Listin Diario
31 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 2:29 PM
Puntos de vista 10 Febrero 2013
0 Comentarios
Tamaño texto
La lucha contra el narcotráfico
- III -
Compartir este artículo
Frank Mauricio Cabrera Rizek

Existen ocasiones en que la autoridad, teniendo conocimiento de operaciones de tráfico de armas o drogas, permite que se materialice para llegar lo más profundo que se pueda en la cadena de mando de estas estructuras delincuenciales, pero también debemos tomar en cuenta que dar de baja o apresar a los jefes de los cárteles afecta solo temporalmente la cadena productiva. Considerar una victoria este tipo de eventos es un indicador triunfalista de que se va ganando la guerra contra el narco; pensar esto es ceguera selectiva o constituye un desatino, pues existen decenas de ambiciosos lugartenientes dispuestos a reemplazar al capo muerto y así la llamada guerra se prolongaría, destruyendo el tejido social, la credibilidad de la institucionalidad democrática, las inversiones extranjeras y la seguridad ciudadana, dejando la puerta abierta para medidas autoritarias que quebrarían el orden constitucional democrático. El problema raíz de las drogas es la demanda, sumada a la motivación real del narco que es exclusivamente dinero, sexo y poder, lejos de la ideología y la religión.

Las drogas como contracultura: En 1974, Edward Kennedy declaraba: “Estamos luchando en una guerra de dos frentes, contra el comunismo y contra la heroína. Y estamos en peligro de perder ambas guerras”.

En los Estados Unidos, la oleada tan grande de heroína tuvo los siguientes efectos: De los barrios más miserables de los negros pasó a los barrios de la clase media y a los “campus” universitarios, en las escuelas de enseñanza superior. Después de las ciudades, llegó hasta el campo. A partir de 1969 se fue doblando anualmente el número de fallecimientos como consecuencia de la droga. En 1972, el Presidente Nixon se vio en la necesidad de declarar “la guerra total contra las drogas”. Hoy día, con la globalización de la economía mundial, las drogas se han convertido en una industria transnacional y los ingresos provenientes del narcotráfico se han convertido en una de las principales fuentes de acumulación de capital “legal” e “ilegal”. América del Sur sigue ejerciendo el monopolio mundial de la producción de cocaína, mientras que los traficantes colombianos han desarrollado la producción de materias primas (hojas de coca y pasta base); los peruanos, sobre todo los bolivianos, incrementaron la fabricación del producto acabado: clorhidrato de cocaína.

Brasil se ha convertido en un importante centro de distribución de la cocaína boliviana, sobre todo destinada a Europa y el Cercano Oriente.

Otros países como Chile, Argentina y Uruguay sirven de rutas alternativas del tráfico de las drogas producidas en los países andinos. El auge moderno de las drogas se circunscribió en torno a grandes guerras: Anfetaminas en la II Guerra Mundial y la heroína en la guerra de Vietnam.

La contracultura es un conjunto de manifestaciones que exteriorizan una rebelión contra las actividades ideológicas y artísticas dominantes.

El problema raíz es la contracultura de las drogas que desde los años sesenta está profundamente enraizada dentro de los Estados Unidos, donde tuvo su etapa más conflictiva con una expansión ligada a contraculturas donde reinaba la corriente hippie, filosofía oriental, drogas psicodélicas, entre otros. Desde entonces es el principal mercando de consumo de drogas ilícitas del mundo, como también en Europa Occidental, donde su consumo es considerado como experiencia intima superior, que desinhibe al subconsciente de sus represiones, rompe con los patrones culturales dominantes, como una forma legítima de rebeldía ante las normas sociales vigentes, que incrementa la toma de conciencia interior como una experiencia quasi-religiosa que fortalece la creatividad y la innovación, ligada a la liberación sexual. Las drogas como control mental masivo en la sociedad de consumo, generan nuevos patrones de conducta, dependencia y control de los adictos dependientes, convertidos en el moderno lumpen del siglo XXI. La contracultura de las drogas es hoy una cuestión de prestigio y estatus social, diseminados por la prensa sensacionalista, que ha permeado la conciencia de EE.UU. de tal forma, que es un problema real de su seguridad, que puede hacer implosión si, por ejemplo, cesara repentinamente el flujo de drogas hacia su territorio, pues se generaría una desestabilización social de consecuencias imprevisibles ante la demanda insatisfecha de drogas, eufemísticamente denominadas “de uso recreacional”.

Sean estas drogas estimulantes, alucinógenas, hipnóticas, opioides analgésicos o inhalantes.

Invertir en reducir la oferta de las drogas, el principio básico de la Doctrina de la Guerra contra las Drogas, sin reducir la demanda, causa que, por la ley de la oferta y la demanda, los precios suban, con mejores y mayores dividendos de los vendedores.

El incremento de los precios estimula a los productores y a nuevos actores a incrementar la producción. Se ataca el problema consecuencia que es más visible, pues se escabulle el problema raíz que es el consumo, y se transfiere el problema consecuencia de la oferta como externo.

 

COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Comentarios | No tiene cuenta? Cree su cuenta | Recuperar contraseña
Debe estár logueado para escribir comentarios
Usuario Contraseña