Puntos de vista 23 Febrero 2013
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La necesaria renovación partidaria
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Julio Aníbal Fernández Javier

Con insistencia se habla en nuestro medio político de la necesidad de que los partidos políticos en la República Dominicana no continúen con el doméstico hábito de eternizar los integrantes de sus órganos de dirección, y de perennizar el mismo equipo de dirigentes por décadas lo interno de las organizaciones, impidiéndo que la dinámica de la dialéctica opere los cambios propios de los procesos  políticos en las sociedades democráticas.

En tal virtud se aboga porque los congresos y las convenciones de renovación de dirigentes no sean meros actos formales donde no se promueve la libre competencia para postular por un cargo de dirección, sino donde se producen combinaciones de las oligarquías partidarias enquistadas en la cúpula de las organizaciones para aumentar el número de integrantes de los diferentes estamentos de dirección, produciendo así la atomización de los mismos y restándole dinamismo y eficacia en sus acciones políticas. Para la militancia política en una sociedad democrática es necesaria una cultura y vocación democrática de sus actores políticos,  donde el gusto por el estudio, por la investigación, por el análisis, la reflexión y la discusión de las ideas políticas constituyen una práctica cotidiana de su accionar y donde la expresión de la voluntad de los militantes sean la fuente de legitimación de los dirigentes y los  órganos de dirección, y no las combinaciones, ni el prolongamiento del tiempo en la instancia de dirección, aunque hayan cambiado de la realidad social y política que le dieron origen a las mismas.

Los partidos políticos principales de nuestro país que se debaten el favor del electorado nacional deben retomar y reincorporar en sus prácticas la tradición de someterse al escrutinio de sus bases como se hacían en tiempos de sus grandes líderes. Juan Bosch en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), y José Francisco Peña Gómez en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD),  la elección de sus principales órganos de dirección. Debe retomarse la tradición de celebración de congresos y convenciones de renovación dirigencial cada cuatro (4) años, casi siempre luego de un proceso electoral, que ha sido descontinuada en ambas organizaciones, en lo que pareciera ser  un déficit de democracia interna de los partidos políticos, en un momento histórico en que se supone que la Sociedad Dominicana ha alcanzado estadios superiores de desarrollo y participación política, que los existentes en las décadas en que esos grandes líderes ejercían a plenitud todo el peso y la gravitación política de sus liderazgos políticos. La República Dominicana ha superado de manera exitosa la desaparición de sus principales líderes políticos y electorales tales como: Juan Bosch, Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez, Salvador Jorge Blanco y Jacobo Majluta, así como la ausencia de grandes líderes de la Sociedad Civil como Rafael Herrera, Freddy Beras Goico, Yaqui Núñez del Risco, entre otros,  y el proceso democrático y de consolidación de las instituciones se ha ido afianzando, lo que indica que nuestra sociedad tiene la capacidad para continuar avanzando y producir el necesario relevo de los liderazgos políticos y sociales para la buena marcha de la democracia, a pesar de las desaparición física de sus grandes líderes. Pero para que esto se profundice se hace necesario la permanencia de la discusión de las ideas, los valores democráticos, el respeto a las reglas de juego, la permanencia de las organizaciones políticas como soporte del sistema democrático, el respeto por las leyes de la dialéctica que no es más que el  cambio permanente. 

Finalmente, se hace necesario que los principales responsables de las organizaciones políticas promuevan la necesaria renovación partidaria de sus principales órganos de dirección, y trasmitir a las jóvenes generaciones interesadas en la acción política sus experiencias y la sabiduría acumulada en sus largas y dilatadas carreras políticas, para que de esta manera se produzcan de manera automática los cambios y los ajustes necesario al interior de las organizaciones, que permita la incorporación a sus órganos de dirección de una nueva generación que con su energía, su frescura, sus modernos conocimientos, sus capacidades y su vocación de servicios puedan revitalizar la acción política y poner al servicio de la patria sus más sabios y nobles propósitos, como era el deseo del inspirador y fundador de nuestra patria, el inmortal Juan Pablo Duarte.

El autor es abogado y Máster en Ciencias Políticas 

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