Si yo me diera cuenta de que me lastimo cuando lastimo a los demás, buscaría no lastimar a los otros, porque cuando se lastima a otros, el primer lastimado es uno mismo; cuando usted actúa violentamente contra otro, su violencia hace daño al otro, pero usted también se lastima, se lastima su propio sentimiento cuando se llena de ira; cuando usted lastima a otros con la mano, su propia mano es lastimada; cuando usted hace daño a otro robándole lo de él, usted mismo se hace daño, lastima al otro y usted mismo se hace daño, y no solamente usted, lo que es suyo: su familia se hace daño. Si nosotros comprendiéramos que al lastimar a otros somos los primeros lastimados, sin lugar a dudas buscaríamos no lastimar a los demás, porque todo daño a otro, hace daño a quien hace el daño. Hay una violencia que es roja, porque derrama sangre de alguna manera en el otro y en uno mismo.
Repetimos, si yo comprendiera, si yo cayera en la cuenta de que cuando lastimo a otro, yo soy el primer lastimado, yo dejaría de lastimar a tantas personas, no importando su condición social, económica o racial.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.