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PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Los católicos y la cuestión social en 1891

Manuel P. Maza Miguel, S.J.

Desde las alturas de la Rerum Novarum (1891) vamos a mirar hacia atrás. En este esfuerzo nos ayudará Giaccomo Martina (1924-2012), quien fuera profesor de la Universidad Gregoriana por más de 30 años, y un afamado investigador sobre Pío IX y su época. Entre nosotros es conocido por sus apuntes de clase, que luego publicara en 1970 en cuatro volúmenes bajo el título, La Iglesia de Lutero a nuestros días.

Martina señala cómo los católicos se aliaron con los liberales y asumieron sus presupuestos cuando ya algunos veían que el liberalismo se quedaba corto a la hora de responder a la cuestión social.

En aquella Europa, los católicos estaban en minoría en los asuntos sociales y enfrentaban, como todos, graves dificultades. Pero las polémicas y las iniciativas  de unos pocos católicos ayudaron a difundir las ideas cristianas incluso entre los no-católicos.

El cambio de la conciencia católica se dio gradualmente. Se fue tornando nueva, “abierta a las nuevas exigencias de la justicia y preocupada por la reconquista religiosa de las masas, utilizando medios y sistemas distintos de los usados en un principio.”

Martina reconoce con toda honestidad que “ha sido el socialismo y no el cristianismo la fuerza decisiva en la conquista de una mejor justicia social. A ello precisamente se debe el que el progreso económico-social haya significado un motivo más de distanciamiento entre la Iglesia católica y el mundo moderno.” (Martina IV, 110). Un dedicado estudioso de la sociedad como lo fuera el Beato Paulo VI, escribió en 1974: “La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas” (Evangelii Nuntiandi, 20).

La labor de la Iglesia en Francia, el país con la mayor población católica,  se vio obstaculizada por “el carácter <<antisocial>>de la burguesía católica a partir de 1848”. La clase media católica se apegó al <<partido del orden>> y las clases dirigentes abrazaron “modelos” únicamente paternalistas para cuidarse de los <<pobres trabajadores>>. Klaus Schatz (1992, 130) piensa que los estratos inferiores de la sociedad francesa ya estaban perdidos para la Iglesia antes de la revolución industrial.

¿Cómo fue recibida la Rerum Novarum? La encíclica “desconcertó a buena parte de la opinión pública” y desencadenó varias iniciativas. Algunos se sorprendían de ver al Papa ocuparse de estos temas. Entre los obreros, no faltaron quienes le negaban a León XIII el derecho a expresarse. Entre los burgueses, surgía el llanto y el rechinar de dientes de que el Papa se saliese de los temas espirituales, para enlodarse con estos asuntos tan materiales.

La encíclica, que hoy es juzgada como conservadora, sirvió para abrirles los ojos de manera dramática a muchos. Nadie como Georges Bernanos (Ü 1948) captó esta sacudida: “La Encíclica Rerum Novarum: tú la lees tranquilamente como si fuera una pastoral cualquiera de Cuaresma. Entonces, pequeño, sentimos cómo temblaba la tierra debajo de nuestros pies. ¡Qué entusiasmo! Una idea tan simple como la de que el trabajo no  es una mercancía sometida a la ley de la oferta y la demanda, que no se puede especular con los salarios ni con la vida de los hombres como con el trigo, el azúcar o el café, era cosas que turbaban las conciencias. Por explicarlas desde el púlpito me tomaron por socialista”  (Diario de un  cura rural, 1936).

A partir de la Rerum Novarum eran frecuentes las peregrinaciones obreras a Roma, mostrando que consideraban al Papa como su defensor. Hubo católicos que lucharon porque los principios de las encíclicas se plasmasen en leyes y en la vida empresarial.

Con León XIII,  la Iglesia abría la ventana de lo social y lo diplomático.  El nuevo Papa, ¿abriría las ventanas de lo pastoral, la política laica y las nuevas ciencias modernas?

El autor es profesor asociado de la PUCMM, mmaza@pucmm.edu.do

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