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Puntos de vista 5 Marzo 2013
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El azar entre Bosch y Peña Gómez
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Tony Raful

La fatal división entre el profesor Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez en 1973, determinó a corto plazo el fracaso histórico del sector liberal de la sociedad dominicana. Ambos líderes representaban con claridad de objetivos y sentido de la lucha social, la posibilidad de concretar desde el poder político, las ideas, el contenido progresista y la tradición de lucha liberal iniciada por Duarte y refrendada por las reformas constitucionales avanzadas, que durante la segunda mitad del siglo 19 y gran parte del siglo veinte condensaron las confrontaciones entre el sector atrasado, despótico, dependiente y el sector avanzado, propugnador de reformas sustanciales, de vocación independiente y democrática. Sus partidos gobernarían sin ellos, después de su abrupta separación desdiciéndose social e históricamente, negándolos sin remilgos, aunque respetando parcialmente su recuerdo. 

Este hecho insólito provocado por las clases conservadoras y la injerencia desfachatada de lo que Bosch llamó “Pentagonismo” los alejó permanentemente. Chismes variados de lado y lado, intrigas que soliviantaron respuestas emocionales, gente interesada en promoverse internamente a costa de eliminar competencia temprano y la indudable capacidad maquiavélica del presidente Balaguer, quien azuzaba, interviniendo en una u otra dirección, de acuerdo a sus intereses continuistas.

 Sin embargo en 1990, estuvo a punto de subsanarse aquella desavenencia en una coyuntura electoral, que hubiese significado el reencuentro de principios y valores democráticos y liberales. Con el PRD dividido, en una de esas locuras históricas incentivadas desde el poder y espoleadas por las cortes adulatorias y oportunistas de la propia organización, José Francisco Peña Gómez manifestó al profesor Bosch su decisión de respaldarlo en la justa electoral, consciente de que Bosch representaba los ideales más consecuentes y el programa más avanzado. Jacobo Majluta, que encabezada la otra parte del PRD dividido, comunicó a la dirección del Partido de la Liberación Dominicana, la decisión de apoyar a Bosch, igual que Peña Gómez, sin condiciones. Peña Gómez, líder indiscutible del PRD, le habría asegurado por lo menos, entre 450 mil a 500 mil votos (como lo demostró la estadística electoral) y Majluta hubiese endosado entre 150 mil a 175 mil votos, con los cuales, habría sido imposible detener la victoria de Bosch y se hubiese inutilizado la proverbial capacidad fraudulenta del Estado. 

Un desbordamiento sin precedentes hubiese coronado en las urnas el ascenso de Bosch a la presidencia y la ejecución de sus lineamientos sociales. Nuestra admirada amiga, Natacha Sánchez, muy cercana a Bosch, ha revelado cómo se frustró una entrevista importante entre Bosch y Peña Gómez (el azar jugó una mala pasada a ambos), que aunque, ciertamente, como dice, mi querido y entrañable, Hugo Tolentino Dipp, no determinó la negativa de Bosch a aceptar el apoyo de Peña, pudo haber enrarecido el ambiente posterior para consumar la unidad electoral, debido a las múltiples manifestaciones del temperamento, la emocionalidad y los prejuicios que pueden expresarse en la personalidad de los hombres públicos.

 Recuerdo la reunión de una comisión de alto nivel del PLD con Majluta, en su residencia, donde se trató el apoyo de Majluta, quien había sostenido un pugnaz enfrentamiento con Bosch, y quien se adhirió de inmediato a apoyar a Bosch sin condiciones. La alegría de los dirigentes del PLD presentes se diluyó posteriormente, sin que hasta la fecha tengamos con claridad una respuesta convincente. Ellos fueron a hablar con Majluta con autorización de Bosch, integrada dicha comisión, entre otros, por los amigos, Miguel Cocco, Eduardo Selman y Franklin Almeyda Rancier. Aquella oportunidad desaprovechada, permitió unos cuestionables resultados electorales. Toda aquella maquinaria de sonsacamiento, terror y manipulación electoral salió airosa precariamente, y perdimos los dominicanos y las dominicanas, la oportunidad de librar la batalla definitiva por nuestra libertad e independencia, situación que se reiteraría en 1994. Volveremos sobre el tema. 

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