Puntos de vista 27 Febrero 2013
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MUCHACHOS CON DON BOSCO
Gracias, Benedicto XVI
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Juan Linares, Sdb
jlinares@mdb.do

Mañana es el último día del Papa. El lunes, 11 de febrero, Benedicto XVI comunicó con mucha claridad que ha “llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.

De la misma manera ha afirmado que para gobernar la Iglesia y anunciar el Evangelio “es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”.

Su renuncia, que nos sorprendió a todos, es una decisión humilde, llena de fuerza y valentía. No es fácil aceptar que los años, las presiones, el cansancio y los problemas nos han rebasado. El Papa no quiere perder la lucidez para ejercer el magisterio que le corresponde.

Errores ha habido muchos, la Iglesia en la tierra está compuesta por personas débiles y pecadoras, pero hemos de saber que más allá, por arriba de nosotros, está el Espíritu de Dios, que es quien, en definitiva, vela por el mundo y por toda la humanidad.

Benedicto XVI renuncia porque ama a la Iglesia y porque se preocupa por ella.

Alguien ha dicho que Benedicto XVI es “El Mozart de la teología”, que es “el Tomás de Aquino de nuestros días”, que es “un poeta, un pastor y un pensador”, como su maestro San Agustín.

Benedicto XVI ha tenido ideas y palabras claras, y un programa bien definido para su pontificado. Se ha fundamentado en la fe, en la razón y en la belleza, como sus tres principales pilares.

Benedicto XVI sobresale por su inteligencia teológica, su certera visión de los problemas de la Iglesia y de la cultura, y su amplitud de horizontes. A eso hay que sumar su experiencia de largos años al servicio de la Iglesia y su honda vida espiritual. Benedicto XVI ha sido un intelectual, un pastor y un hombre sencillo, que ha llegado a ser el sucesor de Pedro en los controvertidos momentos actuales. Un “humilde trabajador de la viña del Señor”, como se definió él mismo al ser elegido Papa.

Ha contado siempre con una profunda espiritualidad que nace, también, del amor a la Escritura y a la liturgia. La razón, el corazón y la oración han constituido los tres ejes de coordenadas de su personalidad y su pensamiento. Al mismo tiempo se trata de alguien capaz de entender el momento presente, realidad compleja desde el punto de vista social, cultural e intelectual, a la vez que se ha conectado con esa misma verdad eterna, que para el cristianismo se ha encarnado en la persona de Jesucristo.

Dios, la Iglesia y el mundo actual serían los grandes temas de su pontificado. Tal vez por esto mismo, el Papa ha desarrollado, también, un papel activo en la escena internacional, y ha entrado, con su estilo señorial reservado, en los corazones de mucha gente.

A la vista de esa decisión que el Santo Padre toma en conciencia, allí donde cada hombre sincero es capaz de escuchar la suave voz de su Dios, sólo podemos repetir: ¡Gracias por todo, Benedicto XVI! Para comunicarse con el autor

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