Puntos de vista 24 Febrero 2013
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El sueño que nos vendió el Internet
Ricardo Pérez Fernández
rperezfernandez@gmail.com

Su advenimiento y rápida masifi - cación, dentro del marco de una globalización que avanzaba inexpugnable, prometió un cambio radical en muchos aspectos fundamentales de nuestras vidas, pero en especial, en nuestra forma de comunicarnos, de informarnos, y de adquirir conocimientos. Su llegada vaticinaba una transformación cultural signifi - cativa, tanto así, que seguro marcaría un antes y un después en la historia de las civilizaciones. Y realmente ha sido así, pero tal vez sin prever algunas de las consecuencias que esto ha traído consigo .

El acceso a la información de manos del Internet, ha representado una verdadera revolución en forma y fondo .

En forma, porque ahora la información no se encuentra secuestrada en bibliotecas o en lugares de acceso exclusivo; tampoco es necesario procurarla físicamente --en su gran mayoría--, ahora se encuentra en el infi - nito piélago del Internet, al alcance de todos cuantos navegan en el gran océano digital .

Pero también ha habido cambios de fondo. Ya tampoco está monopolizada la generación de la información; ahora, una parte importante de los internautas no sólo la consume, sino que también la genera, independientemente de la calidad, fi abilidad o utilidad de dicha información. Prueba de esto es la cifra que nos ofrece uno de los fundadores de Google, Erick Schmidt: Desde la invención de los sistemas de escritura y números --hace más de 5mil años--, hasta el año 2003, toda la información generada por la humanidad se podía almacenar en 5mil millones de gygabites. Hoy día, se genera ese mismo volumen de información cada 2 días .

Sin embargo, tal como la globalización, existen indicios contundentes de que ambas han fallado en lo que se suponía sería su gran contribución a la humanidad: la atenuación de los ‘clivages’ que nos separan .

La globalización fue conceptualizada como aquella tendencia general a converger en una aldea global --gracias al Internet y al transporte aéreo masifi cado-- donde nuestras similitudes se antepondrían a nuestras diferencias, y donde se forjaría una cultura unifi cadora en una amalgama variopinta, que poco a poco nos llevaría a una identidad global. Nada de eso ha pasado. La globalización se ha registrado en los mercados de bienes y servicios y fi nancieros, pero aún no llega a la gente, salvo a los encumbrados de siempre. Y sólo hace falta verifi car los movimientos nacionalistas y etno-regionalistas que proliferan silvestremente por el mundo, para advertir que aquello de la identidad global también está un tanto lejos .

El Internet, se suponía, procrearía una nueva casta de ciudadanos globales, bien informados, más tolerantes que nunca --por aquello de que estarían expuestos a todas las corrientes de pensamiento-- y más inclinados al diálogo que sus predecesores. Y si bien es cierto que ha engendrado algunos, también ha dado paso, y en cantidades in crescendo, a lo contrario .

En un trabajo sin desperdicios, Eli Pariser --autor del libro The Filter Bubble-- nos explica que el Internet, desde el surgimiento de los buscadores, lo que ha hecho es encapsularnos en nuestras propias burbujas de información, donde sólo entra el contenido que sea afín a nuestras creencias, y reafi rmadora de nuestros principios y convicciones .

¿Y qué ha traído esto como consecuencia? Una radicalización de las opiniones; el abandono del centrismo necesario en aras del consenso; oportunidades de creación productiva desaprovechadas, puesto que los choques de ideas, de cultura y de disciplina - motores generadores de creatividadse evitan en lugar de buscarse, entre muchas otras .

Este fenómeno desatado por la avasalladora inquisición del Internet, se ha replicado en la televisión y en los medios de comunicación escritos. En Estados Unidos, por ejemplo, existen canales hechos a la medida de demócratas, cristianos y amantes del golf; otros tantos hechos a la medida de republicanos, judíos y fanáticos del automovilismo, y otros para los apolíticos, independientes y devotos de la cocina .

Pero en la prensa escrita es más frecuente y fragmentado aún, sobre todo en la digital, donde vemos “periódicos” y blogs reproducirse con fertilidad deslumbrante, alimentando posiciones exclusivas de un litoral o de otro. Como todo cuando se masifi ca, su calidad sufre, y eso es un sello distintivo que ha acompañado a muchos de estos nuevos “periódicos” digitales, los que sin ninguna ética periodística, sin depuración de fuentes o pruebas y faltando a la verdad, sirven propósitos partidarios, empresariales o simplemente a algún credo ideológico de manera visiblemente sesgada .

De continuar esta tendencia las avenencias serán más difíciles de conquistar y nuestras diferencias menos fáciles de superar, desaprovechando de esta manera un instrumento que nació con dos propósitos muy claros: conectar y unifi car. Tal vez haya sido un error en su concepción, o tal vez una apreciación equivocada sobre la conducta de los seres humanos, pero de lo que sí estamos seguro es de que hoy el Internet, en lo referente a sus propósitos originales, ha sido más sueño que realidad .

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