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23 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 11:34 AM
Puntos de vista 31 Enero 2013
Comentarios 1 - último digitado en 31 Ene a las 10:49 AM
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De narrativa e imaginarios
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Ignacio Nova
ignnova1@yahoo.com

Los temas angustian a algunos escritores. “¿Sobre qué escribo?”, se preguntan. Cuestionan el tiempo: si transcurre “pa’lante o pa’tras”. Si cae de sopetón sobre el instante o si persiste estacionario. Su respuesta define ritmos y temporalidades.

Todo conflicto nace de unas relaciones competitivas, de poder. Un artista las escoge como tema, por ejemplo, para no tratarlas. Ejerce la libertad que consagran las democracias. Su derecho a pensar y a expresar. Pisa territorios exclusivos: sólo habitados por él. Permanece entre lúgubres luces o resplandecientes oscuridades. Lo deciden las opciones y las circunstancias. Llueva o solee.

Los temas importantes son impenitentes. ¡Waoo, y enérgicos! Roban sueño y tranquilidad. Se debe reconocerlos: su arribo acelerara el pulso óprimer llamado. La segunda impresión: verlos gravitar tibiamente en la memoria. Describirlos en la cercanía de lo conocido construye narrativas y poesía. La exactitud es trabajo de cirujanos; de poetas, no. Te pertenece lo que en ti es impulso interno. Fuerza desconocida. Convicción. Aunque la historia narrada sea un absurdo. Preguntad a Antonin Artaud.

Los temas pueden renunciar al recuerdo y al olvido. Orbitan, no medran, sobre las palabras. Si recordar sensaciones arruina la memoria, ¿rentabilizará el decir? Viven recuerdos en la piel, sin asco. Por eso pueden quemar o arder. Así el olvido estaría hecho de cenizas. Fuego manso los recuerdos son.

Personaje y autor pueden ver, saber y sentir lo imposible de expresar: puente hacia formas renovadas. Lo extraordinario es recordar lo no vivido, imprimir con la emoción, ser museo de la agilidad: allí no perece lo jamás ocurrido. Fascina lo por vivir. Especialmente a los lectores. Lo hacen su aventura. En escritores doctrinarios, no. La diferencia entre ambos: libertad e imaginación.

Un escritor pone bloques, sube y baja por la escritura, con ellos o desde ellos. Otros se meten en una cesta negra o gris. Ni ven ni escuchan. Las palabras valiosas inducen lo particular a una desconocida ambición de universalidad. Se escribe con los bloques que la historia y los conflictos aportan; aceptando el rol de “olvidante” y de memoria, sin protestar. Hasta alegre. Así la narración se construye con trozos de vida y argamasa. En su edificio ensartarnos la ilusión. Hasta la próxima tarea. Allá, en mundos con vidas por vivir, falsas esperanzas que desconcertar. Risas y retos. Pletórica alegría, sí. Fiesta. Las calles. La ciudadÖ

Es donde suena la vellonera: “Así no es”, declara a coro, con el “populacho” electoralmente valiosísimo en tiempos clientelares. Grita sus vallenatos, merengues y bachatas. Quien lo cree un fracaso se retira y llora. Sólo es un tema armonizando con la novela urbana. En ella no faltan velloneras ni colmadones, su díada sonante. Templo y religión, las canciones de cuerpos sin alma. Ante la melodía y los ritmos, invocan el dolor suyo y lo respiran. Enloquecen y ahogan culpas y virtudes. “¡Dale pa’lante, pa’lante, pa’lante!Ö” Sublime para unos; para otros, infernal.

Encontrar el aliento, ¿es difícil? Mi tema tiene una semana crucificado en el olvido de mí. ¿La disyuntiva es fábula o mentira? Si lo aceptamos como aporte literario shakespeariano, reformularíamos la dramática: “Fábulas o mentiras, ¡he ahí la cuestión!”, se diría. La imaginación es vehículo yendo tras bellezas inexistentes. Cansarse siguiéndola es morir. Entre las matrices de la seducción pernocta el poder de las palabras. Una basta para asesinar a la señora Libido. Ni la muerte mata tan muertas las cosas. La pobreza, ¡mire eso!, la incrementará. Qué insoportable el tiempo detenido. Bloques eternos de lo mismo. ¡Dios!

