DOS MINUTOS

La amistad de la rama con el tronco

El primer fruto es la garantía de su inmortalidad, ya que Él prometió que resucitará a los que creen en Él y les dará una vida sin término.

Luis García Dubus
Santo Domingo

“No te va a servir”, me dijo mi amigo, “la naranja no se da por estacas”.

No sé nada de agricultura. Lo que sí sé es que tenía muchos deseos de tener una mata de naranja como la de mi amigo. Así que insistí en que me dejara llevar una rama y sembrarla en mi patio.

Pocos días después pude comprobar que mi amigo tenía razón: la rama se secó.

“Te lo dije” exclamó mi amigo riéndose, “si tú arrancas una rama de naranja del tronco, no sirve para nada”.

En el evangelio de hoy (Juan 15,1-8) el Señor se compara con un árbol, y dice que nosotros somos las ramas de ese árbol. .

Cuando Él dice “Yo soy la vid, y ustedes son los sarmientos”, quiere decir precisamente eso: “Yo soy el tronco, y ustedes son las ramas”.

Así se entiende con mucha claridad. Todo el mundo sabe que una rama cortada se secará. En cambio, sólo la rama que permanezca unida al tronco dará fruto.

Es por eso que, en sólo tres párrafos, Él repite la misma idea ocho veces: “permanezcan en mí”.

El primer fruto es la garantía de su inmortalidad, ya que Él prometió que resucitará a los que creen en Él y les dará una vida sin término. Y luego probó que podía hacer esto resucitándose Él mismo a los tres días.

Otro enorme beneficio, inmediato éste, es el de la oración atendida. En efecto, el Señor afirma con toda claridad: “Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y lo recibirán”. (Juan 15,8).

En una vida de unión con el Señor, por tanto, toda oración será atendida, lo cual no quiere decir, necesariamente, “complacida.” Pero lo que es seguro es que producirá, aun sin darse cuenta, muchos “frutos”.

Amor, alegría y paz son otros tres de gran importancia.     

Fortaleza, entereza, paciencia, sencillez y dominio de sí son algunos otros frutos característicos que va produciendo una rama unida al Señor.

Usted y yo, amigo, deseamos ser felices. Y por todos los medios nos están diciendo que la felicidad se consigue teniendo dinero, dándonos gusto, y consiguiendo muchos honores o poder.

Pero todo eso es mentira. La única felicidad auténtica está en los frutos que da quien permanece unido al Señor como una rama al tronco. Esta es la Verdad, la única verdad, y toda la verdad.

 La pregunta de hoy

¿Cómo puedo fortalecer mi unión vital con el señor?
La amistad entre dos personas se fortalece mediante la comunicación. Con el Señor pasa exactamente lo mismo: a mayor comunicación, mayor unión.

Cuando uno tiene confianza en Dios se atreve a descansar en Él como un niño, depositando en Él todas sus preocupaciones de cualquier género. Y también se comunica uno con alguien cuando hace silencio y lo escucha con interés y respeto.

Entonces, poco a poco, el amor deja de ser un mandamiento y surge de Él como una fuente que inunda nuestro interior y rebosa en servicio: Usted se está dejando conducir.

Y eso, aunque uno no sienta nada. No cometa el error de medir su fe por lo que usted siente, porque la fe no se refleja en lo que se siente, sino en lo que se hace.

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