Copiar no es malo, si lo que se copia es bueno. Y, resulta incluso mejor cuando en la tarea de emular lo bueno, agregamos nuestros insumos y lo mejoramos, elevando aún más lo originalmente emulado.
Desde que en 1939 Franklin D. Roosevelt –durante su segundo de cuatro períodos presidenciales- logró que el Congreso norteamericano aprobara la creación de un archivo presidencial en su hacienda de Nueva York, el cual posteriormente fue complementado con la construcción de un museo y una biblioteca con donaciones de empresarios y allegados, todos los presidentes emprenden gestiones –desde la presidencia- para lo que ya constituye una tradición de expresidentes estadounidenses: La construcción de sus bibliotecas y fundaciones presidenciales.
En la actualidad existen 13, estando desde ya siendo concebida y diseñada la catorceava; esa será la de Barack Obama. Apenas inicia su segundo mandato, y ya empiezan las disputas territoriales entre Illinois y Hawai por su sede, al tiempo que se nutre y se da forma a la lista de donantes que la financiarán.
¿A qué se dedican estas fundaciones? ¿Con qué propósitos son concebidas? Se dedican a exponer, con abundantes detalles sustentados en textos e imágenes exclusivas, la historia, la visión y la obra presidencial del homónimo.
Son concebidas con el propósito de dar a cada presidente de la nación estadounidense su justo sitial en la historia de un pueblo, que por tradición, venera y exalta a sus grandes hombres.
¿Cómo se financian estas fundaciones? ¿Quiénes las financian? Una parte minúscula se financia con recursos que anualmente destina el Estado para esos fines, pero la mayor parte se hace con recursos donados por particulares y empresas, casi siempre las mismas que donan a sus campañas. En cuanto a quienes son los donantes, solo sabemos lo que los expresidentes nos quieran decir, puesto que existe una ley que protege la identidad de todo aquel que dona a las fundaciones presidenciales.
¿Pueden recibir donaciones aún siendo presidentes en funciones? Esto luce hasta paradójico, pero la respuesta es que sí. En un país donde la ley federal obliga a congresistas a tener que reportar cualquier obsequio que exceda el pírrico valor de 50 dólares, el presidente, sin embargo, puede abocarse a tareas de recaudación de fondos para lo que será su fundación presidencial.
¿Concita críticas eso de las fundaciones presidenciales? Por supuesto que sí. Sus principales detractores convergen en el criterio de que las fundaciones presidenciales reverencian y envanecen a los expresidentes, apañando sus desaciertos, acomodando sus debilidades, y exagerando sus logros y triunfos. Dicen que sirven más para alimentar egos, que para educar y difundir una obra presidencial.
En nuestro país no existe, ni remotamente, semejante tradición. Nuestros expresidentes se han dedicado a las más variadas actividades a su salida del poder, sin que ninguna haya sido destacable. Sin embargo, hace ya 1 2años, el doctor Leonel Fernández se planteó el reto de seguir sirviendo al país en su condición de expresidente y decidió emular lo que le parecía una iniciativa productiva, eso sí, con insumos propios de su visión. Nació FUNGLODE, pero con diferencias apreciables.
Resulta no fue creada para que difundiera y enalteciera su concluida obra de gobierno, como el modelo norteamericano; lejos de esto, la creó para que fuese un centro generador de ideas y promotora de debates de interés nacional, con objetivos puramente educativos.
Para evitar exclusiones de cualquier tipo, FUNGLODE se forjó con el más acendrado criterio de inclusividad, de pluralidad y de tolerancia, para así garantizar que las banderías políticas no tuvieran espacio en un centro diseñado para cultivar el saber. Prueba de esto es que en ocasiones, en su seno se debaten temas y se fijan posiciones institucionales contrarias a las de su creador, sin que esto genere ningún tipo de resquemor o retaliación hacia quien o quienes diverjan. Los ejemplos sobran y están al alcance de quienes le interese conocerlos.
Pero más aun, la prueba máxima de su vocación apolítica y tolerante, es que en ella se den cita y aprovechan sus variadas ofertas, muchos –no algunos, muchos- de los más enconados y acérrimos adversarios del doctor Leonel Fernández. Algunos de los que, incluso, se han apostado en los frentes de la institución a proferir todo tipo de improperios y acusaciones, aparecen en fotografías y en matrículas participando en algún taller o curso –hasta como docentes- o en alguna actividad cultural organizada por esa institución.
FUNGLODE, que ha sido construida con donaciones de empresarios y allegados a ese expresidente –tal cual se financian las fundaciones presidenciales en Estados Unidos- hace aportes invaluables a la sociedad dominicana, brindando opciones de formación profesional no disponibles en ningún otro centro del país, al igual que acceso gratuito a sus instalaciones, incluyendo la biblioteca Profesor Juan Bosch, la cual ha sido objeto de elogios por todo aquel que tiene la oportunidad de adentrarse en ella.
Hoy en día, sin embargo, observamos contemplativos como FUNGLODE se ve en el meollo de una tormenta de acusaciones espeluznantes, propiciadas por actores políticos que pretenden, a partir de estas, construir liderazgos con opción de poder. Cuanto se equivocan; parecen no conocer la lección más elemental de la historia político-electoral universal.
La verdad, como siempre, en contra de todo y de todos, resplandecerá, y aquí estaremos todos para observarla.
Pero esa fundación -única en su género en la República Dominicana- , aparte de confirmarnos aquello de que solo se tira piedras a árboles frondosos, nos muestra una triste realidad que caracteriza a algunos de nuestros compatriotas: ni perdonan el éxito ajeno, ni toleran que se copie lo bueno, incluso cuando uno de los nuestros, haya sido capaz de mejorar el modelo copiado.
El autor es economista y politólogo
Todo eso que acabo de leer en lo referente a obras de los expresidentes en USA es cierto, sinembargo lamento decirle que no puede ocurrir lo mismo en nuestro país ya que como usted sabra en USA un expresidente no puede regresar a nominarse a la presidencia, sinembargo su líder