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UMBRAL
El arte de Pedro José Gris
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Manolo Pichardo

La casa de Pedro José Gris es una galería de arte pictórico; cuando llegas a su interior se hace inevitable recorrerla visualmente ante el impacto de las pinturas que cuelgan de las paredes, como para dar la sensación de contraste entre el mundo exterior y el que se crea a partir de éste, de sus desechos, de lo que aparenta inservible y se torna irreverente para el común de la gente, para el que ve al mundo en blanco y negro o en colores primarios.

Él es el responsable de aquel derroche creativo. Del derroche que va más allá del decorado del inmueble, pues sus manos cultivadas en el ejercicio de los trazos filosóficos y poéticos de la mocedad  que también le llevó a los versos como veremos más adelante, se hicieron cargo de retratar  imágenes metafóricas creadas a partir de técnicas nada sofisticadas, extrañas y efectivas.

La presencia en aquella galería se torna amena, no por las ricas conversaciones que se establecen con el autor, sino por el diálogo que surge entre el visitante y los materiales reciclados que, con vida propia y palpitando, exhiben la fuerza de un arte desafiante, que a veces parece gritarle a una sociedad sorda y ciega: atrapada en valores añejos, en aquellos valores que se esconden en la hipocresía.

El arco iris de imágenes, por momentos, sobre todo cuando de golpe te apropias de ellas juntas, sueltan ese murmullo que envuelve la belleza y el mensaje en un discurso armónico que no es más que la desnudez de un pensamiento, la desnudez de un punto de mira, la desnudez de un carácter, de una estructura mental: todas dejan al descubierto el interior de Pedro.

¿Cuándo está terminada la obra? Se pregunta el amigo Pedro tras explicar la técnica que usa para sus creaciones, tras explicar todo el proceso creativo. En forma poética responde: “Cuando siento que las imágenes están pensando”.

Por eso hablan, porque piensan. Por eso el discurso fluye sin pretensiones de denuncia, sino como exposición de las interioridades de nuestra sociedad de hoy. Entonces surge el diálogo sin presencia sonora: unos ojos que preguntan, una imagen que responde, como dije, desde la interioridad de un autor con alas, libre, sin prejuicios, sin moldes ni modelos cerrados.

En cada trazo hay un verso, por ello se descubre que cada pintura exhibe un poeta. Pudiera decir “se esconde un poeta”, pero no está escondido, se mira a flor de piel. Cuando descubrí su arte pictórico, no sabía que un bate se anidaba en él, pero si noté poesía en los toques del pincel. Luego, tras saberlo creador de versos y conocer su obra poética, entendí mejor el mensaje de sus imágenes.

No he visto su pintura de adolescente, pero conozco los poemas que escribió para sus años mozos, y conozco también los más maduros que, por ser filosóficos ¿o metafísicos?, no dejan de estar construidos sobre imágenes y metáforas de calidad contrario a lo ocurrido con Campoamor.

En su poesía están los temas de su pintura; en su pintura traslucen los mensajes existenciales que marcan sus poemas, de lo que se desprende, como suele ocurrir normalmente, que en su obra pictórica y poética, Pedro Gris, describe su mundo interior, dibuja la visión que tiene sobre el hombre y su entorno, sobre la vida y sobre la misma muerte con su talante de sombras y de miedos.

 

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