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EL BULEVAR DE LA VIDA

La “democracia a la cubana” que no pudo ser

  • La “democracia a la cubana” que no pudo ser
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

“Pienso en mis largos días con mi piel prohibida,
pienso en mis largos días (...) Pero además, pregúnteles,
estoy seguro de que también recuerdan ellos”.
Nicolas Guillén

UNA REVOLUCI”N CRECIDA EN EL CASTIGO. Para analizar la trascendencia de Fidel Castro conviene hablar de su obra mayor: La Revolución cubana. Sobre ella escribió Eduardo Galeano una reflexion de antología en su libro “Espejos”: “Esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. (...) En gran medida gracias al bloqueo, el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho (...), ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse”.  Qué habría sido de la Revolución, si tomada La Habana por los barbudos, el poder norteamericano hubiese aceptado que a 90 millas de su territorio existiera un gobierno amigo pero digno y soberano, que sólo aspiraba a ocuparse de los suyos y ser un buen vecino, pero que -eso sí- estaba dispuesta a morir en el intento de defender a cualquier precio su dignidad reinaugurada de patria soberana. La pregunta, con su dejo de nostalgia, viene a cuento porque negado el imperio a aceptar la autodeterminación de parte del territorio que ellos consideran su “patio trasero”,  el poder estadounidense tiró a matar a la naciente “democracia a la cubana”, -era el año 1960- y a partir de entonces nada fue como se tenía planeado en la Revolución. Y llegaron las agresiones y los atentados de mil modos y maneras, incluidos los reconocidos intentos de asesinato en contra de Fidel Castro, con la financiación, planificación, asesoría y/o ejecución de sus agencias.  

LA ADVERTENCIA EN UN SON

Fue ese el escenario que condujo a la firma del convenio de ayuda mutua con la burocratizada y anquilosada Unión Soviética, cuando a inicios de los años ochenta, tuvo uno la oportunidad de cuestionar directamente a miembros de la dirección del Partido Comunista Cubano, en Europa, su argumento fue doloroso pero convincente: “La primera función de un ser vivo es seguir estándolo. Se trataba de sobrevivir. Tobarich”. Y  llegaron los difíciles, definitorios y terribles días de la “crisis de los misiles”, donde a través de un son de Carlos Puebla, el mundo se enteró de la decidida advertencia de los cubanos: “Y que sepa el imperialismo si con nosotros se mete,  que los famosos cohetes no son ningún simbolismo. Queremos vivir en paz en nuestra querida tierra, pero si vienen en guerra, ni uno solo quedará”. Con el pacto con la URSS, había sobrevivido la Revolución, sí, pero ya no existiría más el proyecto fidelista inicial, esa “democracia a la cubana” a la que tanto aspiró y por la que tanto se esforzó con su trabajo y el arma de su ejemplo, el Che Guevara. El pacto condujo irremediablemente a “la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse”.

EL NACIMIENTO DE UN MITO

La crisis de los misiles mostró al mundo la cara más heroica y decidida de Fidel. Así fue creciendo el mito del Comandante en el mundo, y en especial entre los hijos de los pueblos americanos, tan víctimas de las acciones abusivas y humillantes de los Estados Unidos. Por eso, en aquellos años, lo de ser comunista o no, era una cosa muy diferente a ser o no fidelista. Hasta el zorruno y conservador doctor Balaguer, (¡y eso es decir!) fue seducido por el héroe, por el David y su hazaña.  

“EL TIEMPO, EL IMPLACABLE”
Solo el tiempo colocará en el debido lugar de la historia la figura de Fidel Castro: su más alta luz y a su más oscura sombra. Por un lado, haber liderado la construcción de la sociedad más justa, la menos desigual del continente, pero por otro, al alto precio de la libertad de expresión, la libertad individual, o simplemente la libertad a secas, pero resulta que el hombre, ay, necesita ser la libertad... incluso para joderse. He ahí la disyuntiva que la figura de Fidel representa especialmente para mi generación. Por eso la admiración y el respeto, por eso la crítica y el reproche.

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