LLEVARÁ TIEMPO.- Si el problema del PRD lo ocasiona el ex presidente Leonel Fernández, como lo acusa uno de los bandos, la solución del actual “impasse” no se logrará por ahora. A Fernández, como es lógico entender, no lo pueden suspender ni expulsar de por vida, como se hizo con Orlando Jorge, Geanilda Vásquez e Hipólito Mejía, ni tampoco asaltar la Casa Presidencial de la zona universitaria o la Casa Nacional del PLD de la avenida Independencia. Incluso, el ex mandatario sale ganando, pues su vigencia está asegurada en las voces airadas de los seguidores de Mejía, quienes dicen enfrentar sus designios favoreciéndolos en la práctica. Dicen que quiere dividir al partido blanco, y todas sus convocatorias, amenazas y desórdenes van en esa dirección: No vivir bajo un mismo techo, ni compartir iguales fervores. La situación no es nueva, hay que reconocer, y nadie sabe para qué se tomó el local de la Jiménez Moya, puesto que los jefes del PRD nunca despachan en sus oficinas. Nadie lo advirtió ni lo corrigió, pero ese hecho sigue afectando la institucionalidad de ese colectivo...
OFICINAS POR DOQUIER.- Juan Bosch despachaba sus asuntos políticos y del partido en un apartamento contiguo al que ocupaba como residencia en la César Nicolás Penson. José Francisco Peña Gómez desde el local de la Internacional Socialista, que tuvo en vida varias sedes. Jacobo Majluta desde una casona en la Independencia, después en su casa en Arroyo Hondo, y celebraba reuniones en una oficina técnica en Naco. Ahora ocurre otro tanto. Hipólito Mejía, aunque es un político que gusta más visitar que recibir, tiene dos centros principales. Su retiro campestre en Canastica, San Cristóbal, cuando es en La Loma, y el Instituto José Francisco Peña Gómez de la Bolívar, si es en El Llano. Miguel Vargas tuvo un “bunker” en la Núñez de Cáceres, y ahora dirige sus asuntos desde la oficina particular del edificio ILSA, en la Winston Churchill, o de la política, situada en el Sonora de la Abraham Lincoln. La Casa Nacional, por tanto, no es el símbolo que ahora se disputa en batalla campal. Los perredeístas de las bases están acostumbrados a vivir a la intemperie...
ÁNIMOS DE PERRO.- Los perredeístas van y vienen de la corte porque no encuentran amparo entre ellos mismos. No hay una figura que equidistante de los grupos pueda mediar en sus conflictos o arbitrar en sus procesos. Todos andan uniformados o con ropa de faena. Nada más hay que oír cómo se expresan de Miguel Vargas los compañeros que dirigieron los trabajos de la convención en que salió ganador Hipólito Mejía. Ni los compañeritos de las bases se pronuncian con un lenguaje tan violento y lleno de agravios. Igual puede decirse de los miembros del núcleo que buscó el entendimiento. Al zafarse los seguros el pasado domingo, todos se olvidaron de su antigua compostura y las bocas fueron más letales que las pistolas. Se oyó clarito cuando frente a las cámaras, uno de esos notables dijo: “Ese mojón”, refiriéndose al presidente del partido. ¿Y los Ni Ni, por dónde andarán? Es decir, que en el interior del PRD no hay instancia ni personalidad en condiciones de favorecer un arreglo. Es más fácil celebrar un juego de pelota en el Quisqueya sin ampaya, que una convención en el PRD...
EL CAMINO MALO.- Eddy Olivares, hablando más como perredeísta que como miembro de la Junta Central Electoral, planteó la conveniencia de que ese organismo diera una mano al partido blanco e hiciera de árbitro. Olivares se da cuenta de lo que voy diciendo, de que internamente no hay mecanismo, ni estamento, y menos persona en capacidad de corregir el rumbo. Roberto Rosario respondió rápido para decir que no, y no hizo falta que lo hiciera, puesto que desde el mismo PRD se levantaron voces para acusar al órgano de ser parte de una trama inmensa y diabólica para hacer desaparecer esa organización. Pero como quiera. No debe olvidarse que uno de los bandos en conflicto se considera víctima de la JCE y todavía no acepta los resultados de las pasadas elecciones, haciendo su denuncia en foros internacionales. Podría pensarse que le han dado con las puertas en las narices a la Junta Central Electoral, pero la verdad que dichas puertas estaban cerradas con doble cerrojo de lado y lado. No hay solución por fuera...
Con tantas ofensas de por medio lo mejor es dividir el pleito en partes iguales.