NO LO SON.- Los perredeístas tienen
que corregirse la falsa creencia de que ellos son el pueblo, o de que lo que más
se parece al pueblo dominicano es el PRD. Talvez sean los consentidos, porque
se les pasa por alto sus travesuras, pero nunca los iguales. El pueblo dominicano
era el que estaba el pasado domingo en sus casas, siguiendo por la televisión y
la radio los incidentes de la Casa Nacional. Si algo bueno hubo en lo sucedido,
es que todo el mundo vio y a nadie hubo que contarle. CDN y SIN hicieron de sus
transmisiones un gran escenario y sobrepasaron en detalles a sus pares del
exterior. Ni CNN en La Tormenta del Desierto superó la cobertura y fidelidad de
las cadenas dominicanas.
Conocidos los hechos y sus protagonistas,
si se les preguntara a los dominicanos si se reconocen en los asaltantes o en
los congregados en el local, dirían de forma mayoritaria que no. Entonces, si
se agravian entre sí, no tienen por qué hacer otro tanto con el pueblo dominicano,
que ve a distancia y juzga y en su momento dará su veredicto. Que nunca será de
violencia…
ESTABA DESDE ANTES.- El ex presidente Hipólito Mejía, al explicar la
razón de su presencia en la Casa Nacional después de que fuera asaltada por sus
fuerzas de choque, salió con la ingenuidad del día: fue a decir que ahí estaba Peña
Gómez. La verdad que Peña Gómez estaba ahí antes de él decirlo, o llegar, y lo estaba
en los seguidores de Miguel Vargas y en los del propio Mejía. ¿O es que acaso
ya se olvidó que el fenecido líder perredeísta escenificó sucesos parecidos?
Los perredeístas y el país recuerdan los incidentes del Concorde, que muchos ahora
sacan a colación, y Peña Gómez fue entonces el detective de la película, pues
encabezó la partida de indios que persiguió la caballería. ¿Que Vargas mantenía
con cadena la Casa Nacional, o que impedía la entrada de sus oponentes con una
guardia pretoriana bajo las órdenes de un comandante constitucionalista? Lo mismo
de Peña Gómez y los escopetuses cuando el local de la avenida Bolívar. Nada nuevo bajo el sol de los compañeros,
que nunca se arrepienten sus gestas y creen enaltecer sus manes repitiéndolas…
PERO
SI NO QUIERE.- Dice Hipólito Mejía que la solución es un diálogo con la mediación
de la Iglesia y que lo demás es pura teoría. Pudo haber dicho cuento, pero dijo
teoría, y ya se sabe lo que significa esa palabra en la boca de un hombre tan
práctico. Lo del domingo pudo haber sido una forma de presionar o forzar ese diálogo.
Se dice de viejo que hablando se
entiende la gente, y la verdad es que los perredeístas no han querido hablar,
aunque digan lo contrario, pues cada cual quiere hacerlo, o en su territorio, o
con sus condiciones, y siempre buscando ganancias de causa.
Y eso que el PRD es el partido con más
instancias de diálogo y concertación. Pero ellos solos no pueden. Son como las
niñas que un adulto debe acompañar al baño. Incluso, hay que decir lo
siguiente. Para hablar se necesitan dos, y Eduardo Jorge Prats dice que Miguel
Vargas no está en diálogo, y Jorge Prats es como si hablara el propio Vargas.
Entonces, abocarse a una conversación, que en el fondo será negociación, con
uno refunfuñando, no es la mejor situación…
SOTANAS Y HOMBRES.- Hipólito Mejía
dice que envió una carta a la Iglesia, pero ningún obispo la ha recibido.
Aunque la otra versión es que la
misiva sería a dos firmas: la suya y la de Miguel Vargas, y que este se niega a
poner su rúbrica. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que el
presidente del PRD no quiere hacer compromiso, y las razones serían muchas,
pero sobre todo que tendría cosas que perder. En tanto que para Mejía todo sería
ganancia. Los obispos estarían en ánimo, y por lo menos uno expresó su disposición.
Aunque falta ver si están en condiciones de repetir el milagro de la
multiplicación de los panes y los peces. Pues como están las cosas en el partido
blanco o entre los perredeístas, la invocación divina no sería suficiente.
Deberían tener de entrada dos PRD, y dos presidencias del partido, e incluso
dos candidaturas a la Presidencia de la República.
La paciencia de monseñor Agripino Núñez
es proverbial, de tanto andar en estas fiestas, baila cualquier ritmo. Hasta el
Deambow. Ahora, difícilmente Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez aguante
sus majaderías.
Que recuerden los perredeístas que
fue a un perredeísta que este insigne dignatario de la Iglesia le dijo que
debajo de la sotana había un hombre…