Puntos de vista 21 Febrero 2013
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FUERA DE CÁMARA
España persigue espionaje político y las ‘escuchas’
César Medina
lobarnechea1@hotmail.com

Los medios de comunicación en España están dedicando cantidad de tiempo y espacio al espionaje político, las escuchas telefónicas ilegales y a los golpes bajos de un liderazgo social y empresarial mal entendido y de ejercicio muy cuestionable.

Una sola empresa de “investigación” está imputada de colocar en el mercado público más de 500 expedientes con grabaciones y escuchas telefónicas que incriminan a importantes figuras públicas en actos de corrupción de carácter administrativo, empresariales, morales y hasta familiares.

La morbosidad no está exenta de la curiosidad de la gente común por los detalles de algunas de esas grabaciones, en especial aquellas que entran en el ámbito de lo sentimental, lo sexual, lo íntimo...

Aunque no existe ninguna otra prueba adicional más allá de grabaciones que en algunos casos llevan años archivadas, con desnaturalización de voz e imagen, y hechas en contextos desactualizados. 

En España las grabaciones telefónicas sólo son aceptadas cuando se autorizan por sentencia de un juez. Su uso ilegal entraña prisión y altas penalizaciones económicas para resarcir el daño que eventualmente puedan provocar a terceros.

La colocación de cámaras y micrófonos ocultos tiene similar penalización, agravada cuando el caso implique violación de domicilio e invasión a la privacidad. Y casos como esos abundan en el dossier pesquisado ahora mismo por el ministerio público, que ha dispuesto arrestos y allanamientos de moradas en busca de pruebas.

Están presos los principales ejecutivos de la empresa de “investigación” imputada, que ofreció servicios a diversos grupos y figuras políticas de relieve... Hasta la Policía en algunos casos requirió sus servicios.

Juego de niños...
Los casos que han saltado al debate público en España pueden considerarse juegos de niños traviesos comparados con la “industria del espionaje” que se ha desarrollado en República Dominicana. En especial las intervenciones o “pinches” telefónicos que han provocado una paranoia colectiva.

En nuestro país esta situación ha llegado a tales niveles de aberración que muchos hacen alarde de estatus social, político o económico dependiendo del espionaje a que estén sometidos. Hay quienes usan varios teléfonos móviles tratando de escaparse de las grabaciones maliciosas.

Se ha determinado que algunos moteles de periferia para encuentros sexuales furtivos tienen cámaras ocultas que graban las ocurrencias en esos recintos para extorsionar a los visitantes dependiendo de su jerarquía económica, social o familiar. 

Estas ocurrencias han provocado escándalos y desvertebrado matrimonios que aparentemente se mantuvieron sólidos por muchos años, independientemente de que han alimentado el morbo de gente que vive pendiente de esas aberraciones. Se ha llegado incluso a desmantelar bandas que se dedicaban a ese tipo de canalladas, en algunos casos muy rentables para sus autores. Pero el mercado más lucrativo de esta “industria del espionaje” está en el sector político, especialmente a costa de funcionarios oficiales y líderes de los agrupamientos mayoritarios cuyos comportamientos, en muchos casos, los hace víctimas del chantaje y la extorsión.

Los tres grandes
De este drama no escapa nadie... En el país hay personajes muy conocidos que se han hecho multimillonarios a costa de un negocio ilegal e inmoral. Además, ejercen gran influencia política. Y hasta se creen grandes señores.

Porque las principales víctimas son los líderes de los tres partidos políticos mayoritarios, el PLD, PRD y el PRSC. 

En estos tiempos muchos dirigentes políticos, funcionarios, empresarios y gente que ejerce algún tipo de influencia social, se disputan la amistad de algunos de esos “empresarios” del espionaje, al parecer para evitar terminar siendo sus víctimas. 

En España las autoridades persiguen a los violadores de la intimidad personal. En nuestro país esos son grandes señores.

En sociedades desarrolladas son parias despreciables... Entre nosotros esa es gente de fina estampa.

Otros los persiguen... Nosotros aplaudimos su proeza.

¡Y hasta nos deprime el cretinismo de creernos Don Nadie si no tenemos el teléfono intervenido!

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