Novelas, guiones y protagonistas deben actualizarse. Y pasar rápido, ¡pasar! Adoremos dioses nuevos, dijo Tutankamon. Renovó vestuarios y templos. Los honestos de Diógenes no fueron encontrados, brillaba el sol. Así sustituye el celular al teléfono y narramos desde cualquier automóvil. Pregunta: ¿en el arte existe realidad? Saberlo aclara huertos y flores. En vida, jamás olieron igual. El que duda y sospecha es dudoso y sospechoso. Interroga el chivato. Así conviven mensajeros y centinelas, guarecidos bajo la vigilancia mutua, la manipulación. Pregunte al preguntón. ¡Vaya usted a saber quién distribuye gestos y diálogos! Pero no quite el don ni lo envidie: es fatal. Así que dejad que anden juntos, casi novios, los enemigos abrazados. ¡Lindos! No llueve ni anochece, sólo cae un sol líquido y boquiabierto. Se deshace en densas sombras y calor a goterones. Camina entre los árboles. Teme en los demás el resultado de sus propios actos. Es la emancipación de la oscuridad.

El escritor ama las historias. Para verlas en diferentes circunstancias, pregunta: ¿cómo son en circunstancias diferentes pero iguales? ¡Y arranca la construcción de la deconstrucción! Así que abre la piel negra y, si le gusta, sorbe el olor de la recién llegada de Haití. Está dibujado en el mapa: el territorio de los desesperanzados es su esperanza. Camina a través de él riendo, viviendo. Un resultado tragicómico y humanamente triste de la relatividad. Todo en tránsito, cambiando. Primero para peor. Después, para después. La historia se burla de las heroicidades. No fue igual con “Yelidá”. Perdimos la vista en sus ojos azules, sus mares infinitos atrapados en algún collar. Ahora una tierra agreste y seca nos recorre. Dolida, apenada, cansada. Es una fotografía. Planimetrías ocres en el lomo de los ríos; densas decepciones: morir ahogados en el mar, nutriéndolo. Es que pop y narrativa perfilan personajes complejos: al buen delincuente, al maldito bondadoso, al “bendito” testaferro, a la puta de Dios. Se migra, desde el siglo XIX, entre los clones contrarios del idéntico. Es la lógica de Moliere: distanciado de la compunción y las coristas. Flash y vemos a cada orante: angelicales bajo la luz escasa de las capillas. Temor a rabos, cuernos y tridentes. Amor a la gula y a la vanidad. Puro sarcasmo fotográfico, del estatismo, está claro. No lo acepta el cine, menos el de finales felices. Tampoco el de ciencia ficción. A ella habría llegado García Márquez de no haber pernoctado en Macondo. En su “Del amor y otros demonios” Sierva María es mordida por un perro rabioso. Ella calla y su padre y su madre jamás se enteran. Muere y es enterrada. Su pelo obstinado con la redondez de sus bucles sigue creciendo durante los años transcurridos entre su vida, su muerte y su memoria. Cien años después sólo es pelo y recuerdo de la rabia; la cuarentena; la búsqueda de sanación; los templos, las criptas; las plantaciones; sólo un olor rancio a amores devastadosÖ Cuando la exhuman, su pelo forma un río. Tan largo que ronda al planeta y a Colombia. Memoria y narración se enredaron en él. Hizo falta un peine, una peinadora y un salón. ¿Volvemos a enterrar el cuerpo? Okay. Mientras, qué agitadas quedan las aguas. Muchos llegaron a temer la inundación.

COMENTARIOS 1
Comentó: LosReyes
De: República Dominicana
Sí puede escribir tan bien sobre otros temas por qué lo hace sobre política defendiendo lo indefendible, creando confución en el pueblo que en vez de educarlo lo hace más ignorante.¿Por que tratar de meterle al pueblo que se dé un presidente semi analfabeto sin ninguna condición para gobernar como ya lo demostró una vez? Necesita un tiempo para reflexionar.
31 Ene 2013 10:49 AM
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