EL BULEVAR DE LA VIDA

De PLD, prensa y democracia

¿Conviene a quién?
Cuando ustedes lean este bulevar, el expresidente Leonel Fernández habrá pronunciado su discurso de anoche, que tendrá como centro sus esfuerzos por encontrar una salida elegante y de mínima legitímidad a la decisión del Comité Político del PLD de modificar la Constitución de la República con el único propósito de poder llevar a las elecciones de mayo a su mejor candidato.

En el PLD se dice mucho que en política “sólo se hace lo que conviene”. Lo que nadie le ha preguntado a este PLD en Plan Shakira, es: ¿Conviene a quién? ¿Al PLD o al País? Una de las características que presentan los partidos cuando no saben qué hacer con tantos éxitos es confundir sus deseos con la realidad, y creerse sus propias mentiras. Volveremos con el tema. Pero hoy, mejor hablamos de periodismo y democracia; al fin, la prensa es el puente popular por donde, transparentes, deben cruzar los intereses que, entrelazados o enfrentados, dan forma a este juego de mentiras verdaderas, a este cinismo memorable, a esta civilización posible que es la Democracia.

Hablar de prensa y democracia es una feliz redundancia, un gran estímulo para una y otra vez saltar sin red, nadar sin guardar la ropa, y “seguir al lado del camino”. Al fin, “nadie nos prometió un jardín de rosas, se trata del peligro de estar vivos”, que dice el Dr. Fitipaldo Páez.

McLuhan vence a Marx
Corren tiempos difíciles para el periodismo sin banderas, salvo la tricolor (y a veces). El privilegio de la soledad se va imponiendo entre muchos que marchan cada vez más solos “como los puertos al alba”, o un don Juan sin dama “en el pasillo de un tren de madrugada”.

Algo tendrá que ver esto con el hecho de que en las democracias occidentales ya no hay lucha de clases sino de medios (de comunicación). En Italia, el magnate de los medios y antiguo primer ministro, Berlusconi, llevó esa expresión hasta las últimas consecuencias de su práctica política, por lo que ella es desde entonces motivo de sesudas reflexiones de politólogos, periodistas y sociólogos de la vieja Europa.

Por deformación sociológica podríamos decir que Mr.

McLuhan ha vencido al viejo Marx. Ya las elecciones, como los juicios, se ganan en los medios de comunicación y no en las urnas o en unos tribunales que tan sólo sirven para confirmar y legalizar resultados, sentencias, percepciones que los medios, sus noticias, su agenda y sus encuesticas en plan OMSA, van creando.

Hoy, las elecciones congresuales o municipales, y también las presidenciales, se van perdiendo o ganando en nuestros grandes oráculos mediáticos. Al fin, ni los expedientes, las crónicas ni los “dossiers” bajan del cielo, ni son hongos inocentes que brotan espontáneamente de la tierra durante las lluvias de otoño.

Los titulares no caen del cielo
La objetividad periodística es una mentira bien redactada, una utopía; como algo que uno persigue siempre sin alcanzar, ay, (tus besos, por sufrir). Nada es casual, ni en el periodismo de hoy ni en la política de ahora. Los grandes titulares, los amplios reportajes, los comentarios televisivos, no son simples travesuras del niño Jesús.

Mientras la vieja dicotomía izquierda-derecha se diluye irremediablemente ante un sistema de partidos enamorado del centro, (la enfermedad del centrismo que trajo el fin de la guerra fría), vemos cómo las diferencias entre políticos, empresarios, partidos, remiten más a porcentajes empresariales, exenciones, contratos, comisiones y hasta al color del teñido de la amante (los conservadores las prefieren rubias), que a ese oxígeno ético y normativo que debería ser la ideología política. ¿Quién habla de socialismo democrático en el PRD? ¿Qué representa Adenauer para un reformista social cristiano? ¿Para qué sirve el boschismo en el PLD de hoy? Ya no hay lucha de clases sino de medios, de marcas.

Este no es ya el tiempo de Marx sino de McLuhan, y algo de Massimo Dutti o Hugo Boss, por supuesto.