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El azar en el parque Independencia 
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Tony Raful

El 16 de enero de 1962, el entonces presidente Joaquín Balaguer, hizo una llamada telefónica al secretario de las Fuerzas Armadas, general Pedro Rafael Rodríguez Echavarría, quejándose de la agitación que había en el parque Independencia, donde, desde el local del comité del distrito de la Unión Cívica Nacional, situado frente a la plaza, a través de altoparlantes, se lanzaban consignas que pedían la inmediata renuncia del presidente Balaguer. La Unión Cívica alegaba que el presidente Balaguer se había comprometido a renunciar efectivamente a la presidencia de la República inmediatamente se produjera el levantamiento de las sanciones diplomáticas y comerciales impuestas por la Organización de Estados Americanos al país, como consecuencia de la participación del dictador Trujillo en el intento de asesinato del presidente de Venezuela Rómulo Betancourt. Las sanciones de la OEA habían sido levantadas. 

El compromiso de Balaguer suponía transferir la presidencia al vicepresidente del Consejo de Estado, Rafael Bonelly, organismo creado por el propio Balaguer como salida a la crisis política como consecuencia de la salida de los Trujillo el 19 de noviembre de 1961, impulsada por el movimiento militar democrático encabezado por el general Rodríguez Echavarría. El apego de Balaguer al poder y su renuencia a cumplir con su palabra, sirvió de estímulo a la convocatoria de masas frente al local de los cívicos. El presidente Balaguer le pidió al general Echavarría que le pusiera fin a esa agitación que no lo dejaba trabajar, ya que el ruido y los discursos amplificados por las bocinas, llegaban hasta su propio despacho (lo cual sugería que el presidente Balaguer laboraba con las ventanas de su despacho, abiertas). 

El general Rodríguez Echavarría, consciente de que esa orden impartida por Balaguer, debía cumplirla la Policía Nacional, ya que esas no eran funciones de las Fuerzas Armadas, llamó por teléfono de inmediato al coronel de la Policía, Julio Arzeno Colón (Tuto). Arzeno se negó a cumplir la orden alegando falta de recursos y tropas adecuadas. La insólita negativa de Tuto Arzeno Colón, provocó una respuesta emocional del secretario de las Fuerzas Armadas, quien envió al teniente coronel, Manuel A. Cuervo Gómez, con una hilera de tanques y dos pelotones militares, hacia el Palacio de la Policía a apresar a Tuto Arzeno Colón por negarse a acatar sus disposiciones. Cuervo Gómez no lo encontró, por lo cual, Rodríguez Echavarría, decidió ordenar a Cuervo dirigirse al parque Independencia a quitarle las bocinas al local de los cívicos, para que el presidente Balaguer pudiera trabajar con sosiego. 

La multitud reunida no se dispersó con la llegada de los tanques, sino que los rodeó exclamando libertad y pidiendo la renuncia de Balaguer. Cuervo Gómez mandó a buscar una escalera a los Bomberos, próximo al parque, para que los militares quitaran las bocinas que estaban colocadas en los flancos del local, en una segunda planta. Cuando los militares procedían a desmantelar las bocinas, alguien movió la escalera con la finalidad de sabotear la acción militar, cayendo uno de los militares al suelo. Es el momento de los primeros disparos. Una matanza horrible, muertos y heridos.

Quién le hubiese dicho al presidente Balaguer, que aquella orden dada de silenciar las bocinas de agitación de la Unión Cívica, iba a desencadenar, primero la matanza, después un autogolpe de Estado, creación de una Junta Cívico Militar, juramentada por el propio Balaguer, el asilamiento de Balaguer en la Nunciatura Apostólica y su posterior expulsión del país, tanto de él como del general Rodríguez Echavarría, el contragolpe militar encabezado por el héroe nacional, coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, que repuso la libertades democráticas. En 48 horas, la historia dominicana sufrió un vuelco impredecible, aleatorio, imposible de suponer ni de premeditar, un verdadero ejemplo del azar como categoría histórica. 

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