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EL CORRER DE LOS DÍAS

Frazer, y algunos modos de encarar la muerte

Marcio Veloz Maggiolo

En 1931, James George Frazer, el famoso antropólogo, filósofo y folclorista irlandés, autor de la monumental obra titulada La Rama Dorada, explicaba en un curso compuesto por varias conferencias las características del “miedo a la muerte” en sociedades como las que él consideraba “primitivas”.  Para muchos Frazer es el verdadero padre de la antropología sociocultural, y otros le consideran, desde el punto de visto de lo folclórico y el estudio de las costumbres “primitivas”, un émulo de Charles Darwin, de quien fue un seguidor en algunas de las significaciones de este curso  basadas en sus estudios anteriores y  que se recogen en conferencias dictadas en la Universidad de Cambridge.

     Como la obra de Frazer es tan densa y cargada de informaciones, soporta la extracción de temáticas que a veces son universales. En estas conferencias su enfoque puede considerarse como “global”, y nos permite gozar de  las diferencias señaladas en relación  con la concepción de la muerte más que sobre el miedo a la misma.  Este libro, titulado “El Miedo a la Muerte en las Religiones Primitivas” mantiene su hilo conductor   demostrando que la religión es uno de los productos que nacen de la idea de la muerte, y fundamentalmente del temor a la misma, por lo que el hombre intenta manipular los espíritus para  lograr el retorno de los mismos al seno familiar o usarlos en beneficio o en contra de intereses humanos.

       La enorme cantidad de datos manejados por Frazer (1854-1941), --aunque la antropología moderna de algún modo haya modificado muchas de sus observaciones, -- eran aceptados en 1931 como inaugurales para la investigación de sociedades sobre las cuales los informes eran mínimos, bajo la óptica de que las características que luego se consideraron “originarias” eran en realidad primitivas, en la visión europea marcada por el etnocentrismo. El primer precepto logrado por Frazer es el de que la muerte es acatada por todas las sociedades primitivas primando dos visiones; la primera es la de que el alma o espíritu escapa del cuerpo tras la muerte; la segunda es la de que en toda sociedad los restos humanos generan o son objeto de un ritual  basado  en la creencia de que el mantenimiento del contacto con el alma del difunto  es fundamental para la familia, y en casos diversos, en que el temor a la muerte es bien diferente del temor a los muertos. Frazer cita decenas de momentos relacionables con la muerte en los que las sociedades analizadas en las que el análisis  desemboca en la conclusión de que muy pocas aceptan la muerte como una realidad plena, y mostrando que la llamada “sociedad primitiva” vive apegada a sus muertos los cuales tienen un poder participante  no sólo como parte de un recuerdo, sino de una realidad que incide en aspectos relevantes de la vida cotidiana como serían  las enfermedades, el trabajo, la magia contenida en ciertos objetos,  las diversas opciones que básicas para la creatividad y la aceptación o no de las soluciones que la naturaleza sugiere. Los dos modelos de encarar la muerte desde que la misma se produce se enmarcan, para los fines, en dos modos de considerarla como elemento aprovechable. El uno es producido por la ignorancia de hacia dónde va el espíritu y cual es ahora su función, lo que implica una búsqueda ritual para la comprensión y manejo del mismo,  y el otro sustentando la razón en elaboradas creencias de que los espíritus dan a los humanos  cierto poder para influenciar en sus  vidas por lo que se anuda el trato entre vida y muerte cuando los familiares y allegados  tratan de acercar y usar los espíritus  mediante actos de ritualizacion.

       Frazer señala que existen para estas dos visiones formas culturales diferentes en las sociedades, las que se revelan  bajo el manto de creencias producto de muchas condiciones de vida y en diversos casos contradictorias  en las que discurren, y es lo importante para este investigador, rituales dedicados a hacer mejor la vida del alma desencarnada o a conseguir de ella favores sobre los cuales se basan dichos rituales. Recordemos que en la religión voduista son los familiares los invocados para el logro de los objetivos rituales.

       En su curso de Cambridge, los datos relacionados con el miedo a la muerte son menos que los que tienen que ver en el tratamiento directo de la misma. La muerte física, por tanto, no destruye el alma, sino que la inserta en otra problemática ligada de alguna manera a la vida material que ha abandonado para morar en una nueva  modalidad inmaterial de existencia relacionada con las experiencias de lo que ha dejado detrás. A partir del momento en el que la vida es inmaterial, se inaugura, digámoslo en otras palabras, la inmaterialidad.

        La muerte anuncia un cambio y no un fin de la vida misma. En un tiempo nuevo, el alma humana tendrá que acomodarse a un ecosistema que está  vigente en un más allá inmaterial que  exige entender que la historia de los hechos materiales son solo dominantes para los que viven la actualidad, “su” actualidad material, mientras presenten interés en mantener  relativo contacto con los vivos, sobre los cuales pueden ejercer influencias en algunos casos,  como los pedidos y fórmulas destinadas a convencer a los deudos y allegados de la necesidad de ayuda de quienes, como ellos,  ahora radican en un mundo diferente.

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