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UMBRAL
EEUU y China: ¿La nueva guerra fría?
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Manolo Pichardo

Luego de la caída del muro berlinés, occidente, bajo el liderazgo estadounidense, pensó en un largo reinado sin sobresaltos, con capitalismo del más puro y salvaje, marcando la vida de los seres humanos con un modelo a escala global que envolvería, desde lo económico hasta lo cultural y político.

La Tormenta del Desierto abrió un capítulo unipolar que desató la guerra no convencional que articularon los fundamentalistas musulmanes: el enemigo sin rostro ni territorio que logró lo que ningún otro pudo conseguir desde la fundación de los Estados Unidos: lastimar con contundencia su territorio, metiendo un demoledor puñetazo al World Trade Center, símbolo del poder económico, al Pentágono, centro del poder militar y amagando a la Casa Blanca, lugar donde se toman las decisiones políticas.

Desaparecido el bloque soviético y su amenaza comunista, el patriotismo y el nacionalismo caían en crisis; luego, el engendro de satán con el siniestro manejo del Estado iraquí, los levantó para que la bandera de las barras y las estrellas se izara de nuevo con orgullo, no solo en las oficinas públicas sino en las casas de casi todos los ciudadanos y ciudadanas, como ocurriría tras los tristes golpes que hicieron sangrar el orgullo y la dignidad de un pueblo que se construyó bajo el supuesto de ser inexpugnable.

Mataron al mito. Osama cayó abatido en una operación que levantó a un alicaído Obama. El enemigo necesario se esfumaba; otro, sin embargo, que desde hace años venía engulléndose sus mercados y sus empresas y que constituía una real amenaza para su economía, llegaba para unificar el sentimiento angloprotestante que comenzó a darle sentido de nación a las 13 colonias que sirvieron de base para levantar el gran Estado de la unión.

Ese enemigo es China, de ahí los constantes conflictos comerciales entre estos grandes, de ahí el supuesto estudio que revela el arsenal nuclear que esconde en túneles el gigante asiático. Es necesario detener el deterioro que la identidad nacional estadounidense piensa. La patria de Mao se pudiera convertir en el pretexto por excelencia en esta coyuntura de declive para encender la pasión que ha mantenido unido a un país que va cambiando su fisonomía por las presiones de una realidad que no parece tener control.

El largo período de la Guerra Fría mantuvo por tiempo prolongado el sentimiento patriótico de los estadounidenses, por ello, pensarán algunos, que para evitar el desgajamieto necesitan una guerra congelada, porque como expresó Marx en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte: “En alguna parte Hegel dijo, la historia se repite como si dijéramos dos veces, pero se le olvidó agregar, la primera como tragedia y la segunda como farsa”.

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