Algún día habrá que hacer un estudio sociológico que pueda explicar las razones del retorcimiento inaudito que se ha hecho de los acontecimientos del domingo en la Casa Nacional del PRD.
Hasta a los más indiferentes comunicadores les cuesta decir la verdad sobre esos hechos, una verdad que estuvo a la vista de todo el que quiso ver y que debería rebasar --en atención a la objetividadñ cualquier otro interés que pueda existir sobre ese conflicto fratricida.
La verdad que se niega admitir es que esa sede partidaria fue asaltada y saqueada por turbas enardecidas que abortaron a tiros una reunión de casi dos mil personas que se celebraba en su interior.
La otra verdad es que esa agresión inaudita fue estimulada y dirigida por uno de los bandos en pugna en ese partido, precisamente encabezado por una figura política a quien se debe asumir como ejemplo de cordura y sensatez por haber sido Presidente de la República.
Sin importar en este momento de cuál lado esté la razón en un conflicto que dirime la Justicia, la única verdad en todo esto es que ha habido un agresor y un agredido. Es ahí precisamente donde se ha perdido la objetividad de una parte importante de la comunicación social.
En el PRD lo que se libra es una lucha por el poder entre dos dirigentes desbordados por las pasiones y conducidos por instintos personales, falsos orgullos y prestancias políticas de tiempos idos.
Uno actuando con el poder de la ley; el otro, con el poder de la fuerza.
Y el domingo la razón dejó espacio libre a la violencia insensata e incivil... Eso es lo que no se quiere decir.
Libre acceso
El grupo agresor alega que se coartó el ingreso a unos 500 miembros del CEN, seguidores de Mejía, que intentaron participar en la reunión ese domingo.
Pero las imágenes de televisión son claras y las vio todo el mundo. Todo el que quiso ingresar ese día a la Casa Nacional lo hizo sin ningún obstáculo.
Incluso, cuando se iniciaron los disturbios la mayoría de los seguidores de Mejía que pertenecen al CEN ocupaban sus sillas y se habían registrado sin ningún contratiempo.
El asalto se inició cuando ya se habían acomodado más de 1,800 de los 2,300 miembros del organismo y el quórum rondaba el 80 por ciento.
A Mejía y a Bautista, ambos expulsados, y a Orlando y a Geanilda, suspendidos, no les impidieron la entrada porque ellos nunca intentaron entrar...Llegaron después que todo había terminado.
Los destrozos provocados en la sede perredeísta no han sido cuantificados aún, pero son muchos. Las reparaciones y el pago de sillas, mesas y carpas alquiladas saldrán del bolsillo de Vargas. Porque el PRD no tiene fondos... Además, las chequeras desaparecieron durante el saqueo.
A Dios rogando...
Hipólito Mejía ha querido cubrir su insensatez argumentando que pidió la mediación de la Iglesia en el conflicto perredeísta y que Miguel Vargas se negó.
No es cierto. Ni el cardenal López ni Agripino recibieron jamás una carta que él dice les envió días antes del asalto a la Casa Nacional.
Tampoco Vargas se negó a conversar con una comisión compuesta por los doctores José Joaquín Puello y César Mella que mediaría entre los dos líderes y la Iglesia. Habían establecido reunirse el lunes pasado. José Joaquín declaró ayer que esa mediación abortó desde el momento en que el señor Mejía descalificó a Vargas, utilizando epítetos degradantes, para reunirse con él. Previamente, en actitud hipócrita, declaró que había enviado una carta a la jerarquía de la Iglesia pidiéndole su mediación.
Como dice el viejo refrán: ¡A Dios rogando... y con el mazo dando!
Cuanta incapacidad, has cuando señor mío tendremos a estos personajes gravitando en la vida nacional.