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EL CORRER DE LOS DIAS

La leyenda de Salomón y Makeda

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

 Negra soy, pero graciosa, hijas de Jerusalén,
Como las tiendas de Quedar,
Como los pabellones de Salm‡”.
Cantar de los cantares.
Salomón, capítulo I, versículo 5

Se sabe que Makeda, Reina de Saba, ciudad situada en tierras de la actual Etiopía, vivió en épocas del rey de Israel, Salomón, hijo del monarca David, hacia el siglo X antes de Cristo.

La leyenda dice que Makeda, gobernante etíope de piel oscura, salió de su territorio, entonces rico en agua, zonas agrícolas y fortificaciones, y minas para conocer a Salomón, rey de los israelitas. 

Atraída por la fama de su sabiduría, la reina de Saba, curiosa por las creencias monoteístas del hijo del poeta y rey   David, emprendería viaje a través del desierto, (personaje siempre importante en los espacios bíblicos), para acercarse al saber de Salomón, y para ello llevaría como regalo, y casi como ofrenda, marfiles, oro  y el mejor de los inciensos, ya que el mismo se producía en Punt, zona etíope común al territorio de Saba. 

Debió ser mucha la información y la fama de Salomón para que una reina decidiera tan largo viaje, y más la admiración del rey de los israelitas para que la aceptara y permitiera una estada en su reino por seis meses en los cuales el autor de El Cantar de los Cantares produjera, posiblemente para ella, su obra más conocida.

Los textos etíopes y el propio Corán de Mahoma, proporcionan información suficiente sobre estas relaciones entre Makeda, la reina de Saba, y el sabio gobernante quien terminó más que enamorado, logrando que aquella mujer entregada al amor por la admiración que sintió por el saber del rey, retornara a su tierra natal convencida de que Salomón tenía las razones suficientes para considerar el monoteísmo como, y la presencia de Jehová o Yahveh, como el creador y dios universal. Para etíopes, judíos y árabes, el convencimiento de la reina fue, sin dudas, el punto clave para que las variantes religiosas del mahometismo y las creencias etiópicas que luego derivarían hacia las formas de cristianismo copto, coincidieran en la convicción de la existencia de “un solo dios”. 

Se dice que el amor de Salomón por la reina de Saba y las relaciones con la misma fueron tan importantes que resultaron en un hijo que la misma concibió y dio a luz ya luego de su regreso y que cuando Menelik, hijo desconocido de su padre, llegó al trono de Saba, quiso visitar a quien aún gobernaba Israel y darle la noticia de que Salomón era su progenitor. Supóngase que hubo alegría y asombro, y que tal y como cuenta la tradición, el hijo había adoptado las creencias monoteístas. Salomón para reconocerlo le pidió una prueba a la que Menelik respondió entregándole una joya que el rey le había regalado a la reina de Saba.

De vuelta a Etiopía, como aprobación de su padre por haber seguido siendo propulsor de las creencias judías, el rey Salomón le obsequió con el Arca de la Alianza, símbolo de la identidad y la religión monoteísta de origen mosaico, donde se guardaban los saberes y formas del monoteísmo proclamado por el pueblo de Israel  como base de la fe manifiesta cuando Abraham, el fundador, se desligó de las creencias asirio-babilónicas, y adoptó  a Jehová como la verdadera fuente del poder creador del universo. Otros expertos atribuyen el diálogo lírico, al amor por una campesina, “la sulamita”. Se supone que el cantar fue compuesto cuando Salomón era muy joven, y es difícil establecer a cuál de sus tantas amantes dedicó este poema en el cual la amada también participa imaginariamente. Sin embargo, la cita de comienzo de este artículo revela que el personaje que dialoga con el poeta, si así puede decirse, es una mujer de piel negra.  Salomón tuvo cientos de amantes, y será difícil encontrar la verdad. La leyenda de La Sulamita, es una de las tantas interpretaciones que se hacen del Cantar de los Cantares. Hijo del rey David, Salomón pareció heredar, si es que ello es posible, la “vena poeta”  de su padre, autor de los Salmos.

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