realizado en su nombre y que, por éste, seremos recompensados.

La próxima vez que alguien lo acuse injustamente (sobre todo cuando sea una voz interior que suele atacar mucho) recuérdese de esta frase del Señor: “Si alguien te ataca, no será de parte mía” (Isaías 54, 15)

La pregunta de hoy ¿Cómo se gana uno la amistad con Dios? No tiene que ganársela. ¡Ya la tiene! ¡Es un regalo! El amor de Dios por usted es personal, incondicional y gratis. Dios no lo ama porque usted es bueno, lo ama porque Él es su papá bueno.

Un pez no percibe el agua donde vive y nada. Nosotros no percibimos de modo natural esa Presencia Amorosa donde vivimos y existimos.

La amistad con Dios no se gana, se recibe, como recibe un niño un regalo de un papá bueno: con sencillez, con alegría, con confianza.

Y si usted desea oír la voz amorosa de Dios, hay un “aparato” que sirve para escucharlo: se llama el silencio.

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