“Dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante”. Lc. 6:38.
Es humano que cuando nos sentimos decaídos, no tenemos ánimo para dar aliento al que está deprimido; que cuando estamos pasando por una situación económica difícil, nos eximimos de dar al necesitado; que cuando estamos molestos, no nos sentimos en ánimo de regalar una sonrisa a quien tan amablemente nos ofrece algún servicio.
Queridos lectores, de muchos modos Dios nos ha dicho que no nos compadezcamos de nosotros mismos y ayudemos a los demás con amor y en amor. En el capítulo 58, Isaías nos muestra claramente la bendición de dar: “Ö y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”. Cuando das a otros, das al Señor, y su sentido de gratitud es infinito.