SENDEROS

Cumplir las promesas al Señor...

Thany Matos de Succart

Dice un mandamiento: “No tomarás el nombre de tu Dios en vano”; sin embargo, cuando prometemos algo a alguien tenemos por costumbre decir, “te lo juro por Dios” o cuando relatamos algo que para el que nos escucha puede no reflejarse en su realidad volvemos a mencionar a Dios.

Jurar es cotidiano en nuestras conversaciones; se hacen miles de juramentos al día y el 98 por ciento no se cumplen. He oído muchas promesas en tiempos de crisis, cuando estamos atravesando por un trauma prometemos hacer esto y lo otro, pero cuando Dios cumple, porque Él sí cumple, nos olvidamos de las promesas.

Debemos hacer un compromiso de respeto, primero con nosotros mismos, porque por mucha fe tengamos no podremos respetar lo que no vemos, aunque nos haya demostrado que sí existe. Empecemos esto ahora, ¿quién se anima?, hagamos una oración: “Señor hoy quiero tener un firme propósito para el resto de mi vida. Quiero proponerme, o mejo dicho, quiero prometerte algo que no había prometido nunca, no voy a hacer como las demás veces las mismas promesas que siempre hago, y las cuales nunca he cumplido, porque soy una persona en falta, pero ahora quiero ser redimido en el santo nombre de tu hijo, nuestro señor Jesucristo”.

A Jesús quiero hacer mi promesa, como sé que Él la hizo ante ti en su momento. Quisiera tener las palabras adecuadas para hablarle a tan grandioso ser y abnegado hijo, porque solo un ser de tal magnitud en amor, comprensión, tolerancia, perdón, sacrificio y todas la demás virtudes que son innumerables, puede ser el hijo de Dios. No importa lo que tenga que pasar, o lo que tenga que sufrir, eso no se compara ni con una millonésima parte de una gota de sudor de cuando te sacrificaste por mí. No importan las humillaciones, las intolerancias, el creer muchas veces que siembro en terreno seco, las calumnias, los golpes, las intolerancias, no importa nada de eso, porque sé que ahora si voy a cumplir lo prometido, haré como Tú le hiciste a Dios, no fallaré.

Lo prometo, voy a convertirme en lo que Tú creaste, en tu idea primera, cuando concebiste dar vida al polvo, en lo que hemos olvidado, no en lo que hemos dejado que el ego nos convierta.

Te prometo Señor ser lo que quisiste que fuera en la era primera, prometo Señor no volver a olvidarlo para que otro de tus hijos no tenga que hacer un sacrificio como lo hizo Jesús. Prometo Señor no olvidar la razón del sacrificio, el amor. Prometo Señor llevar a cabo la tarea encomendada pese a las múltiples pruebas que fueron, que hay, y que serán.

La lista es inmensa pero Tú la conoces, Tú conoces mi corazón porque Tú lo creaste. Pero sobre todas estas cosas, prometo venerarte y amarte, ahora y por toda la eternidad por los siglos de los siglos. Amén.